Pobreza infantil, meritocracia y justicia

 

Beatriz Silva

Periodista y diputada independiente al Parlament Cat en las listas del PSC

 

 

Uno de cada tres niños y niñas vive en España bajo el nivel de la pobreza. Es lo que constatan las últimas cifras de Unicef, Save the Children y la Fundación Foessa. No hay ningún otro colectivo que soporte una tasa de pobreza tan elevada. No es un problema nuevo pero la llegada de la Covid-19 ha venido a agudizar aún más la situación de una parte de nuestra infancia, aquella que vive en familias vulnerables que han pasado de vivir, sin una pausa, bajo los efectos de la crisis económica de 2008 a enfrentar una pandemia.

Se harán mayores y toda su infancia y su adolescencia habrá transcurrido bajo una situación de crisis económica continua que hipotecará su futuro porque la pobreza es algo que se transmite de padres a hijos, que se hereda. Sin las políticas adecuadas, el 80% de niños y niñas que vive en situación de pobreza lo sigue siendo en la etapa adulta.

En su libro ‘La Tiranía de la Meritocracia’, Michael J. Sandel profundiza en un problema importante relacionado con la pobreza infantil y es el hecho que no todos los niños y niñas tienen las mismas oportunidades. Vivimos en un sistema que ensalza la meritocracia en vez de poner el foco en la necesidad de atacar la desigualdad.

Porque sería importante aclarar de qué hablamos cuando hablamos de pobreza infantil. Hablamos de niños y niñas que no tienen acceso a una alimentación adecuada porque su familia no puede permitirse comprar carne, pescado, fruta o verdura fresca con regularidad. Pero también porque la precariedad del hogar impide en muchos casos que haya un adulto en casa para encargarse de preparar una comida correcta. Son niños y niñas que no disponen de ropa adecuada para la época del año, que en verano sufren con el calor pero en invierno pasan frío, porque calentar una vivienda es algo que sus familias no se pueden permitir. Son niños y niñas que nunca disfrutan de unas vacaciones en familia porque la economía de sus hogares está centrada en la subsistencia. Son menores que sufren desahucios, que viven realojados en una habitación, hacinados o en viviendas que no reúnen las condiciones mínimas porque están deterioradas, son húmedas, y en las que normalmente no hay espacio para jugar o hacer los deberes.

Es difícil conseguir el éxito educativo y social necesario para romper el círculo vicioso de reproducción de la pobreza cuando se vive en condiciones de este tipo.

España forma parte desde hace décadas del grupo de países en el que la pobreza infantil es mucho más alta que la del resto de la población. Cuando la tasa de pobreza infantil se sitúa en niveles en torno al 30%, el del total de la población es diez puntos menos, un 20%. Esto se debe a la falta de políticas públicas dirigidas a las familias pero también al hecho de que las que existen no son eficientes. Si las transferencias del Estado consiguen reducir los índices de pobreza de los mayores de 65 años desde el 84% al 18% gracias al sistema de pensiones, en el caso de la infancia esta reducción es sólo desde un 38% a un 33%. Tener hijos e hijas en España es un factor de empobrecimiento porque no existe un pilar del estado del bienestar destinado a proteger a la infancia. El profesor de la Universidad de Zaragoza, Pau Marí-Klose, recuerda siempre que las pocas ayudas que existen no permiten sacar a las familias de la pobreza pero además dejan fuera a la mayor parte de las que las necesitan. El Ingreso Mínimo Vital representa, por eso, un paso importante para comenzar a construir este pilar del estado de bienestar que sigue pendiente.

En su libro ‘La idea de la justicia’, Amartya Sen asume que la desigualdad es una forma de injusticia y apunta fórmulas para reparar las injusticias. Una de ellas serían las políticas públicas que permiten facilitar la igualdad de oportunidades en la infancia y evitar que un niño o una niña que nace en un entorno desfavorecido se vea condenado a reproducir las condiciones de vida de su familia. Invertir en infancia es, de acuerdo a la lógica de Sen, no sólo una necesidad ética y económica. Es también una cuestión de justicia.

Abril de 2022