La cooperación del sindicalismo de clase y los profesionales de la cultura

 

Héctor Maravall

Ex-Consejero del Consejo de RTVE en representación de CCOO y abogado laboralista 

 

 

Quienes en el verano de 1982 asistimos entusiasmados al concierto de Miguel Ríos en el campo de futbol del Getafe, en el marco de la gira “Rock and Ríos”, difícilmente podríamos pensar que casi 40 años después, la canción emblemática de “Bienvenidos” iba a servir de apertura del 12 Congreso Confederal de CCOO, con la intervención del mismísimo Miguel Ríos. Y el mismo entusiasmo que Miguel levantó entre los “hijos del rock and roll” a principios de los años 80, se volvió a producir en esta ocasión con “los nietos del rock and roll”.

Sin embargo, por aquellos ya lejanos años no era imaginable que en un Congreso confederal de CCOO interviniese una banda de rock, aunque fuera la de un artista que siempre se ha situado en el lado de las luchas progresistas de nuestro país.

Toda una señal de la vitalidad de nuestro sindicato y no ha sido la única que se produjo en un congreso, con una sesión inaugural dinámica, innovadora, hasta divertida y con abundantes guiños hacia el mundo de lo que se llama sociedad civil y muy en especial a la cultura, por no hablar del libro de comics que se regaló a todos los asistentes o la oportuna intervención de Elvira Lindo.

Es cierto que desde casi sus orígenes las CCOO tuvieron una estrecha relación con actores y actrices, cineastas, escritores, pintores, músicos, que nos prestaron su ayuda solidaria, respaldo político y también económico. Posteriormente CCOO, ya en la legalidad, hizo esfuerzos para contribuir a organizar sindicalmente a lo que se denominaban “fuerzas de la cultura”, apoyando las luchas que se producían o fomentando las elecciones sindicales.

No podemos olvidar que en España (como en otros muchos países), los sindicatos UGT y CNT desde sus orígenes tuvieron especial interés en acercar la cultura a las clases trabajadoras, muy mayoritariamente analfabetas, frente a la actitud de la nobleza, la burguesía y la Iglesia que desde tiempos inmemoriales consideraron la cultura como un patrimonio propio y no movieron un dedo para hacerla accesible a las clases populares.

Las casas del pueblo del PSOE-UGT y los centros anarquistas fueron instrumento de educación y formación, de impulso de una cultura propia. Los primeros años de la revolución bolchevique fueron un modelo de encuentro entre las clases populares y la cultura, generando una intensa producción cultural de gran calado innovador; algo parecido a lo que sucedió en Alemania durante los gobiernos progresistas y el auge del movimiento obrero en la República de Weimar. También en los años 30 del siglo pasado y en el marco del “New Deal” propuesto por el Presidente de Estados Unidos, Franklin D. Roosevelt, escritores, cineastas, autores teatrales y sobre todo músicos, apoyaron y se apoyaron en un movimiento obrero en aquellos tiempos muy vivo, combativo y solidario.

En definitiva, la cultura y el movimiento obrero han vivido etapas de colaboración, de mutua influencia, bien positivas para ambas partes.

En los últimos años en CCOO hemos ido abriendo un debate con unas nuevas perspectivas que se podrían resumir en tres ideas centrales.

  • Contar con la creatividad, formas e ideas que nos ayuden a mejorar nuestros cauces de comunicación con la sociedad, a renovar nuestra imagen, a resultar mas atractivos a sectores que por diversas razones se han dejado de interesar por el sindicalismo o incluso son muy críticos y reticentes.
  • Afrontar y colaborar estrechamente en la imprescindible lucha ideológica que hay que dar en la sociedad española en defensa de los valores de solidaridad, progreso social, cohesión social y territorial, de la igualdad entre hombres y mujeres, de respeto a la diversidad sexual, de políticas de protección de la naturaleza y de crecimiento sostenible…
  • La reivindicación del papel del sindicalismo de clase, de sus incuestionables logros (que no siempre hemos sido capaces de publicitar y poner en valor), frente a los ataques y calumnias que se han convertido en moneda corriente en los últimos años, como una cuestión importante en ese marco de lucha ideológica por los valores de la democracia, la igualdad y el bienestar social.

