EL MERCADO DISIMULA, LA PRECARIEDAD NO PUEDE

 

Alfons López

Dibujante, autor de cómic

 

 

Hay quien sostiene que, en el mercado español, hoy se publican más títulos de tebeos que nunca. Pero parece ser que solo en 1961 las editoriales españolas de la época, encabezadas por las cuatro grandes: Bruguera, Toray, Maga y Valenciana, editaron casi un total de 4.700 nuevos títulos, en su mayoría obra de autores españoles. Unos mil más de todo lo que publicaron en 2017 los editores actuales. Eran unos tebeos más delgaditos, eso sí.

Antes de continuar quisiera dar las gracias, entre otros, a Toni Guiral y la Asociación Cultural Tebeosfera cuyos datos han confirmado en buena medida mis sospechas e intuiciones conforme los árboles de una cierta abundancia de títulos no permiten ver el bosque del mercado. Lo disimulan.

CONSIDERACIONES GENERALES SOBRE EL PAPEL

Hay datos que aseguran que en diez años y por diversos motivos: Crisis, cambio de hábitos… Se han rebajado a la mitad las tiradas de los libros, pero que hoy asistimos a una cierta recuperación de manera que el gasto familiar en literatura en España se encontraría en línea de la media europea, como Italia, más o menos, y por debajo de Francia y Alemania, claro. Lo que contrasta con las estadísticas que insisten, una y otra vez, en que el 40% de los españoles no leen nunca o casi nunca un libro. De hecho los que lo hacen con una cierta frecuencia no llegan al 50%. Por lo que podemos deducir que mientras unos no pillan una letra, (el whatsapp no cuenta) otros se lo leen todo. Y bueno, algún tebeo sí debe caer, digo yo… Al fin y al cabo no hay tanta diferencia, el origen de las letras son palabras dibujadas.

LA LITERATURA DIBUJADA COMPARADA CON LA OTRA

En general las comparaciones son odiosas, especialmente si son entre cuñados o vecinos. Seguimos en 2017. En Francia la facturación de la Bande Dessinée llegó al 6% del total de los libros teniendo en cuenta que hay periodos en que se acerca al 10% y eso sin contar que el año que sale el último álbum de Asterix generalmente resulta ser el libro más vendido con ediciones que superan el millón y medio de ejemplares. Se calcula que los franceses sin distinción  de edad etnia o sexo consumen una media de entre uno y cuatro tebeos por persona y año. Y sí, también notaron la crisis. Pero menos.
Mientras, en España y en el mismo periodo, la facturación de tebeos, tuviera el formato que tuviera, se situaba un poco más allá del 2% del total de libros editados. Definitivamente en este país hace tiempo que la historieta dejó de ser un medio de masas.
Algunos datos más sin abusar: Aquí, los libros, que ya menguaron hacia tiradas inferiores a los 3.000 ejemplares de media, resisten como pueden especialmente gracias a las lectoras femeninas. Mientras que diarios, revistas de humor y comics, leídos mayoritariamente por varones, estan en retirada sin prisa pero sin pausa. Ah, y las esperanzas puestas en las viñetas digitales parece que de momento se quedan en un índice del 2% de lectura. Veremos…

RECAPITULEMOS


Estamos en un país al que le cuesta más leer que tener puesta al día su memoria histórica, lo cual es posible que esté íntimamente relacionado. A eso hay que añadir la actual avalancha de la oferta audiovisual digital que cubre amplios espacios de ocio e información, por poco dinero y a veces de forma gratuita. (bueno, todo tiene un precio, pero eso sería otro artículo…) Sin olvidar la crisis económica ¿recuerdan? Una de esas tan simpáticas que tiene periódicamente el sistema capitalista y que vació los bolsillos de los esforzados consumidores. Todo ello da como resultado que aquí tenemos a una buena parte de la cultura que se expresa a través del papel si no moribunda, sí en la UVI.

LA HISTORIETA DE CREACIÓN ESPAÑOLA

Según se presente la temporada, y ya llevamos unas cuantas, la obra nueva de autoras y autores españoles oscila entre el 10% y el 12% del total de la edición nacional frente a un 70% o un 75% de obra extranjera traducida que se mantiene estable, cuando no en aumento. El resto corresponde mayormente a reediciones de aquí o de allá. Como habrán adivinado, la mayoría de la obra traducida corresponde en primer lugar a Norteamérica con sus superhéroes, seguida del manga japonés, en tercer lugar a las producciones del resto de Europa más un pequeño apartado de varios pero con poca relevancia.

