Viñetas feministas

 

Norman Fernández

Divulgador, investigador, coordinador, teórico, crítico, redactor, autor, articulista

 

 

No tanto tiempo atrás no hubiera sido nada fácil realizar una aproximación a la presencia de un discurso feminista dentro del mundo de las viñetas. Entre otros motivos porque, aunque mujeres siempre ha habido trabajando en el campo del cómic, desgraciadamente su labor fue invisibilizada durante décadas; con el agravante de que debían realizar sus trabajos dentro de un modelo androcéntrico y machista que les impedía tener una voz propia, que les obligaba a realizar su contribución en productos pensados e ideados por hombres (incluso en el caso de los llamando “cómic femeninos” o “para chicas” que durante una parte del franquismo gozaron de cierta popularidad y en los que eran varones quienes decían qué era lo que las chicas debían leer y cómo).

Acá es necesario explicar que tampoco estamos ante una especificidad del mundo de las viñetas, que simplemente se dedicaba a perpetuar los estereotipos mayoritarios en otros medios en cuanto a las concepciones patriarcales de los roles de género o de la representación de la mujer, por ejemplo. El cómic ejercía como un elemento más del imaginario cultural; aquel que nos dice cuál es y cuál debe ser el papel del hombre y de la mujer en la sociedad.

Es a partir del mayo del 68 en Francia y del movimiento underground en Estados Unidos, y en confluencia con la llamada Segunda Ola Feminista, cuando en el campo del cómic la mujer comienza a adquirir una voz propia como autora, comienza a convertirse en un sujeto político también en el campo de la historieta. Es a partir de entonces cuando podemos empezar a detectar claramente la presencia de un discurso abiertamente feminista dentro del mundo de la historieta. Desde entonces, esas voces, esos discursos, no han hecho sino crecer; probablemente en la misma medida en que el Feminismo, como movimiento socio-político con capacidad para trasformar la sociedad en la que vivimos, ha seguido creciendo en todo el mundo.

Las autoras son cada vez más numerosas en el campo de la historieta hoy en día. Creadoras que están construyendo un discurso tan rico como diverso, y en numerosos casos, con elementos relacionados con la identidad como denominador común (en estos tiempos de Feminismo de Tercera Ola, la principal labor que están haciendo las feministas es la “pensarse”, el definir tu propios parámetros existenciales como paso necesario para determinar tú visión del mundo).

El arte siempre ha tenido la capacidad de cambiar el mundo y son precisamente ellas, las creadoras, quienes en el campo del cómic, más están invitando a creer que es posible el (absolutamente necesario) cambio de paradigmas en nuestra sociedad. Incluso cuando no se hace desde posiciones claramente militantes, el hecho de definir tus propios parámetros existenciales constituye en sí mismo un ejercicio de subversión de los arquetipos tradicionales de los discursos hegemónicos androcéntricos y heteronormativos.

Hablaba antes de Feminismo de Tercera Ola y debiera haber escrito “feminismos”, dado que uno de sus pilares es la diversidad en las voces; un férreo empeño en que no haya un “discurso hegemónico” dentro del movimiento. Algo de eso se intuye también en la presencia de las temáticas feministas en el cómic. Mayoritariamente lo que se percibe es que cada creadora habla desde su subjetividad y su contexto, y no siguiendo una determinada línea de pensamiento más o menos prefijada. Las viñetas feministas son, sobre todo, diversas. Como decimos cada creadora habla desde su subjetividad y su contexto, pero lo hace sobre todo en busca de una necesaria retroalimentación. En palabras de Marika Vila, autora pionera y una de las estudiosas y divulgadoras más reconocidas del medio: “la transformación real de los estereotipos sólo se consolidará con la respuesta del público, en el proceso de construcción cultural que éste alimenta, acepta o transforma para su consiguiente reconstrucción”.

Queda a criterio de cada cuál si el cómic puede ser un vehículo válido y útil en la búsqueda de la igualdad y si puede resultar relevante en la contribución a consolidar un cambio en el imaginario cultural. Motivos para el optimismo para quien suscribe estas líneas los hay. A modo de justificaciones para ese optimismo podemos considerar la serie de obras que reseñamos a continuación.

