Ciudades “smart” o gobiernos inteligentes

 

Aurelio Martín González
Concejal de Medio Ambiente y Movilidad del Ayuntamiento de Gijón/Xixón

 

 

Casi coincidiendo en el tiempo con la redacción de este artículo se celebra en Barcelona el denominado “Smart City Expo World Congress” con la asistencia prevista de representantes de más de setecientos gobiernos locales y de ochocientas sesenta empresas expositoras de todo el mundo, bajo el atractivo lema, para este año 2019, de “Ciudades hechas de sueños”.

La celebración de este tipo de eventos muestra de manera nítida la irrupción de la iniciativa privada, y especialmente de las compañías multinacionales, en el ámbito de la gestión y la administración públicas, una tendencia con una relevante incidencia en el ámbito local.

Tras décadas de movilizaciones y de acciones reivindicativas de los movimientos ecologistas, con resultados más bien limitados, los medios de comunicación, las redes sociales y, especialmente las empresas, han conseguido introducir en la agenda política la necesidad imperiosa de la sostenibilidad ambiental con la transformación de nuestras poblaciones en ciudades inteligentes y autosuficientes como receta.

Sin embargo, a poco que se profundice, descubriremos que los términos “smart city” (ciudad inteligente) e “Internet of the things” (Internet de las cosas)” fueron inventados por una empresa multinacional (IBM) cuyo negocio se basa en la venta de software y hardware; y no solo eso, sino que la evolución de la estructura comercial de esta multinacional y de otras similares (CISCO, Siemens, etc.) se asemeja cada vez más a las áreas de gobierno de las ciudades. Dos datos que, al menos, ponen en cuestión el verdadero calado de la tan manida revolución urbana que transformará, teóricamente, nuestras ciudades en urbes más limpias, eficientes, seguras y conectadas.

Ya en el año 2008, los propios directivos de IBM (campaña Smarter Planet) declaraban que el sector público constituye un enorme mercado sin explotar con un enorme potencial de crecimiento. En el año 2011, la multinacional lanzó al mercado una solución denominada “Centro de operaciones inteligentes para unas ciudades inteligentes”: un centro de control para los ayuntamientos que pretende reunir toda la información disponible de la ciudad para analizarla y poder anticipar las reacciones del sistema urbano ante una situación de cambio. Simplificando: los ayuntamientos les proporcionan toda la información disponible de la ciudad: energía, contaminación, movilidad, etc., y la empresa ofrece soluciones previo pago.

En términos similares, pero a otra escala, podemos analizar las nuevas “startup”, otro término anglosajón que se utiliza para referirse a empresas de nueva creación o muy jóvenes con grandes posibilidades de crecimiento en un corto periodo de tiempo: en resumen, empresas susceptibles de dar un pelotazo que habitualmente basan su estructura en empleos precarios. La gran mayoría de las empresas que hoy en día irrumpen y copan ámbitos como la movilidad sostenible (bicicletas, ciclos y patinetes eléctricos, coches eléctricos compartidos, transporte de última milla, etc.) o el mantenimiento y la gestión del tráfico, son startups.

En otro orden de cosas, las nuevas tecnologías no siempre se pueden considerar herramientas sostenibles: un ejemplo singular es el comercio electrónico, con un crecimiento estimado en España de un 20% anual y que según los datos proporcionados por el Área Metropolitana de Barcelona ha contribuido a que, en su área geográfica, el reparto de mercancías genere ya el 40% de la contaminación atmosférica.

A la vista de todo lo expuesto, cabe hacerse algunas preguntas: ¿realmente las nuevas tecnologías son, por sí mismas, una verdadera alternativa al actual modelo urbano o solo un nuevo modelo de negocio? ¿Quién gana y quién pierde con la transformación tecnológica de la gestión urbana, incluso si se trata de transformaciones cualificadas como sostenibles y necesarias? ¿Qué implica en la gobernanza democrática de las ciudades la irrupción de las empresas privadas en su gestión?

No se trata de demonizar lo que se entiende por ciudad inteligente, ni siquiera de demonizar la actividad de las empresas multinacionales, pero por encima de la quimera que nos prometen los defensores a ultranza de las nuevas tecnologías como la solución definitiva para la gestión urbana sostenible, debemos también ser críticos y capaces de plantear alternativas a los modelos a los que la única sostenibilidad que importa es la de la cuenta de resultados.

Gijón, 22 de Noviembre de 2019