Capitalismo renano 2.0

 

Dierk Hirschel

Responsable del departamento económico de VER.DI

 

 

Los mercados financieros, la globalización y la digitalización han sacudido intensamente al capitalismo renano. Hoy día las empresas están más orientadas hacia la rentabilidad y se hallan presentes en plataformas internacionales y digitales. Los mercados están menos integrados en la sociedad. La inestabilidad, la incertidumbre y la desigualdad han aumentado.

Este moderno capitalismo es un capitalismo renano 2.0. Y la actualización 2.0 pone de manifiesto los cambios estructurales de las últimas décadas: inversores financieros, cadenas globales de creación de valor y plataformas digitales.

El principal desafío del capitalismo renano 2.0 es una estructura económica profundamente dividida. A un pequeño núcleo industrial altamente productivo y dependiente de las exportaciones se contrapone una economía de servicios cada vez más dependiente del mercado interior y con una productividad relativamente baja. El capitalismo renano 2.0 tiene un mercado laboral dividido. En el primer segmento del mercado laboral trabajan empleados altamente cualificados con convenios salariales que perciben salarios altos y gozan de buenas condiciones laborales. El segundo segmento está formado por un gran sector de salarios bajos con trabajos mayoritariamente precarios y mal remunerados. Esta escisión de la estructura económica del capitalismo renano 2.0 paraliza su dinámica de acumulación. Las tasas de crecimiento de las inversiones y del producto interior bruto decrecen.

El futuro de la industria

En las últimas décadas la estructura económica del capitalismo renano ha cambiado enormemente. La minería, la industria del acero, los astilleros y la industria textil casi han desaparecido. Desde 1970 el porcentaje de empleos industriales entre la población activa se ha reducido a la mitad. No obstante, tras esta larga fase de contracción la industria ha logrado mantener su peso económico. Desde comienzos de siglo el porcentaje de la producción industrial respecto al conjunto de la creación de valor se ha mantenido estable acercándose al 24%, y también se ha detenido la destrucción de empleo.

El modelo productivo alemán ha resistido bien la marcha triunfal de los accionistas, la integración en cadenas internacionales de creación de valor y la transformación digital. Los centros productivos de la industria del automóvil, de las industrias química y farmacéutica y de la construcción de maquinaria ubicados en el oeste de Alemania son los primeros violines de las cadenas internacionales de creación de valor. Sus contribuciones continuarán teniendo una gran importancia estratégica en el futuro.

La capacidad tecnológica de la industria nacional está intacta. El porcentaje del producto interior bruto dedicado a gastos de investigación está creciendo. Los gastos en innovación de la industria intensiva en investigación crecen más que su facturación. Con ayuda de Industria 4.0 y con el Internet de las cosas, la digitalización aumenta la productividad de los centros de producción. El riesgo de que Apple, Google y compañía asuman la supremacía en la construcción automovilística alemana es muy bajo, sencillamente porque los gigantes de Internet carecen del necesario conocimiento sobre los productos y la producción. A pesar de ello, la industria del automóvil se enfrenta a una intensa transformación estructural. En la actualidad, la fabricación del motor eléctrico exige solo la mitad de la creación de valor que exige un motor de combustión interna. Este cambio del sistema de tracción puede costar en toda la república decenas de miles de puestos de trabajo. Pero la rentabilidad de los consorcios industriales continúa siendo alta. Gracias a su intenso poder de mercado y a sus productos de alta calidad y valor añadido continúan imponiendo precios altos.

En la industria del oeste de Alemania continúa viva la tradición corporativista. Los empresarios, los propietarios del capital y los sindicatos apuestan por el compromiso en vez de hacerlo por el conflicto, y los convenios colectivos y la cogestión son aceptados por los consorcios. El Estado apoya a las empresas en la transformación estructural con una activa política industrial, favoreciendo la producción de baterías, creando infraestructuras de recarga y apoyando la venta de automóviles eléctricos. A corto plazo los grandes consorcios industriales afrontarán con éxito la inminente falta de mano de obra especializada ofreciendo salarios altos, carreras atractivas, actividades internas de formación y capacitación y atrayendo a inmigrantes de alta cualificación.

Sin embargo, hay algunos pilares institucionales de la producción de calidad sometidos a presión. Como consecuencia de su infrafinanciación crónica, el sistema alemán de formación, educación y capacitación está cada vez menos a la altura de los requisitos de una economía nacional moderna. Apenas una cuarta parte de las empresas continúa realizando formación, y en consecuencia en un futuro cercano muchas pequeñas y medianas empresas carecerán de especialistas.

Pero esto no es todo. El convenio salarial sectorial se ha visto erosionado tras la reunificación alemana. Las pequeñas y medianas empresas soslayan los convenios colectivos. De Berlín a Múnich, solo uno de cada dos empleados está protegido por un convenio colectivo. El sector de salarios bajos y los trabajos precarios ha crecido fuertemente, y ahora en el país casi uno de cada cuatro empleados trabaja por un salario bajo. El número de empresas que tienen comité de empresa y consejo de supervisión ocupado paritariamente está descendiendo.