Maternasis de Nuria Pompeia

No sé muy bien qué sentido puede tener para quien esté leyendo estas líneas el que se reseñe un libro que hace muchos años ya que no se puede encontrar (salvo que se tenga la inmensa suerte de encontrarlo en una librería de segunda mano o se confirmen las informaciones recientes sobre una inminente reedición de la obra). Sí lo tiene para mí como autor de este texto; diría más, simplemente me resulta imposible el abordar la realización de esta serie de reseñas sin comenzar por un libro que vendría a ser el equivalente laico del santo grial de las viñetas feministas. La obra de Nuria Pompeia se puede considerar el punto de inflexión a partir del cual las creadoras (y ahora me estoy refiriendo a las creadoras autóctonas, evidentemente) ya pueden ir tomando su espacio, construyendo un discurso propio que les permita desarrollar su propia identidad, ejemplificando “Maternasis” su primer libro, el arranque de ese proceso.

Publicado en 1967 en Francia y España, “Maternasis” aborda el tema de la maternidad, sin duda una de las piedras angulares de la teoría feminista, y que aún hoy de día, más de medio siglo después de la publicación del libro, sigue estando todavía en la centralidad del debate. Nuria Pompeia ofrece su visión de la maternidad, más como una incitación a ese debate que como la búsqueda de implantar tipo alguno de doctrina. Para ello utiliza un solo personaje, el de una mujer que va sufriendo esa “metamorfosis” que va desde los primeros síntomas del embarazo hasta el parto.

Probablemente, una de los elementos más sorprendentes sea la concepción misma del libro: un volumen sin palabras, apenas sin más personajes que la mujer protagonista, realizado con un trazo muy sintético y que constituye todo un ejemplo de la potencia que pueden conseguir las metáforas visuales. “Maternasis” es un ejemplo privilegiado de cómo la simplicidad discursiva puede conllevar, paradójicamente, una extraordinaria complejidad en el mensaje. Un libro de una modernidad conceptual apabullante.

Una entre muchas de Una

Antes de irme por las ramas lo diré sin paliativos: “Una entre muchas” es, en opinión de quien suscribe estas líneas, el cómic más importante que se haya publicado en lo que llevamos de siglo XXI. Así, sin paños calientes. ¿Y por qué he llegado a semejante conclusión? Sencillamente, por la combinación de dos consideraciones: por ser una obra que analiza el tema de la Violencia de Género de una manera casi integral (que construye un discurso de aproximación al feminismo y de sensibilización ante esa violencia inédito hasta ahora en el mundo del cómic) y por la trascendencia que tiene esa violencia contra las mujeres (ya real, en sus múltiples variantes, o potencial) como uno de los principales mecanismos de perpetuación de su discriminación y subordinación.

A medio camino entre la autobiografía, la biografía y el ensayo, la obra, que su autora firma con el nombre artístico de Una, expone los abusos que sufrió ella misma, más o menos coincidentes en el tiempo con el asesinato en la zona de Yorkshire (en la que nació y vive) de 13 mujeres por un mismo individuo; asesinatos cuya investigación y repercusión también se exploran. Esta combinación de memoria y hechos biográficos son el armazón que permite abordar el análisis de la Violencia de Género con amplitud de perspectivas. El desamparo de las víctimas que sobreviven a esta violencia, la dejación de funciones de las instituciones estatales, el tratamiento de los medios de comunicación (más atraídas por la figura del asesino en serie que por las victimas), la visión que se da de los sucesos en función de la extracción social de las víctimas o de la profesión de estas (en especial, si ejercían la prostitución)… son elementos enmarcados en el discurso de la obra.

Cabe destacar también la exploración del proceso sicológico que acompaña a las víctimas que sobreviven: el auto-culpabilizarse, el miedo, la confusión, el desamparo, la incomprensión de las personas del entorno, la vulnerabilidad o la necesidad de reconstruir los pedazos de tu propio yo, sin apenas ayuda. Algo muy complicado de mostrar y que Una consigue resolver basándose más en elementos plásticos que en la propia palabra, haciendo gala para ello de un desbordante talento en la construcción de metáforas visuales, tan original como poco común.

