Una agenda internacional para la democracia y la participación ciudadana

 

Alejandra Ortega Fuentes

Secretaría de Internacional y Cooperación CCOO

Responsable para Países Árabes, África y Asia / Consejera técnica CCOO para OIT

 

Las organizaciones sindicales españolas durante la Conferencia Nacional Tripartita, El Futuro del Trabajo que queremos recordaban que[1], “la iniciativa del centenario relativa al futuro del trabajo fue propuesta por el Director General de la OIT en la Memoria presentada a la 102ª reunión (2013) de la Conferencia Internacional del Trabajo con el título Ante el centenario de la OIT: realidades, renovación y compromiso compartido. Posteriormente, con una propuesta mucho más elaborada y con un plan de aplicación en tres fases, hasta la Conferencia Internacional del Trabajo (CIT) del año 2019, la iniciativa relativa al futuro del trabajo formó parte de la Memoria del Director General en la 104ª CIT (2015)”.

Con esta iniciativa, la OIT reconoce la necesidad de reflexionar en profundidad sobre los cambios que están transformando el mundo del trabajo para poder dotarse de los instrumentos necesarios para cumplir su mandato, de garantizar la justicia social, la paz permanente y luchar contra la necesidad en su segundo siglo de existencia, tal y como así se expresa en el Informe que desarrolla esta iniciativa.

Las organizaciones sindicales además de compartir la oportunidad y conveniencia de esta iniciativa para el Centenario de la OIT, se comprometieron además a contribuir activamente al debate sobre el futuro del trabajo y al desarrollo eficaz de esta iniciativa del Centenario, en especial en estos tiempos de inseguridad e incertidumbre económica, política y social, en los que continúan aumentando las desigualdades, la pobreza, el desempleo, la precariedad laboral, el deterioro de las condiciones de trabajo y la sustracción de los derechos fundamentales de los trabajadores[2].

Mientras el trabajo y su dignidad han ido perdiendo centralidad en el espacio político y económico. Así ha descrito la situación el Director General de la OIT en sucesivas años en sus memorias ante la Conferencia Internacional del Trabajo: mayor desigualdad social, desempleo y subempleo masivos, aumento de la informalidad, menor participación ciudadana, deterioro de la democracia y una mala gobernanza del trabajo.

Probablemente, el principal desafío al que se enfrenta este debate sea además el del papel que ha de tener la OIT ante la intromisión de otros organismos internacionales de carácter financiero y económico en la gobernanza social. Todo ello en contextos donde la desigualdad y la democracia conviven sin la participación ciudadana. Se extiende además la idea de que las normas internacionales del trabajo suponen un obstáculo al empleo y al crecimiento económico[3].

En este marco hay que recordar que en enero de 2016 entraron en vigor los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de Naciones Unidas. La adopción, el 25 de septiembre de 2015[4], del documento de la Cumbre de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sostenible «Transformar nuestro mundo: la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible» ofrece a todo el sistema de las Naciones Unidas y a la OIT en particular una excelente oportunidad de apoyar a los Estados Miembro en su empeño por alcanzar unos ambiciosos Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) que reflejan un consenso amplio en torno a una amplia gama de prioridades urgentes e interrelacionadas[5].

Ya en diciembre de 2015 la Oficina de Actividades para los Trabajadores (ACTRAV) de la OIT puso su foco de atención en el desarrollo e implementación de los ODS. ACTRAV, cuyo mandato es el fortalecimiento de los sindicatos independientes y democráticos en todos los países, es el principal vínculo entre la Oficina Internacional del Trabajo y los trabajadores y trabajadoras y coordina el conjunto de actividades de la OIT que conciernen a las organizaciones sindicales, tanto en la sede en Ginebra como en el terreno[6].

Entonces las organizaciones sindicales señalaban que “era muy importante que en la Agenda 2030 se hubiera reconocido que los Gobiernos por sí solos no eran capaces de llevar a la práctica un programa tan ambicioso y que todos los actores de la sociedad, a todos los niveles – mundial, regional, nacional y local y local–, deberían contribuir a este objetivo”.

Así recordaban que era “fundamental que los sindicatos participen en la aplicación de la Agenda 2030. Es también esencial que se comiencen a diseñar estrategias sobre la forma de conceder a los sindicatos la voz y la influencia necesarias para llevar la Agenda 2030 a la práctica, y que se asegure que la ambición plasmada en los objetivos y metas se materialice en todos los niveles (mundial, regional y específicamente a nivel nacional)”.