A ello se añade la agravante de un sector público infrafinanciado. Un Estado adelgazado ya no puede mantener las infraestructuras. El atasco de las inversiones en transporte, energía, digitalización y protección contra el cambio climático va en detrimento de la capacidad económica de las empresas y de la economía nacional, lo que conlleva consecuencias negativas para la calidad y el alcance de los correspondientes servicios de infraestructuras.

Si a medio plazo quebraran uno o varios de estos pilares institucionales del modelo de producción alemán, la viabilidad futura del núcleo industrial se vería seriamente en peligro.

El futuro de la economía de servicios

Los sectores de servicios del país llevan décadas mendigando. No se desarrollaron mediante la ampliación del Estado social y una política de servicios activa para convertirse en sectores altamente productivos, como sí ocurrió en los países escandinavos. ¡Con consecuencias fatales!

En el comercio minorista, en los hospitales, en los cuidados, en la logística y en la capacitación los gastos de personal son, con gran diferencia, el mayor bloque de gasto. Una escasa vinculación a los convenios colectivos, estándares de calidad insuficientes y ratios de personal muy bajos conducen a una presión salarial masiva, un aumento de la intensidad del trabajo y largas jornadas laborales. A todo ello los sindicatos muy poco pudieron oponer. No constituyen un contrapoder en el sector de servicios, en el que predominan las pequeñas y medianas empresas. La política social y del mercado laboral de los años 2000 agudizó la situación al favorecer los salarios de pobreza y el empleo precario, amortiguando así el consumo privado. Una financiación insuficiente del Estado social (sobre todo en educación y sanidad) se encargó, y continúa encargándose, de que por motivos de costes no se amplíen los servicios públicos ligados a la creación de empleo. En muchos sectores de servicios se ha enquistado una brutal competencia de precios y costes (comercio minorista, servicios de paquetería). En consecuencia, el crecimiento de la productividad en los sectores de servicios es muy débil. Desde mediados de los noventa, las empresas nacionales de servicios invirtieron demasiado poco en TIC, innovación, cualificación, publicidad, investigación de mercados, investigación y desarrollo, copyright y licencias o diseño. No es casualidad que, por cuanto respecta a la penetración en los sectores de servicios con avances digitales, Alemania vaya a la zaga. Evidentemente estas inversiones en modernización no compensaban, debido a los bajos costes laborales y a una demanda insuficiente. Hoy día los salarios bajos y las malas condiciones laborales conducen a una aguda falta de mano de obra especializada en sectores de servicios concretos (p.ej., cuidados, guarderías y escuelas infantiles, paquetería). Con ello se cierra el círculo vicioso de salarios bajos, escasa demanda, baja productividad y mala calidad de los servicios.

Perspectivas

En el capitalismo renano del siglo XX había una correa de transmisión que durante mucho tiempo, a través de impuestos, gravámenes y convenios colectivos sectoriales, estuvo transfiriendo al sector público y a los sectores de servicios una parte de las ganancias de productividad de la industria. La desigualdad económica no era muy grande. En particular, la estructura salarial era bastante igualitaria comparada con el contexto internacional.

Pero esta correa de transmisión se ha roto en el capitalismo renano 2.0. La política social, fiscal y del mercado laboral de los 2000 ha hecho crecer fuertemente la desigualdad económica. Los mercados financieros, la globalización y la digitalización han agudizado esta tendencia a la desigualdad. Las diferencias de renta entre directivos y trabajadores, entre mujeres y hombres y entre empleados de la industria o del sector servicios son abismales.

La creciente desigualdad de renta y de patrimonio ha debilitado de manera estructural el consumo privado, y por tanto la demanda del conjunto de la economía. Al mismo tiempo, un Estado crónicamente infrafinanciado ya no invertía suficientemente en infraestructuras físicas y sociales, por lo que se bloqueó la evolución de los sectores de servicios. La profunda escisión de la estructura económica del capitalismo renano 2.0 frena las inversiones, la productividad y el desarrollo económico.

Además, el permanente lastre que sufren las exportaciones en el capitalismo renano 2.0 agudiza los conflictos económicos exteriores. Desde el cambio de siglo la mayor parte del débil crecimiento económico alemán se ha basado en la demanda exterior. Pero todo cambió tras la gran crisis de los mercados financieros. No obstante, la economía nacional alemana continuará generando grandes superávits de exportación y en la balanza por cuenta corriente. Estos desequilibrios en la economía exterior produjeron tensiones económicas y políticas entre Alemania y sus socios comerciales. Los actuales conflictos comerciales con Estados Unidos y China no son más que un anticipo de lo que está por venir.

Octubre de 2020