Tendremos que ser capaces de tejer, reconstruir

 

 

Por gentileza del amigo Marcello Belotti tenemos el artículo de Francesca Seghezzi, Secretaria CGIL Lecco, Lombardia, Italia

 

 

 

2020 para Europa representa un año importante, un año atravesado por la pandemia global del covid-19 pero que asimismo nos entrega una nueva Europa, una nueva idea de Europa, una nueva política económica europea. La suspensión del pacto de estabilidad junto con Next Generation Eu representan plenamente este cambio, el cambio en las políticas económicas orientadas a todo lo que es público y ya no a la financiación de lo privado, es decir la idea de intentar construir una idea de una Europa económicamente competitiva y el ambición de convertirse en el continente más sostenible.

Un plan que vincula los recursos al desarrollo sostenible, la digitalización y la cohesión social, lo que significa, por lo tanto, que la creación de un buen empleo solo puede ser entendida por el sindicato como una gran oportunidad para repensar su propio papel y la capacidad de condicionar las decisiones.

Este nuevo enfoque europeo, muy esperado por muchos de nosotros en los últimos años, junto con los rápidos procesos de innovación y transformación tecnológica, también requieren una reflexión sobre nuestra capacidad de estar en el medio de las cosas.

El movimiento sindical italiano siempre ha tenido una fuerte caracterización y capacidad en el sistema de producción industrial, pero se enfrenta a serias dificultades en el mundo del sector terciario y de los servicios.

Es bastante verosímil imaginar que el desarrollo tecnológico conducirá inevitablemente a una disminución en el número de empleados en el mundo manufacturero, pero también al nacimiento de nuevas profesiones como una expansión de empleados en el sector terciario y servicios a empresas y personas; por tanto, nuestra capacidad para reposicionar la representación del mundo del trabajo es aún más urgente.

El mercado laboral italiano, que desde hace más de veinte años se ha inclinado hacia una precariedad cada vez mayor de las relaciones laborales, se caracteriza por una contracción continua de las horas contractuales (de hecho, las jornadas parciales involuntarias aumentan constantemente) y una subcontratación de actividades a contratistas, según una lógica de la “mayor rebaja”, además de empobrecer enormemente el trabajo, no ha ayudado al movimiento sindical italiano, sino que nos ha colocado en una condición casi exclusivamente defensiva y rara vez adquisitiva.

Ahora, el cambio de paradigma económico europeo junto con la pandemia, nos permite en cambio repensar un nuevo modelo de representación de los trabajadores.

La pandemia, en la enormidad y tragedia de la situación, ha tenido el efecto positivo de obligar al sistema económico a repensarse, ha dejado muy claro que los diversos sujetos económicos no tienen la agilidad suficiente para moverse de forma autónoma, sino que tienen, y cada vez más tendrán, la necesidad de entrelazarse.

Entre los sujetos económicos que, por tanto, deberán saber leer y, en consecuencia, adaptarse a este cambio de época, también están los sindicatos.

El mundo empresarial, las instituciones y los sindicatos deben, por tanto, estar preparados a “inventar” nuevos modelos de negociación, nuevos espacios de discusión, en los que el territorio será inevitablemente el nuevo protagonista.

Si, por tanto, este nuevo modelo de desarrollo contempla la no autonomía y la no autosuficiencia de los sujetos económicos individuales, la negociación del mañana requiere que exista una convergencia entre todos los sujetos económicos (incluido el sindicato por lo tanto), colocándonos de nuevo en una posición definitivamente más determinante. Sobre todo si se compara con nuestra posición en el modelo capitalista conocido hasta ahora, que ve la idea de capital como un sujeto que también puede determinar de manera autónoma el desarrollo y por lo tanto no necesita compartir nada con ningún otro sujeto.

Avanzar hacia un modelo de desarrollo medioambiental pero también socialmente sostenible requiere de elecciones cuidadosas que se modelen en torno a las peculiaridades del territorio en el que se introducirán, es repensar la organización del trabajo pero también la organización de los tiempos y espacios para vivir y moverse. El sistema empresarial en este nuevo modelo de desarrollo se verá obligado a replantearse el papel social que juega en el territorio, así como las instituciones estarán llamadas a un papel de programación y apoyo mucho más significativo que el que han ejercido hasta ahora.

Y, por tanto, el territorio será el nuevo terreno de confrontación, el nuevo terreno de representación y el nuevo terreno de negociación.

Por lo tanto, tendremos que ser cada vez más capaces de anhelar a representar a las trabajadoras y los trabajadores no sólo dentro de sus empresas o sus sectores, sino también como ciudadanas, ciudadanos y sujetos activos del territorio, construyendo alianzas, barrio por barrio, con las fuerzas sociales del territorio, desde la política a las asociaciones.

Para dar respuestas a las desigualdades, que han crecido y se han agravado aún más en este año pandémico que acaba de pasar, se requieren nuevas soluciones, una solución ad hoc que sólo el territorio puede ser capaz de detectar de manera oportuna y por lo tanto también intentar resolver.

Tendremos que ser capaces de tejer, reconstruir, apoyar y proteger la cadena de valor de sus producciones en el territorio.

En este escenario que ve su epicentro en el territorio, ya no se puede postergar una discusión dentro del sindicalismo europeo sobre cómo intentar imaginar modelos de negociación común que garanticen la exigibilidad de derechos de carácter universal y que frenen el fenómeno del dumping entre países, que frustrarían aún más que hoy la transición hacia este nuevo e indispensable nuevo modelo de desarrollo.

Enero de 2021