La OIT estima que más de 600 millones de nuevos empleos deberán ser creados de aquí a 2030. Ese número permitiría únicamente seguir el ritmo de crecimiento de la población mundial en edad de trabajar y representa alrededor de 40 millones de empleos al año. La agencia tripartita observa también que se necesita mejorar las condiciones de 780 millones de hombres y mujeres que trabajan pero que no ganan lo suficiente para superar el umbral de la pobreza de 2 dólares al día[7].

Así para la OIT y para las organizaciones sindicales como mandantes tripartitos de la misma se revela como fundamental la importancia del trabajo decente para realizar el desarrollo sostenible como está puesto de manifiesto en el Objetivo 8 (de entre los 17 objetivos que se recogen) cuya finalidad es “promover el crecimiento económico sostenido, inclusivo y sostenible, el empleo pleno y productivo y el trabajo decente para todos”.

Aunque muchos de los ODS hacen referencia de algún modo al mandato de la OIT y a los cuatro pilares del Programa de Trabajo Decente[8], el análisis de la concreción del Objetivo 8 enlaza lógicamente con gran parte de los proyectos y objetivos desarrollados por la agencia. Así la OIT tiene un mandato para centrarse en la implementación del objetivo 8 de los ODS y hay otros elementos del Programa de Trabajo Decente que están contemplados en otros objetivos.

Dedicado al Trabajo Decente, este objetivo señala la necesidad de “Promover el crecimiento económico sostenido, inclusivo y sostenible, el empleo pleno y productivo y el trabajo decente para todos”. Este objetivo supone las siguientes obligaciones: “Adoptar medidas inmediatas y eficaces para erradicar el trabajo forzoso, poner fin a las formas modernas de esclavitud y la trata de seres humanos y asegurar la prohibición y eliminación de las peores formas de trabajo infantil, incluidos el reclutamiento y la utilización de niños soldados, y, a más tardar en 2025, poner fin al trabajo infantil en todas sus formas”.

En este sentido la OIT nos ha recordado a todos los mandantes, gobiernos, organizaciones empresariales y sindicales que convertir el trabajo decente en una prioridad es fundamental y en su valoración la adopción de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible “constituye una declaración política histórica de los líderes mundiales acerca de un amplio conjunto de 17 objetivos y metas universales y transformativos de gran alcance y centrados en las personas”. La Agenda 2030 de la ONU señala que en el trabajo del futuro “nadie puede quedarse atrás”. Para lograr todos estos objetivos, conviene recordar como ya se dijo en la Conferencia Nacional Tripartita celebrada en marzo de 2017 la necesidad de reforzar las normas internacionales del trabajo como un elemento que no se puede soslayar en esta lucha.

Así y aunque parezca una obviedad para desarrollar los Objetivos de Desarrollo Sostenible, y en especial el Objetivo 8 relativo al Trabajo Decente, aprobados por la comunidad internacional en septiembre de 2015, se requiere de una participación transparente y una verdadera inclusión y participación de la ciudadanía que han de formar parte de manera contundente en el futuro del trabajo que queremos.

[1]Aportaciones de las organizaciones sindicales españolas a la Conferencia Nacional Tripartita, El Futuro del Trabajo que queremos, que se celebró en el Palacio de Zurbano de Madrid el 28 de marzo de 2017. Las actas y aportaciones de esta Conferencia fueron editadas por el Ministerio de Empleo y Seguridad Social. Para más información, véase: https://www.ilo.org/wcmsp5/groups/public/—europe/—ro-geneva/—ilo-madrid/documents/publication/wcms_615486.pdf

[2] Ídem.

[3]A. Baylos, “El Futuro de las normas del trabajo que queremos”, en Ministerio de Empleo y Seguridad Social (ed.): El futuro del Trabajo que queremos, Madrid, 2017, p. 498.

[4]Véase Resolución aprobada por la Asamblea General de la ONU el 25 de septiembre de 2015, http://actrav-courses.itcilo.org/library/sdgs/copy_of_en/major-documents-2/transforming-our-world-the-2030-agenda-for-sustainable-development (Consulta: 15-1-2016)

[5]A. Ortega,La Organización Internacional del Trabajo (OIT) y la Agenda 2030 para el desarrollo sostenible: el papel de las organizaciones sindicales”, Revista Española de desarrollo y cooperación, 40, 2017, pp. 145-153.

[6]Véase Quiénes somos: http://ilo.org/actrav/about/lang–es/index.htm (15-1-2017).

[7]Véase el Portal sobre el Trabajo Decente de la OIT: http://www.ilo.org/global/topics/sdg-2030/lang–es/index.htm (Consulta: 14-2-2017).

[8]Véase Trabajo Decente y la Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible, OIT, Ginebra, http://www.ilo.org/wcmsp5/groups/public/—dgreports/—dcomm/documents/publication/wcms_470340.pdf (Consulta: 14-2-2017).