Los necesarios cambios democráticos en la sociedad y en el sindicato

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Manel García Biel

Sociólogo y ex secretario de comunicación de CCOO Cataluña

 

 

 

La grave crisis económica que ha sacudido nuestro país y el conjunto de la Unión Europea ha hecho que nos diéramos cuenta de las deficiencias democráticas existentes en nuestras sociedades. La salida económica que se ha dado desde los poderes políticos en Cataluña, en España y en la Unión Europea ha demostrado la necesidad de efectuar una profunda renovación democrática de los marcos políticos existentes.

¿Cómo se puede entender que la salida a una crisis derivada de una burbuja financiera y especulativa haya sido reforzar precisamente a los causantes de la crisis? Las políticas económicas impuestas por los denominados “mercados” e instrumentadas por la “Troika” han supuesto un empobrecimiento de la mayoría de las sociedades y especialmente, aunque no de forma exclusiva, de los países de la periferia de la zona euro. Estas políticas, adoptadas por unos poderes con graves carencias democráticas, han supuesto grandes problemas y sufrimientos en amplias capas sociales y un deterioro del estado del bienestar, que hasta ahora era el principal referente de las sociedades europeas desarrolladas. Así, hemos visto ataques sin precedentes en el conjunto de los servicios públicos, un incremento de las desigualdades sociales y el crecimiento geométrico del paro y de la pobreza hasta niveles desconocidos en las últimas décadas.

Estas políticas económicas y sociales impuestas a los diversos gobiernos nacionales desde la UE, y asumidas por éstos sin resistencias en virtud de una cesión de la propia soberanía que en ningún caso está justificada por los tratados de la UE, se ha hecho contra los intereses de la mayoría social, mientras sólo se beneficiaban unas minorías vinculadas al capital especulativo y concesional.

Frente a estas políticas antisociales se han dado fuertes movimientos de rechazo, de resistencia social, encabezados por diferentes movimientos sociales, entre ellos y de forma especial por el movimiento sindical. Sin embargo, es evidente que los momentos de crisis son propicios a estallidos sociales, pero a la vez la propia situación de la gente es de debilidad social, derivada de hechos como el crecimiento del paro, de las dificultades sociales y vivenciales que afecta a la capacidad de respuesta, y así el descontento va acompañado, muchas veces, de un crecimiento del miedo a actuar.

Pero con capacidad o no de dar la respuesta suficiente, la desconfianza social crece hacia el poder establecido y contra las instituciones. Se cuestiona cualquier institución política y/o social existente, incluida la totalidad de la clase política o entidades de todo tipo, incluidos los sindicatos, a los que se les interpela como responsables de la situación actual, con razón o sin ella. La frase de moda en algunos sectores es que todo se debe cambiar y que hay que hacer “fuego nuevo”.

Es evidente que la situación es compleja, y en ocasiones pueden existir cuestionamientos injustos, tanto por parte de quién lo hace, como de a quién se hace. Pero el hecho positivo es que hay un fuerte movimiento dentro de unas aguas que durante mucho tiempo han parecido demasiado estables.

En estos momentos hay muchos que se cuestionan, y con razón, qué Europa estamos construyendo. Es evidente que hay que plantearse si nos interesa una Europa que se hace al margen de su ciudadanía, con los costes que ello conlleva. Si Europa no se hace al servicio de su ciudadanía dejará de ser un referente. Y esto puede devolvernos a una historia que creíamos ya superada, donde volverán a crecer y a imponerse movimientos ultranacionalistas como es el caso del Frente Nacional en Francia. El futuro europeo está hoy cuestionado, y a ese futuro hay que imponer que sea, al contrario de ahora, el de una Europa más democrática y al servicio de su ciudadanía. O se avanza hacia una Europa más unida social y políticamente, con instituciones plenamente democráticas y representativas, o Europa no tendrá futuro.

También es necesario, en el marco de los países, un cambio radical que comporte unos gobiernos al servicio de la gente. En este sentido, no hay duda de que el efecto de Syriza ha sido importante como referente en muchos países periféricos. Hay que reivindicar el papel de la diferencia política, de la política al servicio de la gente y contando con la gente.