El fruto prohibido de Liv Strömquist

 Según los textos promocionales de la editorial, “El fruto prohibido es una historia cultural de la vulva, desde la Biblia hasta Freud y más allá, pasando por los más variopintos padres de la Iglesia, pedagogos, sexólogos e incluso por famosos anuncios de tampones que, tras siglos y siglos de represión sexual, han seguido llenando nuestras cabezas de concepciones falsas sobre los genitales femeninos.” En este caso (no siempre pasa) el texto se ajusta bastante bien a una definición de lo que el libro nos ofrece (incluso diría que se queda corto ante el evidente carácter excepcional de esta obra, en la que la misma necesidad de explorar discursos críticos justifica y da valor a su propia existencia): un ensayo a medio camino entre la sociología, la historia, la política y la antropología, complejo dentro de su aparente simplicidad.

La creadora sueca Liv Strömquist articula su obra a través de siete segmentos en los que va explorando cómo las construcciones culturales han ido variando y perfilando a lo largo del tiempo la concepción misma de diversos elementos relacionados con la sexualidad femenina. Así, podemos encontrar desde el listado de “los hombres que estuvieron demasiado interesados en lo que se suele denominarse órgano sexual femenino”, pasando por los cambios a lo largo de la historia de la representación de la vulva en las formas artísticas, los estereotipos relacionas con el orgasmo femenino y la menstruación o lo que podríamos denominar como el síndrome de “Sentirse Eva” (la diferencia entre vergüenza y culpa y la relación de ambas con la sexualidad femenina que han elaborado las construcciones culturales vigentes a lo largo de la historia).

Todo el volumen está articulado utilizando un andamiaje en el que el sentido de humor no abandona nunca un discurso que se muestra en todo momento crítico y combativo. Desde el punto de vista gráfico Strömquist resuelve su trabajo sin muchos alardes, existiendo en algunos momentos una clara prevalencia de la palabra sobre la imagen, aunque en todo caso, el dibujo cumple perfectamente a nivel funcional, con evidentes reminiscencias de la estética del cómic underground.

Estamos todas bien de Ana Penyas

 No decir que Ana Penyas ha tenido el inicio de carrera más fulgurante en el mundo de las viñetas autóctonas vendría a ser algo así como negar la evidencia. La joven autora valenciana no solo ha sido la primera mujer en ganar el Premio Nacional de Cómic (paliando, parcialmente, la deuda histórica que dicho galardón tenía con las autoras), sino que además por primera vez se ha producido el hecho de que dicho premio haya recaído en una ópera prima. “Estamos todas bien” es la obra que ha posibilitado todo ello, y que supone el pistoletazo de salida a una de las carreras con mayor potencialidad del cómic español en muchas décadas.

“Estamos todas bien” es una obra basada en la biografía de las abuelas de la propia autora, Herminia y Maruja. Un retrato de toda una generación de mujeres a las que la dictadura y la sociedad que la habitaba les impidieron tener el mínimo atisbo de desarrollo personal; mujeres anuladas por la falta de derechos, la ausencia de alternativas al matrimonio y que sufrieron una implacable represión sexual unida a la máxima exaltación de la maternidad.

“No creo que las historias feministas solo sean aquellas que rescatan vidas de mujeres fuertes y luchadoras. Feminista también es hacer una lectura crítica de la vida de una mujer que ha cumplido con el rol que le tocó vivir en su época. A través de sus historias de vida se habla sobre el rol de los cuidados, la “mujer florero”, la sumisión, etc. Al final todas y todos tenemos parte de esas mujeres dentro: han sido nuestras abuelas, nuestras madres, nuestra familia. Ellas nos han educado en gran parte, nos atraviesan por algún lado. La invisibilización del rol de cuidados en la sociedad está a la orden del día. La mentalidad de la sociedad española todavía tiene un poso franquista. Seguimos teniendo un cierto miedo a la palabra política y a la memoria,” Estas palabras de la propia Ana Penyas sirven para explicar la excepcionalidad de esta obra. Una obra que, más allá de un evidente ejercicio de amor de la autora hacia sus abuelas, suponen la reivindicación de una figura a menudo denostada el imaginario cultural que apenas ha ido más allá del estereotipo de “señora mayor torpe pero entrañable”.