Tres objetivos fundamentales que para nada deben relegar otros trabajos comunes e iniciativas de colaboración que hemos venido realizando en las últimas décadas.

Lograr diseñar y poner en marcha un camino de más, mejor y más diversa cooperación entre el sindicato y los profesionales de la cultura no es tarea fácil ni rápida. Debemos ser conscientes que en la actualidad la ofensiva ideológica del neoliberalismo económico y el extremado conservadurismo de amplios sectores sociales (apoyado sin descanso y con numerosos recursos por la mayoría de los grandes medios de comunicación y también desde influyentes ámbitos de casi todas las confesiones religiosas), ha calado intensamente en sectores de la cultura que tradicionalmente eran poco permeables a las ideas reaccionarias.

No debemos ignorar que son muchos los que o nos ven como un aparato burocrático con fuertes intereses corporativos o los que piensan en el mejor de los casos que somos una reliquia del pasado, en su día valiosos y necesarios, pero que no hemos sabido adaptarnos a las nuevas realidades.

En ese escenario de encuentro y colaboración es imprescindible rehuir cualquier tentación protagonista, de que nadie se crea que buscamos apoyos tan solo para mejorar nuestra imagen pública; hay que evitar planteamientos cortoplacistas o coyunturales o para momentos o necesidades puntuales. Es preciso apostar por un trabajo sistemático, permanente, capilar, en todas nuestras estructuras y no solo en el ámbito Confederal. Que no se conviertan en los buenos deseos tras un proceso Congresual con fuerte renovación en sus órganos de dirección, que después poco a poco van diluyéndose (algo que nos ha sucedido en el reciente pasado). Una estrategia de confluencia en la que se tienen que implicar la máxima dirección en cada ámbito territorial.

Hay otras cuatro cuestiones que convendría subrayar.

En primer lugar, el apoyo sindical a los jóvenes profesionales de la cultura en un doble sentido. Por una parte, defender frente a las entidades privadas o públicas sus derechos y condiciones de trabajo, la protección de la obra creada, el cumplimiento de las obligaciones fiscales y de seguridad social de quienes les contraten…etc. Por otra parte, contribuir a difundir el trabajo de estos profesionales, aprovechando las posibilidades de comunicación directa con cerca de un millón de afiliados, así como la disponibilidad de una amplia red de locales sindicales. Todo ello ayudaría también a que los jóvenes profesionales de la cultura conocieran la realidad del trabajo sindical, sin duda desconocida para la inmensa mayoría.

En segundo lugar, plantearse la actuación sindical en el ámbito de la cultura en una clave feminista que podríamos resumir en dos aspectos. El apoyo al trabajo de las mujeres profesionales de la cultura, que sigue siendo minusvalorado, a menudo silenciado en los grandes medios de comunicación u olvidado por las instituciones publicas y privadas a la hora de establecer sus programas e iniciativas. Y por supuesto facilitar el acceso de las mujeres trabajadoras y muy en especial las afiliadas al conocimiento de la cultura y a las actividades culturales.

Hay una tercera cuestión a tener muy en cuenta. El papel que deben jugar la amplia red de centros y entidades culturales que existen en España y que se ha ido creando y aumentando desde la consecución de la democracia. Bibliotecas, museos, escuelas de bellas artes, de música, de ballet y danza, de pintura y dibujo, auditorios y salas de conciertos, orquestas, corales y grupos de canto, asociaciones culturales de diversa índole… etc. con la dramática excepción de las salas cinematográficas, que han ido desapareciendo o reduciendo drásticamente su actividad en toda España y hoy la mayoría de los pueblos y ciudades pequeñas y medianas carecen ya de cines.

El entramado cultural contribuye a formar y desarrollar las capacidades artísticas de la gente, de niños y niñas, jóvenes y mayores; facilitan la popularización y difusión de la creación cultural; favorecen elevar el conocimiento y nivel educativo de la población…Sin olvidar el importantísimo yacimiento de empleo que todo ello representa.

Sin embargo, esa red cultural, a pesar de los importantísimos avances logrados, de la considerable cuantía de recursos materiales y humanos con los que se cuenta, tiene aún importantes carencias en varios aspectos, que se han acentuado con las políticas de recortes y contención del gasto público que se ha producido en los últimos diez años, agudizado por la parálisis impuesta por la pandemia; y lo mismo en lo que se refiere a la inversión privada en cultura.

