Por unos medios de comunicación que no nos mientan

 

Siscu Baiges

Periodista

 

 

 

Las “fake news” (falsas noticias) se han abierto camino en los medios de comunicación. Mucho camino. Tanto que algunos teóricos del mundo del periodismo consideran que tienen más peso e incidencia en la formación de la opinión pública que las noticias reales. Ya no se trata tanto de informar correctamente y objetivamente sino de influir en la mentalidad y las ideas de los ciudadanos engañándolos descaradamente.

Cuesta determinar en qué momento de la historia del periodismo reciente aparecen estas falsas noticias como herramienta propagandística. Pero no hay que remontarse demasiado lejos. Quizá por pudor o quizás por honradez los responsables de los medios no las han utilizado de forma masiva hasta hace unos pocos años.

Su aparición coincidió en una etapa en la que los medios de comunicación tradicionales han ido perdiendo fuerza ante los digitales y donde se ha polarizado mucho la oferta. En las campañas electorales o en la pelea política de tiempos relativamente cercanos se intentaba socavar el apoyo a los rivales mediante periodistas que investigaban asuntos que les perjudicaran: negocios sucios, corrupción, enredos sentimentales o, incluso, si habían fumado marihuana de jóvenes. No se trataba de inventar nada sino de descubrir los defectos o secretos inconfesables de la pieza a abatir y ponerlos al descubierto.

Desde hace algún tiempo, sin embargo, estas investigaciones periodísticas han ido dejando paso a las mentiras puras y duras. Y al revés de los procesos judiciales, los afectados deben demostrar su inocencia en lugar de que sea necesario confirmar la acusación. Donald Trump insistió, con la ayuda de los medios de su confianza, en que Obama no había nacido en Estados Unidos y, aun hoy, todavía hay muchos ciudadanos de ese país que creen que nació en África, por más partidas de nacimiento que haya puesto sobre la mesa.

Juega a favor de los mentirosos que la progresiva polarización ideológica de los grupos mediáticos hace que mucha gente se informe sólo a través de medios de un único color ideológico. Son medios que mienten y que no se sienten obligados a publicar los desmentidos. Sólo si la justicia se pone por medio y les obliga a hacerlo, aceptan publicar o emitir las rectificaciones oportunas.

Ejemplos de estas noticias falsas los encontramos en todas partes y en casi todas las grandes polémicas políticas y sociales de los últimos tiempos. La campaña del Brexit estuvo repleta de ellas. Incluso el líder de los partidarios de que Gran Bretaña abandonara la Unión Europea, Nigel Farage, lo reconoció después de ganar esta batalla. ‘Hemos mentido y lo sabíamos, pero ¿qué pasa?’, vino a decir. Ya no había marcha atrás y nadie le ha pedido responsabilidades por sus falsedades.

Xavier Trias está convencido de que no sigue siendo el alcalde de Barcelona porque el diario ‘El Mundo’ se inventó que tenía una cuenta corriente en Suiza con dinero escondido a la fiscalidad española. La cuenta no ha aparecido y ‘El Mundo’ no ha rectificado su acusación. Un debate diferente es si Trias perdió las elecciones por ese engaño o por méritos propios.

Trump difundió muchas mentiras contra su contrincante demócrata en la carrera hacia la presidencia de Estados Unidos, Hillary Clinton. El digital Breitbart, dirigido por su amigo Steve Bannon, le ayudó enormemente en este uso desvergonzado de las falsedades para desgastar al adversario.

Y es en el mundo digital donde las noticias falsas se han implantado más. Los debates entre candidatos que se consideraban tan determinantes a la hora de decantar las preferencias de los electores han perdido fuerza ante las informaciones que circulan a gran velocidad por las redes. Los asesores de los políticos ya no se preocupan tanto de su oratoria o de cómo visten sino que se concentran en crear equipos de personas que inunden las redes con mensajes de todo tipo, con un apartado destacado para las mentiras o distorsiones de la realidad.

El proceso independentista catalán ha jugado fuerte esta carta. Mensajes falsos han llenado facebook, twitter, portales digitales o chats de telefonía móvil. Se han imputado cartas favorables a la independencia a personas que nunca las habían escrito. Imputación que ha afectado a periodistas como Julia Otero o Iñaki Gabilondo o a políticos como Julio Anguita. Tuvo una gran aceptación la carta de una supuesta adolescente que no podía votar el 1 de octubre porque era demasiado joven y que circuló por Internet con una fotografía que resultó que correspondía a una actriz modelo de Estados Unidos. Mayor de edad, por cierto.

Dicen que se coge antes a un mentiroso que a un cojo. A estas alturas del siglo XXI, a los mentirosos les da igual que les atrapen si antes ya han logrado decidir quien preside un país o hacia qué lado se decanta un referéndum.

Es trabajo de políticos y periodistas recuperar el imperio de la verdad en los medios de comunicación. Sin olvidar que la lucha por la objetividad y la pluralidad en los medios todavía estamos muy lejos de ganarla.

Barcelona, 18 de Octubre de 2017