El Sindicato defensor de intereses generales

 

Alfonso Labrador

Director del CERES de CCOO Catalunya

 

 

 

Los cambios que se han producido en la sociedad y en el mundo del trabajo hacen aún más necesario el papel del Sindicato como defensor de intereses generales. Es más, el futuro del sindicalismo de clase pasa en buena parte por esta función.

Visiones clásicas, como la división de funciones, propia de la socialdemocracia entre partido y sindicato, o la correa de transmisión en los partidos comunistas han quedado hoy completamente obsoletas.

En el primer caso, el sindicato atendía fundamentalmente las cuestiones laborales (mejora de los salarios y de las condiciones de trabajo) y delegaba en el partido la responsabilidad de velar por los intereses generales de la clase trabajadora.

En cuanto a la correa de transmisión entre el partido y el sindicato, dejando de lado visiones simplistas que la reducían a una relación puramente instrumental, respondía a la idea de que la finalidad del sindicato (considerada por esencia reformista) debía subordinarse a la del partido que era el agente transformador de la sociedad.

La superación de estas visiones ha venido de la mano de la conquista de la independencia sindical. No está tan lejos en el tiempo. Sólo hay que remontarse a la relación conflictiva entre UGT y el Gobierno del PSOE de Felipe González cuando el sindicato se negó a avalar su política. O en el caso de CCOO, cuando firmó acuerdos generales que entendía beneficiosos por su contenido para los trabajadores y trabajadoras, mientras el PCE consideraba que suponían un “balón de oxígeno” para el Gobierno de turno.

El hecho de que CCOO se haya definido desde su comienzo como un sindicato sociopolítico ha favorecido esta transformación. En sus Estatutos, CCOO “asume todas las reivindicaciones que afectan de forma directa o indirecta la vida del conjunto de trabajadores y trabajadoras, en la plena afirmación del papel fundamental e insustituible que el sindicato tiene en el desarrollo de la sociedad democrática y en la creación de las condiciones para establecer una sociedad socialista”.

Conquistas laborales y derechos sociales

Esto conlleva no sólo luchar por conquistas laborales sino también por los derechos sociales, es decir, para conseguir unos mejores servicios públicos en sanidad, educación, pensiones, vivienda, transporte, etc.

Desde esta visión, el Sindicato coopera con los partidos de izquierdas para conseguir unos objetivos comunes, pero no delega sus responsabilidades. A su vez, ejerce una función crítica sobre la acción de gobierno valorándola por sus hechos.

Sin dejar en un segundo plano lo prioritario para el Sindicato, y de dónde saca su fuerza y ​​legitimidad, como es la organización y representación de los trabajadores en las empresas, profundizar en la defensa de intereses generales le puede permitir afrontar mejor los graves problemas de paro, precariedad y desigualdad que hay en nuestra sociedad y conectar con los agentes implicados en el cambio.

Estamos asistiendo a cambios en el papel de los sujetos sociales. Se ha ido generando una nueva dinámica sociopolítica de carácter democrático frente a la crisis y sus responsables.

La articulación de esta mayoría social, que padece la situación de paro y precariedad y las consecuencias de las políticas de recortes, necesita de la aportación del sindicalismo, de su fuerza y ​​representatividad, para extender las movilizaciones.

El incremento de las desigualdades tiene su origen en el injusto reparto de las rentas del trabajo y en una fiscalidad regresiva que no favorece la redistribución de la riqueza, por eso es imprescindible la presencia y el protagonismo de los Sindicatos en la lucha para transformar la sociedad.

Barcelona, 13 de Enero de 2017