Editorial

 

Xavier Navarro

Secretario de Comunicación de la FSC-CCOO Catalunya

 

 

 

Hablar de clases, de clase trabajadora, de ciudadanía como sujeto de derechos y de sindicato como expresión organizada de la clase, nos lleva a hacer un debate interesante y aún más en los momentos que vivimos. Con este modesto escrito, quiero plantear algunos apuntes útiles para la reflexión y enmarcar el debate que se propone en este número de PERSPECTIVA.

La clase trabajadora no surge como el sol y la luna, a una hora determinada, sino que es un proceso de construcción y de cambio donde intervienen diferentes elementos. Hablamos de clase y no de clases porque al hablar en plural hacemos expresiones muy descriptivas sobre diferentes situaciones y fenómenos pero se elude el concepto globalizador y unificador. La clase es un fenómeno histórico unificador, algo que se conforma en la medida que personas con experiencias comunes tienen la necesidad de articular los intereses entre ellos y frente a otros intereses diferentes y contrapuestos. Las relaciones productivas están inmersas en un cambio profundo, generando por tanto, un proceso de cambio, no concluido, de lo que hasta entonces entendíamos y identificábamos como clase trabajadora.

Debemos ser conscientes de que el sentimiento de grupo conforma la clase, en un elevado grado. La vinculación emocional, de pertenecer a un grupo. La conciencia es la forma en que se traducen sistemas de valores, ideas… y organizaciones como formas institucionalizadas. La conciencia de clase se conforma en diferentes lugares y ámbitos, pero nunca de la misma manera ya que las experiencias son diferentes. Hoy tenemos una clase en mutación, en plena transformación porque lo que la conforma (las experiencias) han modificado profundamente con los cambios importantes en las relaciones productivas.

La organización, la expresión organizada de la clase, es decir, el sindicato, en sus análisis somos capaces de ver los cambios sociales y productivos, a veces un poco a contrapié, y somos también capaces de hacer breves descripciones de la realidad, pero, en cambio, no avanzamos tanto como deberíamos en la adecuación de la organización a ésta nueva y cambiante realidad, para intervenir en ella, para hacer actuaciones y discursos que permitan generar vínculos emocionales favorecedores de la conciencia entre los trabajadores y trabajadoras no vinculados al modelo productivo que lo hizo nacer.

Un último elemento estrechamente ligado a los anteriores, es la necesaria e importante incidencia de la clase en la política, porque necesitamos posibilitar que el mundo del trabajo vuelva a jugar un papel central en la política, en el discurso y la acción política de las fuerzas que se reclaman como alternativas y transformadoras.

Estos cambios se producen en el marco de la intensa ofensiva conservadora del capital financiero, que tiene por objetivo destruir derechos laborales y la privatización o destrucción de sus conquistas sociales que generalizadas y universalizadas han conformado hasta la fecha los derechos de ciudadanía en una sociedad democrática.

El debate planteado es, pues, pertinente y necesario, y más aún en el marco del debate del proceso congresual que viven el conjunto de las CCOO. Deseamos pues, que las diferentes aportaciones no queden en un interesante ejercicio intelectual sino que ayuden a elaborar estrategias que permitan abordar los retos que se plantean.

En el conjunto de los artículos, encontraremos aportaciones y reflexiones, no todas coincidentes, con un carácter global, y otros que parten de realidades concretas (las pluralidades que nos referíamos al inicio de este escrito): cultura, infancia, juventud, feminismo como un importante factor que aporta elementos importantes en la configuración de la clase….,  todas ellas complementarias y que dan pistas y pie a otros debates que abordaremos desde PERSPECTIVA.

Barcelona, 13 de Enero de 2017