Sindicalismo corporativo: Especificidad u oportunismo

 

Cecilio Aperte

Secretario General FSC Navarra

 

 

Desde mi punto de vista existen, al menos, tres formas de ejercer el corporativismo en la actuación sindical: La de los sindicatos profesionales de aquellos ámbitos en los que tienen amplio poder de presión; la de los sindicatos profesionales que carecen de la capacidad de incidir de manera significativa en el proceso productivo y la de los sindicatos nacionalistas.

De tanto en tanto solemos escuchar a personas trabajadoras que afirman estar afiliadas a un sindicato corporativo porque es quien mejor puede defender sus derechos al conocer profundamente cuáles son sus necesidades en el puesto de trabajo. Esto, además de un planteamiento erróneo, denota una profunda insolidaridad y suele plantearse por trabajadores de colectivos que, en función de su posición en la cadena de producción, tienen una capacidad de presión especial.

De la misma forma, existe quien se organiza en sindicatos nacionalistas “porque son de aquí”, sin tener en cuenta que las contrapartes también lo son y por aquello de que, con la independencia se van a terminar los problemas de las personas trabajadoras; en esa parte, algunos sindicatos nacionalistas, aun en las reivindicaciones que comparten con los sindicatos de clase, pretenden diferenciarse de estos incorporando reivindicaciones que hagan imposible la unidad de acción con aquellos (ruptura de la caja única de la seguridad social, Estatuto de los Trabajadores autonómico, etc.).

A ninguna persona se le ocurriría decir que pelea por un marco riojano de relaciones laborales pero parece entendible que lo haga por el marco vasco de relaciones laborales; como si las personas que trabajan en Álava tuviesen que tener obligatoriamente mejores derechos que aquellas que lo hacen en la vecina Rioja y como si negociar en Euskadi supusiese obligatoriamente la garantía de alcanzar algo mejor.

Lo mismo ocurre con los trabajadores de un taller de RENFE o las personas que conducen trenes en la misma empresa. Los primeros, nunca tendrían un sindicato corporativo y se organizan en sindicatos de clase pues su fuerza está en la defensa colectiva y general de sus derechos y los del resto de personas que trabajan en la misma empresa y en otras; los segundos, se organizan mayoritariamente en un sindicato corporativo y utilizan el argumento de la especificidad para reivindicar mejoras exclusivas para el colectivo representado en el sindicato corporativo, sin tener en cuenta, o quizás por ello, que sus derechos de carácter general, los de sus parejas, hijas e hijos son defendidos de manera colectiva y general por las personas trabajadoras organizadas en los sindicatos de clase. Lo mío, mío, y lo tuyo, de los dos.

Reclamar para sí la profesionalidad por parte de los sindicatos corporativos, como si los trabajadores de esos colectivos que deciden organizarse en un sindicato de clase fuesen menos “profesionales” que quienes se organizan en el sindicato corporativo, vuelve a ser una forma de esconder la profunda insolidaridad y el nulo interés de mejorar las condiciones de vida y trabajo del resto de las personas trabajadoras porque ciertamente, utilizando su fuerza en defensa exclusivamente de sus derechos puede verlos aumentados de manera notable y si se hubiera utilizado esa capacidad de presión en la defensa de los derechos del conjunto de la empresa, su propia mejora se hubiese visto limitada; si en una gran empresa, un colectivo pequeño tiene capacidad de paralizar la producción, ésta estará tentada, a poco que le aprieten, a mejorar las condiciones de ese pequeño colectivo para desactivar la movilización, toda vez que esto tendrá un coste muy inferior a mejorar las condiciones del conjunto de la empresa.

Por ello, este tipo de sindicatos corporativos se implantan y tienen éxito entre las personas trabajadoras de colectivos muy concretos y que tienen una gran capacidad de presión: pilotos de avión, maquinistas de tren y policías se organizan mayoritariamente en sindicatos corporativos mientras el personal de tierra, el que repara las locomotoras y el que recoge las basuras en la misma localidad que el policía municipal se organizan en sindicatos de clase.

Sin perjuicio de las renuncias a las que en muchas ocasiones se ve sometido, el sindicato corporativo funciona entre estos colectivos de personas trabajadoras y consigue mejorar sus derechos porque solo se ocupa  de las mejoras que de manera exclusiva van a afectar a sus representados, porque del resto de derechos, de aquellos derechos que afectan por igual al conjunto de las personas trabajadoras, también a las que se organizan en los sindicatos corporativos, vacaciones pagadas, prestación de desempleo, jubilación, asistencia sanitaria, etcétera, ya se han ocupado y se seguirán ocupando los sindicatos de clase y aquellas personas que se organizan en ellos.

Qué ocurriría si todas las personas nos organizásemos en sindicatos corporativos y desapareciesen los sindicatos de clase y qué sentido tiene organizarse en los sindicatos profesionales que carecen de la capacidad de paralizar el proceso productivo lo dejaremos para otra reflexión.

Mayo de 2021