Todavía falta mejorar el mantenimiento y modernizar buena parte de los equipamientos y sus dotaciones materiales. Como resulta imprescindible incrementar razonablemente las plantillas y perfeccionar y actualizar su formación y cualificación profesional. Para ello es imprescindible terminar con esa nefasta práctica de que las partidas presupuestarias de las tres administraciones públicas dedicadas a la cultura pasen sin pena ni gloria en los debates presupuestarios, porque no son una prioridad ni siquiera de segundo o tercer nivel.

Si esto es así con carácter general, salvo honrosas y muy localizadas excepciones, la situación es especialmente grave en lo que ahora se llama “España vaciada”, cuya penuria de dotaciones culturales y de presencia periódica de actividades culturales es patente y es un factor añadido en el proceso de despoblación rural. Todavía sigue siendo un lugar común esa frase “voy a pasar unos días a Madrid (o Barcelona) para ver exposiciones, musicales, obras de teatro o conciertos”.

El apoyo confederal y territorial de nuestro sindicato a una dotación suficiente y equilibrada para los centros y actividades culturales de toda España no puede olvidarse y debe de tener suficiente visibilidad en nuestras posiciones reivindicativas.

Una cuarta cuestión es asumir de manera coherente que el interés, el conocimiento, el desarrollo de la cultura, tiene que empezar inexcusablemente en la escuela. Sin embargo, hay profundas carencias en la formación cultural de los niños y niñas, de los jóvenes. Desde un currículo educativo que menosprecia la cultura y las bellas artes, hasta la generalizada infradotación de profesorado y de material especializado, que puedan dar a conocer, hacer accesible y atractiva la cultura a los alumnos y alumnas. Los ingentes avances tecnológicos y de las redes de comunicación, no son aprovechados adecuadamente en ese objetivo de informar, formar y despertar el placer del disfrute con la creación cultural.

Las sucesivas reformas del sistema educativo no han tenido interés alguno por abordar la necesidad de incluir la cultura como un elemento esencial en el proceso formativo y en consecuencia disponer de una suficiente dotación presupuestaria de medios. Carencia que el sindicato debe poner de relieve, defendiendo el cambio de esta situación.

La mayor parte de los planteamientos y propuestas a los que he hecho referencia tienen como destinatarias las tres Administraciones Públicas, ya que las políticas y programas relacionados con la cultura están ampliamente descentralizados, sin embargo, el grado de responsabilidad política es muy distinto. Por ello resulta imprescindible empezar por un cambio radical de actitud desde la Administración General del Estado, que sirva de referencia y aliciente para las demás Administraciones Públicas.

Hay algunas otras reivindicaciones más concretas que debemos tener presentes.

“El Estatuto del Artista”, que pese a los años y años de promesas políticas e incluso de recomendaciones en el Congreso de los Diputados, no termina de hacerse realidad. Ya en la clandestinidad, CCOO apoyó y participó a través de sus militantes en las luchas de los actores y actrices de España por sus derechos laborales básicos. Una lucha que con diversas formas y exigencias y también de avances, se ha venido manteniendo hasta hoy. El posicionamiento de nuestro sindicato es claro al respecto y debemos seguir defendiéndolo hasta su adecuada consecución.

La regulación legal del “mecenazgo”, es otra promesa largos años incumplida por las Cortes Generales. Sin ignorar la complejidad legal de esta ley y las consecuencias que una inadecuada regulación podría tener en materia de elusión de obligaciones fiscales o los riesgos de reducción del gasto público en Cultura, el vacío que hay en esta materia y las oportunidades que se están perdiendo año tras año es absolutamente injustificable.

Tanto “El Estatuto del Artista” como la “Ley de Mecenazgo” deberían ser una realidad en la actual legislatura, aprovechando el teórico compromiso que en ambas cuestiones tienen los partidos del gobierno de coalición progresista.

En resumen, hay un amplísimo ámbito de apoyo y colaboración entre el sindicalismo de clase y los profesionales de la cultura y una perentoria necesidad de trabajar juntos. La nueva etapa abierta tras nuestro proceso congresual, debe ser el aliciente para retomar la iniciativa.

 Noviembre 2021