Feminismo como factor de transformación social y avance democrático

 

Carmen Juares

Responsable de Nuevas realidades del trabajo y precariedad de CCOO de Catalunya, Integradora social y activista, Fundadora de Mujeres migrantes

 

Al pensar en feminismo en estos días de confinamiento a raíz de la crisis sanitaria de la Covidien-19, no puedo evitar pensar en las muchas conversaciones que he tenido con tantas mujeres trabajadoras del hogar y los cuidados. La mayoría de las conversaciones giran sobre temas laborales, situación económica y maneras de hacer frente a esta situación de manera común, para ayudarnos entre todas. A pesar de las situaciones de angustia, de miedo y de incertidumbre, estamos fuertes!, Porque sabemos que no estamos solas, sabemos que las mujeres unidas, luchando juntas somos capaces de lograr cosas extraordinarias.

Estos días nos preguntamos, cómo es posible que el Gobierno español considere a las trabajadoras de los cuidados en domicilios particulares como trabajadoras esenciales durante esta crisis del coronavirus, pero que, a la vez, a estas mujeres trabajadoras no se les reconozcan los mismos derechos laborales que en el resto de trabajadores y trabajadoras, también considerados esenciales ¿cómo es eso posible?

Las mujeres trabajadoras de los cuidados en domicilios privados que cotizan a la seguridad social lo hacen dentro del régimen especial de la seguridad social, que no las protege, sino todo lo contrario, las deja en una situación de vulnerabilidad. Estas mujeres trabajadoras no tienen derecho al paro, no están protegidas por la ley de protección de riesgo laboral ni por fondos de garantía salarial (FOGASA).

Un 98% son mujeres y cerca del 70% extranjeras, según datos de la Organización Internacional del Trabajo (2 019) Un dato, esta última, poco precisa, ya que las personas de origen extranjero que han sido nacionalizadas no cuentan como trabajadoras extranjeras. Desde el inicio de esta crisis las primeras despedidas, sin derecho a nada, han sido las mujeres trabajadoras del hogar y los cuidados y las que aún mantienen el trabajo han visto cómo su jornada laboral ha sido aumentada de manera exponencial, ya que se han visto obligadas a pasar el confinamiento allí donde trabajan, pero no su sueldo, otros están cuidando de personas mayores que han dado positivo de coronavirus sin lugar a material de protección como mascarillas y guantes, poniendo en riesgo su salud. Muchas de estas mujeres trabajadoras son conscientes de que si pierden el trabajo, pierden también, la vivienda como es el caso de las mujeres que trabajan como cuidadoras internas.

“Escuché relatos profundamente inquietantes sobre las condiciones de trabajo, mujeres que trabajaban cerradas durante años en lo que sentían como una” prisión “, sufriendo acoso sexual, horas extraordinarias sin compensación y sin acceso a la seguridad social o las pensiones” (Philip Alston, Relator especial de las Naciones Unidas sobre la extrema pobreza y los derechos humanos 2020).

Durante esta crisis del coronavirus, las primeras en perder el trabajo han sido estas mujeres trabajadoras del hogar y los cuidados, que fruto de los salarios tan bajos que cobran y la falta de derechos laborales, les es muy difícil poder ahorrar y hacer frente a situaciones sobrevenidas. Muchas se han autoorganizado y han creado cajas de resistencia, reparto de productos alimenticios y reparto de materiales de protección como mascarillas y guantes.

La historia nos demuestra que las mujeres somos capaces de llevar a cabo acciones y denuncias que transforman la sociedad y que marcan el camino hacia una democracia real. El movimiento sufragista es uno de estos ejemplos, denunciaba la discriminación de la mujer y pedían el acceso al voto y el mundo público, del que habían sido excluidas. Igualmente reivindicaban el derecho a la educación, un trabajo remunerado, así como otras demandas. Igualmente, fruto de esta herencia de lucha de las mujeres, a finales de los años 70 surge el movimiento feminista, que denuncia la situación de discriminación que sufren las mujeres en la sociedad. Reivindican el derecho al aborto, la paridad, para acabar con el poder y la jerarquía masculina, que el trabajo doméstico sea reconocido y compartido. Muchas de estas demandas se recogidas en la agenda de los poderes públicos, lo que dio lugar a la creación de políticas específicas para evitar la discriminación hacia las mujeres, aun así las mujeres siguen siendo discriminadas, pero se ha conseguido crear conciencia de esta situación.

Considero que uno de los grandes logros del movimiento feminista ha sido poner la violencia machista como problemática social, sacar esta violencia del sí del domicilio. Creo que otro reto del movimiento feminista, como herramienta de transformación social es poner los cuidados en el centro, sacar la calle todas estas situaciones de esclavitud que se dan dentro de los domicilios de nuestra sociedad y, que muchas veces, muchas mujeres acaban rompiendo el techo de cristal porque hay otra mujer recogiendo los cristales. También, muchas veces defender los derechos de las mujeres nos lleva al terreno laboral, por lo tanto, considero que es necesario que el movimiento feminista y los sindicatos crean alianzas para poder defender los derechos laborales de todas las mujeres y avanzar hacia una igualdad real.

Como movimiento feminista debemos exigir que el estado da respuesta a la grave crisis de cuidados que estamos viviendo en la sociedad y que ésta no recaiga sobre los hombros de mujeres explotadas laboralmente o en mujeres que no tienen otra opción que cuidar de su familiar porque no existen recursos suficientes y terminen tenemos una doble o triple jornada laboral. Si queremos conseguir la emancipación de las mujeres debemos exigir políticas públicas que lo hagan posible.

22/05/2020