Como repasaremos más adelante, el mercado de la historieta es desigual y frágil y, como sus hermanos mayores, los grandes mercados que dominan el mundo, cegato y conservador. Hay excepciones, claro, porque si analizamos aunque sea por encima la política editorial de las editoriales españolas veremos que son algunas de las medianas y las pequeñas las que más apuestan por los autores de casa y a veces con muy buenos resultados.
Sin embargo y en líneas generales, el panorama es preocupante para nuestra cultura. Después de la enésima caída y recuperación, los tirajes de los tebeos bajaron parejos a los de los libros y si bien en 2015 estaban en una media que no llegaba a los 3000 ejemplares, hoy cada vez son más comunes ediciones de 1000 ejemplares y bajando… gracias a la impresión digital que permite autoediciones de 200 con la esperanza o no, de ir subiendo si la cosa funciona… ¿Cómo? Si la avalancha de títulos nuevos hará efímera su existencia en las librerías.

AUTORES Y PRECARIEDAD

En mi opinión hubo dos épocas de oro en la historieta española. La primera, la que podríamos definir como clásica y que a nivel creativo se desarrolló desde finales de la Guerra Civil hasta mediados de los años sesenta, (a nivel comercial aguantó un poco más) periodo en el que apenas se tradujo obra exterior. (bueno sí, siempre estaban los clásicos norteamericanos…) Es en ese momento cuando se crearon los personajes más emblemáticos de nuestros tebeos de la mano de autores inolvidables como: Buigas y Benejam, Escobar, Mora y Ambrós, Gago…Trabajaban todas las horas del reloj y sus derechos como autores quedaban manifiestamente en la intemperie, es decir, que se les explotaba todo lo que buenamente se podía según la legalidad vigente, aparte de eso, se ganaban razonablemente la vida y los tirajes de las publicaciones tenían algo que ver: El TBO llegó a vender 350.000 ejemplares (1957), Pulgarcito, 240.000 (1971), El Capitán Trueno, 300.000 (finales de los 50), El Guerrero del Antifaz, 200.000 (años 50)…Gracias a un público mayoritario que no conocía su cara pero que les esperaba cada quince días o cada semana. Hasta que un día de 1964 y siendo yo un adolescente, el señor Julián, mi kiosquero de cabecera me dijo: “Es que con esto de la televisión ya no se venden tantos tebeos como antes”. Y tenía razón. Había empezado la lenta caída del tebeo clásico español.

Es cierto que el gigante de la historieta, la editorial Bruguera, mantendría tirajes muy altos durante bastantes años pero, salvo excepciones, su impulso creador fue diluyéndose en la repetición de si mismo en una decadencia de manual.

Habría que esperar a otro momento de la historia de España para que llegara la segunda época de oro de la historieta autóctona.

Es cierto que entre medio aparecieron ensayos de lo que habría de venir. Me refiero muy especialmente  dos publicaciones: Trinca i Gaceta Junior, en ellas se dieron a conocer una serie de jóvenes autores que luego marcarían el camino de la nueva historieta.

icult comic Paul Preston comic La guerra civil de Jose Pablo Garcia

En 1975 murió el dictador y con su desaparición física llegó la Transición política y se liberaron algunas energías creativas que hasta ese momento se contenían. “Hay una juventud que aguarda”, había dicho en uno de sus libros Paco Candel, y tenía razón. Por supuesto y como luego se ha visto, no todos los jóvenes aguardaban algo nuevo, pero algunos sí. Y entre ellos había nuevos autores que encontraron a nuevos editores que pretendían hacer tebeos diferentes. Los cambios de ciclo se caracterizan por la aparición de nuevos valores  y nuevas formas que los representen. La nueva historieta española, influenciada por las grandes corrientes que venían de Francia, Italia y Estados unidos, se declaraba destinataria a un público adulto en contraposición al modelo tradicional de producto infantil o en su defecto, “para toda la familia” y ya no hablemos del dedicado al público juvenil femenino, que eso sería ya otro discurso y otro análisis no menos necesario. Por eso, para diferenciarse de los modelos anteriores, los nuevos tebeos pasaron a llamarse “comics” mientras que en el resto del mundo se seguían llamando como siempre: Fumettis en Italia, Bandes dessinées en Francia, etc…Se impuso el formato revista y las posteriores recopilaciones en Álbum. Y aunque un servidor mantiene que la mayoría de la nueva producción local y foránea tenía poco de adulta y sí mucho de adolescente, autores como Núria Pompeia, Carlos Giménez, Luis García, Ventura y Nieto o Ivà, entre algunos otros, produjeron aquí las primeras obras adultas y maestras del medio. La revista El Papus llegó a vender semanalmente 225.000 ejemplares (años 70), El Jueves, 201.000 a la semana (1991), Los álbumes de Ivà alcanzaban los 30.000 y 40.000, (otros nos teníamos que conformar con algo más de 20.000…) El Vibora vendía al mes 50.000. Cimoc 35.000, “1984” 40.000… Los autores ahora sí veían reconocidos sus derechos, además algunos podían ver aumentados sus ingresos gracias a las agencias internacionales que negociaban nuevas ventas al extranjero. No era perfecto pero fue una época aceptable.

