El pacto social en la Cuarta Revolución Industrial

 

Mario Rios

Politólogo

 

 

La globalización económica neoliberal de los últimos decenios, que tanto ha transformado las economías y las sociedades que conocemos, tuvo en los cambios tecnológicos asociados a las nuevas tecnologías de la comunicación y de la programación uno de sus mejores aliados, ya que ha permitido que los intercambios comerciales, financieros y económicos entre empresas, Estados o particulares puedan tener lugar en cualquier momento y en cualquier lugar, sorteando las barreras físicas y temporales. Estos cambios tecnológicos, junto con la desregulación y liberalización de los mercados financieros, comerciales y laborales impulsada por la derecha liberal, ha permitido una hipermovilidad del capital transformándolo en un elemento transnacional, contra unos Estados que siguen ceñidos a su lógica territorial. La suma de esta línea política e ideológica con las transformaciones tecnológicas de la década de los 70, 80 y 90 han cambiado los ámbitos económicos, sociales, laborales y culturales existentes creando una sociedad más fragmentada, precaria y desigual y alterando las arenas políticas y institucionales.

Los cambios tecnológicos y los cambios políticos que se asocian a ellos siempre han mutado y alterado las sociedades en las que se han producido. La revolución agrícola y la revolución industrial son buenos ejemplos. Rehicieron de nuevo las sociedades en las que se produjeron creando nuevos ámbitos de producción, nuevos sectores económicos y revolucionando el mundo del trabajo y el de la distribución de riqueza entre los que disponían de capital y los que no. Todo ello hizo estallar nuevos conflictos derivados de estos cambios lo que se trasladó a la política. En este momento nacieron sindicatos (campesinos y obreros) y partidos políticos (campesinos, socialistas, comunistas) que promovieron y defendieron los intereses y los derechos de las personas que se situaban a ambos lados del conflicto social, laboral y económico.

La entrada en el segundo decenio del siglo XXI nos lleva de nuevo a grandes cambios tecnológicos que están cambiando el mundo que nos rodea. Empiezan a aparecer innovaciones tecnológicas más propias de novelas de ciencia ficción o de películas futuristas. La imparable marcha de los robots, que empiezan a introducirse en muchos sectores productivos, la automatización casi total de muchos procesos de fabricación o la llegada de metaordenadores que son capaces de crear conocimiento mediante la agregación de múltiples variables, lo que llamamos inteligencia artificial, ya ha llegado. Son las innovaciones propias de lo que ya se conoce como Cuarta Revolución Industrial. Una revolución que no tendremos que esperar muchos años para ver cómo entra en pleno funcionamiento y se introduce en gran parte de los sectores económicos y comerciales que conocemos, mientras crean otros nuevos.

Es evidente que todo esto cambiará la economía y la sociedad de principios del siglo XXI. Son muchos los estudios e informes, sin tener en cuenta los más pesimistas y los más optimistas, que establecen que la incorporación de estas tecnologías afectará al mundo del trabajo: muchos de los puestos de trabajo que existen a día de hoy perderán su sentido porque se automatizarán o los podrán realizar robots, sobre todo en el sector industrial. Ahora bien, esto no sólo afectará al mundo de la industria, el sector terciario también se verá muy afectado, ya que muchas de las tareas rutinarias que se hacen habitualmente las acabarán realizando estas innovaciones tecnológicas. Esto, no es necesario decirlo, hará incrementar el paro en sectores de poco valor añadido y en los ámbitos más administrativos, lo que afectará a amplias capas de la población. Un incremento del paro que irá acompañado de una reducción de jornada en muchos casos, ya que habrá tareas o funciones de las que ya no se ocuparán los trabajadores que antes lo hacían. Incluso, algunos de los puestos de trabajo que parecen estar más protegidos contra estos cambios, como aquellos relacionados con la creatividad o culturales, pueden verse amenazados en algún grado por la existencia del big data o de la inteligencia artificial. Las consecuencias de todo ello parecen apuntar a un incremento del paro, que se conocerá como paro tecnológico, una reducción de las jornadas laborales, un incremento de la precariedad y un fuerte aumento de la desigualdad socioeconómica, ya que el reparto entre capital y trabajo de la riqueza creada en la producción favorecerá más al primero que sustituirá gran parte de la mano de obra existente para estas innovaciones tecnológicas.

Ante esto, ¿qué solución se puede ofrecer para combatir las consecuencias sociales, laborales y económicas de la aplicación de la Cuarta Revolución Industrial? La respuesta no es otra que rehacer el pacto social existente. Actualmente, el pacto social entre capital y trabajo sigue una lógica o paradigma industrial que no tiene en cuenta las alteraciones laborales, sociales y productivas que la tecnología está creando. Hay que apostar por un nuevo pacto social postindustrial y es aquí donde las organizaciones del mundo del trabajo tienen mucho que decir. Es más necesario que nunca formular respuestas y políticas innovadoras que contrarresten los efectos negativos de estos cambios. Medidas como tasar los robots con impuestos destinados a políticas sociales, el reparto del trabajo existente, la existencia de una renta garantizada ciudadana o negociar la implementación de estos cambios por sectores son opciones que las organizaciones sindicales deben defender de cara a evitar el deterioro del mundo del trabajo. En conclusión, podemos afirmar que los cambios tecnológicos suelen modificar los sistemas de producción y de creación de riqueza. Esta modificación altera los sistemas económicos y con él las relaciones de producción que se dan en el seno de la sociedad, lo que influye en el mercado laboral y en la distribución de rentas entre el capital y el trabajo. La distribución de esta riqueza es lo que impulsa los conflictos en el seno de una sociedad y se articula en unas determinadas respuestas políticas y sociales. La incorporación de las nuevas tecnologías de la cuarta revolución industrial (robótica, inteligencia artificial, automatización, etc.) en nuestras economías alterará profundamente el funcionamiento laboral y, por tanto, social, allí donde se dé. Para combatir sus consecuencias negativas hay que rehacer el pacto social incluyendo medidas y acciones que ataquen la precariedad, el paro o la desigualdad que estas innovaciones tecnológicas puedan crear. Es aquí donde el trabajo organizado debe dar su opinión y hacer que las innovaciones tecnológicas sirvan para mejorar las condiciones laborales y el bienestar de la mayoría social, no un deterioro constante de los derechos existentes.

Barcelona, 24 de Mayo de 2017