Es evidente que los nuevos fenómenos políticos deberán madurar, separando la facilidad de la demagogia populista de la necesidad de una renovación de la práctica y de los actores de la política. La actual mar agitada debe comportar un cambio radical en la política que hasta ahora hemos vivido dominada por los poderosos. Hay una confluencia entre los nuevos actores emergentes junto con otros, que quizás no serán tan nuevos pero que durante mucho tiempo han estado defendiendo, desde la minoría, la necesidad de un cambio en profundidad.

Es evidente que estamos en una oportunidad de cambio democrático y que todos nos debemos ver afectados y llamados a participar. En caso contrario la frustración social conllevaría consecuencias imprevisibles.

Es evidente que a nosotros el cambio también nos afecta como sindicato. CCOO ha sido muchas veces una anomalía histórica. Salimos de la lucha contra la dictadura mediante la dedicación y el sacrificio de mucha gente, sindicalistas que trabajaron en la clandestinidad y que forjaron el primer sindicato del país. Hemos sido una organización atípica donde el debate ha sido siempre importante, donde han convivido mucha gente diferente pero que han construido un proyecto común. Es evidente que el crecimiento organizativo, al ser una organización con más de un millón de personas afiliadas, y millones de votantes, con decenas de miles de delegados y delegadas sindicales, con federaciones y organizaciones territoriales, es algo difícil de gestionar. Somos una organización que acepta sus errores, y entre tanta gente también está la que se equivoca, y el sindicato debe saber rectificar, y cuando hay que “elegir el trigo de la paja”. CCOO es una organización fundamentalmente honesta, con mucha gente que dedica su esfuerzo sin compensación para representar a otros. El trabajo y la generosidad de nuestra gente muchas veces no es recompensada ni agradecida como debería. Pero esto son las CCOO, y no queremos mantenernos en nuestra labor sino que queremos mejorarla. Y en eso hemos estado y estamos.

Hace unos años CCOO protagonizó un hecho poco conocido en la historia de las organizaciones políticas o sociales del país. En 2008, en su VIII Congreso, la gente de la Confederación Sindical de CCOO de España decidió cambiar a su Secretario General que optaba a un tercer mandato. Es decir, el conjunto de la organización, en contra de los deseos del aparato directivo, provocó un cambio de dirección y de sus políticas. Este cambio iba también dirigido contra una forma de entender el sindicato y su gobierno. Se trataba de cuestionar una dirección que creía en unos principios propios del “despotismo ilustrado”, del gobierno de unos pocos elegidos y que propugnaba una profesionalización del sindicalismo, que comportaba un paso hacia una mayor burocratización.

Desde aquel Congreso el sindicato ha cambiado, en parte por propia voluntad y en parte obligado por las circunstancias; la crisis, el incremento del paro, son cosas que afectan de lleno al sindicato. Todos sabemos que los tiempos de crisis no son buenos tiempos para hacer sindicalismo, que son tiempos difíciles, donde hay muchas necesidades pero donde la gente tiene más dificultades y también las tiene para movilizarse.

Todo ello ha provocado que el sindicato haya tenido que adaptarse al tiempo de dificultad, y lo ha hecho reduciendo estructuras, se ha simplificado retornando a concepciones de militancia que vuelven a vincularlo con sus raíces fundacionales. Y finalmente, el último 4 de marzo, el Consejo Confederal extraordinario y ampliado acordó un denominado “Código Ético”; es en realidad un documento de “Medidas para reforzar las mejores prácticas de gobierno y control a CCOO” con las que se trata de mejorar la transparencia y el control de la actuación del sindicato, de sus dirigentes y de sus finanzas. En definitiva, de dar un paso para implicarse internamente en lo que es un cambio democrático global de nuestra sociedad, de sus estructuras institucionales y de las organizaciones políticas y sociales.

¡Bienvenido sea el cambio democrático que necesitamos!