Sin embargo, la avaricia acostumbra a romper el saco y el exceso de publicaciones, de títulos (¿les suena?) fue en detrimento de la calidad de las revistas que publicaban lo primero que se les ocurría a los cerebros editoriales con tal de llenar páginas… que luego se reeditaban en álbum…¿para qué comprar la revista si solo me interesa el 30% de lo que lleva y que encima luego saldrá en álbum?. Total, a principios de los 90 llegó el fin de la segunda edad de oro del tebeo español, la época de la Transición o como se quiera llamar.

A eso habría que añadir que, debido a la mala gestión, la editorial Bruguera cerró definitivamente sus puertas en 1986. Con ella el país perdió la gran industria del tebeo y como sucede en la naturaleza, su nicho de editorial popular fue ocupado por otras ofertas: Los superhéroes americanos y el manga japonés. Y así hasta el día de hoy con consecuencias, seguramente irreversibles, para la cultura y los futuros autores españoles.

Contradictorio panorama el de hoy. Porque el 10% de cuota de mercado para los autores españoles también disimula la realidad, lo poco que queda del pastel no se reparte equitativamente, fijémonos bien. La mayor tajada se la lleva el autor estrella español. Sea quien sea su editor, el incombustible Francisco Ibañez  supera reiteradamente los 20.000 ejemplares de ventas con sus álbumes, y tiene dos títulos relativamente recientes: “El tesorero”, con Mortadelo y Filemon y el integral “Rue del Percebe” que han llegado a los 150.000 y 30.000 ejemplares vendidos respectivamente. Le sigue la revista El Jueves, que resiste, con ventas semanales (datos de 2016) de 26.000 ejemplares. A continuación la publicación infantil en lengua catalana Cavall Fort, que se envía por suscripción, con ediciones quincenales que están entre los 11.000 y los 12.000 ejemplares. Y la editorial Astiberri, en especial con su autor insignia Paco Roca, autor con ventas más que decentes, en especial su gran éxito “Arrugas” que con sucesivas ediciones podría andar cerca de los 70.000 ejemplares. Van de los primeros pero no son los únicos. Actualmente la moda o el márqueting ha decidido que el comic no infantil se defina a partir de un formato propio: la novela gráfica. El oportunismo de algunos hace que no sea adulto todo lo que reluce y en álbum también existe comic con mayoría de edad pero a veces el invento funciona: Biografías, reportajes, comedia, análisis políticos, ensayos…Por ejemplo, la adaptación al comic de “La guerra civil española” de Paul Preston, a cargo de José Pablo García, ha vendido unos 30.000 ejemplares. Y lo más importante, para mí: La incorporación de las mujeres como autoras de historieta (también de humor gráfico) y como lectoras, a un medio que tradicionalmente era un mundo de hombres. Algunas compañeras consiguen ventas que superan los 5.000 ejemplares y subiendo.

Hasta aquí el sector de los que pueden vivir de publicar solamente en España y que casi se pueden contar con los dedos de una mano. Otros, otra minoría, como Manel Fontdevila, Bernardo Bergara, Miguel Gallardo…Y no muchos más, somos más o menos polivalentes y eso ayuda, porque alternamos la historieta con la viñeta o la ilustración de prensa. Otro sector en crisis del que periódicamente somos expulsados para ahorrarse el chocolate del loro.

Prácticamente la mitad de todos los dibujantes españoles en activo, parece ser que alrededor de unos 360, viven del exilio cultural, es decir, de trabajar para el universo del superhéroe norteamericano y en menor medida del mercado francobelga. Hace años que posiblemente no conoceríamos las obras de Rubén Pellejero (antes de Corto Maltés… ) o de Alfonso Font si previamente no se hubieran publicado en Francia ¿y el resto?

El resto, una mayoría, son un milagro de la vocación y el reino de la precariedad. Como es fácil de imaginar, con tiradas de 1000 ejemplares, los anticipos son de risa para los largos meses de trabajo que vienen después. De manera que al autor  solo le queda aventurarse en los terrenos de la fe y orar ante algún tipo de dios para que su obra se venda en algún otro país mientras trabaja de cualquier otra cosa.

Si para la mayor parte del mercado las ventas bajan y en consecuencia los tirajes cada vez son más cortos y para compensarlo cada vez se publican más títulos, significa que sucede algo parecido a lo que pasa con el público que compra libros de literatura pero aún más exagerado: Que unos pocos, casi selectos aficionados, lo compran casi todo…Mientras el bolsillo aguante, ¿Y a donde nos lleva eso? ¿Cómo quedarán los autores españoles?
No sé, a lo mejor habría que reflexionar un poco sobre el tema. Creo firmemente en el placer que supone conocer cómo se expresan diferentes culturas, ya sea a través de la música, la literatura y por supuesto del comic. Pero para ello es imprescindible que exista la igualdad de oportunidades.

Barcelona, 20 de Mayo de 2019