Bitch planet de Kelly Sue DeConnick y Valentine De Landro

 “Bitch Planet” es un grito de rabia feminista. Un grito que tal vez no se esperase que nos llegara desde una colección del mainstream estadounidense. Aunque, bien mirado, quizás no resulte tan extraño si consideramos que proviene de Image Comics, una de las editoriales que, además de ser una de las más importantes de su país, es también una de las que más libertad permite a quienes publica (y no tan solo en aspectos creativos, sino también en elementos como los derechos de autor). Sorprende todavía menos si nos fijamos que su creadora literaria es Kelly Sue DeConnick, una de las guionistas que más se ha caracteriza por agitar el inmovilista mundo del cómic mayoritario de su país, introduciendo una fuerte componente de género en el discurso de sus obras. A ella se debe, en buena parte, el actual fenómeno de proliferación de cabeceras con protagonismo femenino en el cómic USA.

La más feroz violencia hacia las mujeres constituye la base misma del futuro cercano que nos describe la obra, y que no es sino una gigantesca hipérbole de nuestra realidad. Un mundo en el que la estructura y las dinámicas sociales imponen que aquellas mujeres a las que se considere subversivas, poco sumisas, contestatarias, violentas, las que su cuerpo no respete los cánones de belleza o, simplemente, aquellas de las que sus maridos se han “aburrido”, sean declaradas “No Conformes”, y enviadas al planeta prisión que da título a la colección.

Un elemento que es importante destacar de “Bitch Planet” lo encontramos en el material adicional que ofrece la obra. Por un lado, presenta una sección de falsos anuncios, con un estilo “retro” en homenaje a los Pulps del principio de la segunda mitad del siglo pasado, en los que DeConnick y De Landro dejan volar toda su imaginación, a la que añaden una muy levada dosis de mala leche, ofertando productos como pastillas para resultarle más “tolerable” a tu marido o medicamento contra el olor vaginal, por poner algún ejemplo. Además de estos anuncios, el segundo elemento es una muy cuidada sección de textos sobre aspectos relacionados con el Feminismo realizados por firmas expertas en la materia y que representan un importante valor añadido.

Epílogo apresurado

 Escribía al principio de este texto que hace unos años no hubiera sido fácil realizar este artículo, y en realidad ahora tampoco lo ha sido pero por el motivo contrario. La dificultad estriba ahora en seleccionar las obras a reseñar ante la acumulación de trabajos relevantes que se están publicando recientemente. Por el camino se nos han quedado obras tan importantes como la novela gráfica “Sally Heathcote. Sufragista” de Kate Charlesworth y Mary y Brian Talbot, cuyo título hace innecesario explicar su temática o las obras también del matrimonio Talbot “La niña de sus ojos” (a medio camino entre la autobiografía de la propia Mary Talbot y la biografía de Lucia Joyce, la hija de James Joyce) y “La virgen roja” (basada en la figura de Louise Michel, uno de los principales referentes del feminismo, que forjó su leyenda en la Comuna de París).

Como sucede con el tema de la violación, el de la prostitución y la trata son elementos que se presenta de forma abundante en la creación de historietas si bien, en las más de las ocasiones se presenta como un elemento de carácter dramático, sin intención de analizar en profundidad dicho problema. Afortunadamente también hay obras si presentan esa búsqueda de reflexión, entre las que cabría destacar dos: “Esclavas”, novela gráfica de Alicia Palmer y Bosco Rey-Stolle, que constituye un ejercicio de denuncia de los procesos de esclavitud y explotación que acompañan a la prostitución y “Beya”, de Gabriela Cabezón Cámara e Iñaki Echeverría, obra que describe, mediante la forma de un monólogo interno de la protagonista, el proceso por el que será secuestrada y obligada a prostituirse.

Como colofón de todo este texto, probablemente la mejor obra a mencionar sería “Feminismo para principiantes” de Nuria Varela y Antonia Santolaya: un dialogo entre imagen y palabras que conforma una valiosa aproximación al Feminismo; un trabajo tan didáctico, como ameno en su lectura, en el que la claridad expositiva se conjuga con ocasionales momentos de una cierta poética. Un volumen de obligada lectura, por su la capacidad para acercarnos al que ha demostrado ser, a día de hoy y para quien suscribe estas líneas, el único movimiento socio-político con capacidad real para trasformar el mundo en el que vivimos.

El futuro es de color violeta.

Barcelona, 20 de Mayo de 2019