Relato ganador 2019

DONANTES DE VIDA

 

Tina Modotti

 

 

 

Inés es auxiliar de ayuda a domicilio en el medio rural. Se levanta cada mañana con las pilas cargadas dispuesta a enfrentarse a su duro trabajo, la mayoría de las veces “invisibilizado” para esta sociedad.

Su primer servicio es “un reto diario” una pareja de ancianos de “ochenta y muchos” años viviendo
en un hogar sin las mínimas condiciones de higiene y confort.

– Hola Manuel ¡buenos días! ¿Cómo te has levantado hoy? (Inés mira el pastillero y ve las
pastillas de la noche sin tomar)

– Bien, ¡pero voy a ponerme el oxigeno que parece que me cuesta respirar!

– Pero antes ¡deja “la faria” para después de comer, hombre y no te acerques al fuego con el
oxigeno, que ya sabes lo que nos dijo el enfermero a ver si salimos todos volando!

Inés sube a la planta de arriba a levantar a María, la mujer (con principio de Alzheimer) de Manuel.

– Buenos días María!

– ¡Holaaaa, holaaaa!!

– Pero ¿estooooo qué es? la mesilla parece un puesto del mercado: galletas, chocolate, un
yogurt empezado, mandarinas, membrillo y “ORFIDAL”

– Pero ¿por las noches dormís o estáis de picnic? ¡Venga, vamos arriba!

A Inés le duele el cuerpo y el alma al tener que levantar todos los días un cuerpo de casi 90 kilos sin
ningún tipo de ayuda, solo su cuerpo, forzando su espalda y sus articulaciones.

– María vamos a lavarte, que ya tengo el puchero con agua caliente preparado. María en un
descuido comienza a bajar las escaleras con la almohada bajo el brazo.

A desayunaaaaar, abre el armario y sale un ratón de debajo el pote de “colacao”. ¡Hala! otro “adicto” al chocolate. Al cepo ni se acercan. Inés casi se atrapa los dedos con él al quitar el polvo.

– Venga Manuel, vamos a ver cómo te sale el azúcar con el “fiestón” de anoche….. ¡¡¡310!!!
doble de insulina.

Inés busca el medidor en la bolsa y se pincha con una aguja que alguien dejó sin tapar. Buena
la hemos hecho, protocolo de riesgos biológicos. Inés sale precipitadamente a la terraza a buscar
cobertura del móvil para avisar a su coordinadora y casi se tropieza con una rata que acude a diario
a comerse el pan duro que María hecha a “los pajaricos”

Y todo ESTO por un salario de miseria y escaso reconocimiento.

Menos mal que Inés es una gran profesional con vocación y se siente recompensada cuando un
usuario le dice que es “donante de vida”

Inés sonríe y se le alegra el alma.