POLÍTICA INDUSTRIAL Y POLÍTICA ECONÓMICA EN EUROPA

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Javier Pacheco Serradilla

Secretario general de Industria de CCOO Catalunya

 

 

 

¿Qué tipo de industria pueden desarrollar los países de la periferia europea?

Una economía cada vez más financiarizada, una Europa castigada por las políticas económicas austericidas y fracturada en la sociedad de los dos tercios, y una Unión Europea a tres velocidades, son el marco económico, social y político en nuestro entorno, resultado de la gestión y consecuencia de la última crisis económica global.

Los trabajadores y trabajadoras, desclasados por los avances en la individualización de las relaciones de trabajo y afectados por índices de desempleo insostenibles, “la supuestamente acuciante clase media” despojada de la Europa del bienestar, y los recursos públicos vulnerables a las acometidas de los mercados financieros, que han tomado presos los presupuestos de los países, ahogando su capacidad de endeudamiento, transfiriendo su propia deuda, la privada, con la aplicación de tipos de interés prohibitivos en la financiación de las deudas públicas. El resultado de todo ello es:

  • La transferencia de las rentas del trabajo a las rentas del capital.
  • La transferencia de la deuda privada a la deuda pública.
  • El desmantelamiento del estado de bienestar (seña de identidad europea) a través de las políticas de recortes.
  • La ruptura de la cohesión europea, con la profundización de la crisis en los países de la periferia en mayor grado que los del centro y norte de Europa.
  • El empobrecimiento mayoritario de la sociedad.
  • La acumulación de capital en el 1% de la población.
  • El debilitamiento de la economía productiva.
  • La desindustrialización generalizada en la UE y especialmente en los países del sur.

Estas son las bases económicas y sociales que la crisis ha forjado de la mano de las políticas ultraliberales aplicadas por los países miembros de la UE, impuestas por las fortunas que gobiernan los mercados financieros, potenciando la especulación económica como modelo a seguir, en detrimento de la economía productiva, real, que tiene menores índices de acumulación de riqueza que la economía financiera.

Añadido a este gris panorama para la industria en Europa, tenemos que tener en cuenta las migraciones geoeconómicas que modifican de manera importante las orientaciones de los mercados a nivel global:

  • Con la irrupción de países emergentes con un alto potencial de desarrollo y consumo, en Asia y Latinoamérica.
  • La explotación de fuentes de energía fósiles que han cambiado el centro de poder de las áreas explotadoras de petróleo, sin obviar la influencia de los conflictos bélicos en los países productores.
  • La aparición de tratados internacionales comerciales y de inversión, teniendo como protagonista a Estados Unidos (Tratado del Pacífico, Canadá, México, TTIP con la UE…).
  • Los compromisos en materia medioambiental adoptados por la última Cumbre de París, que modificarán algunas pautas de desarrollo, producción y consumo.

Por otra parte, los avances tecnológicos y la irrupción de la industria 4.0 permiten un desarrollo de la comunicación entre mercados globales con carácter inmediato, una política de distribución logística con un nivel de eficiencia en tiempo de entrega y menor coste muy competitiva, y una fuerte automatización y robotización de los procesos productivos, que aumentan la capacidad operativa de las empresas manufactureras. Esta nueva realidad permite la proliferación de hábitos de consumo más intensivos, debido a la reducción de costes de los productos; una mayor versatilidad en la demanda, debido al carácter global de la oferta logística, y el establecimiento de servicios ligados a los bienes de consumo facilitados por la tecnología en red. Europa y los países del sur, en concreto, deben realizar una apuesta firme por un cambio de modelo productivo que permita la adaptación a la transformación de la industria 4.0 con:

  • Incentivos a la inversión tecnológica.
  • Incentivos a la aproximación de los centros de producción a los mercados locales.
  • Incentivos a la adaptación a una industria más sostenible medioambientalmente.
  • Incentivos a la capacitación y formación en la industria 4.0 de los trabajadores y trabajadoras.
  • Refuerzo de los canales logísticos, portuarios, aéreos, viarios y ferroviarios.
  • Desarrollo de la estrategia energética que garantice la autosuficiencia energética, el desarrollo de un mayor peso de las energías renovables, la reducción de los costes energéticos y la garantía de abastecimiento a toda la ciudadanía.
  • Inversión en redes de comunicación a todos los niveles.

Esta estrategia queda lejos de los compromisos que el Plan Junker ha establecido en materia de inversiones para dar cumplimiento a la estrategia europea 20-20, inversiones que ni de lejos alcanzan los objetivos de estímulo a la economía productiva y al cambio de modelo productivo.

En la exigencia de la CES de invertir un 2% del PIB durante 10 años en políticas de inversión industrial que acompañen a un cambio de modelo y al desarrollo de la industria 4.0, debemos incorporar la necesidad de garantizar un tránsito justo con el empleo y las condiciones de vida de los trabajadores y trabajadoras.

Las políticas medioambientales y el desarrollo de una nueva industria mucho más robotizada no deben dejarse por el camino miles de puestos de trabajo. Para ello es necesario un proceso intenso de concertación, a nivel europeo y a niveles nacionales y locales, con la participación de los agentes sociales y las diferentes administraciones públicas. El papel del sindicalismo confederal e internacional en este sentido es fundamental, como brida de seguridad a la definición y puesta en marcha de una estrategia industrial que avance hacia una industria sostenible social, laboral, económica y ambientalmente, y a las garantías de progreso en el empleo y sus condiciones laborales.

Es fundamental que las políticas industriales dejen de ser un ejercicio complementario de los diferentes gobiernos europeos y nacionales y pase a ser una prioridad, una política de Estado. Es por eso que en Catalunya el sindicalismo confederal liderado por la Comisión Obrera Nacional de Catalunya ha emplazado a las administraciones, instituciones, partidos políticos, patronales, universidades y colegios técnicos y profesionales a impulsar un Pacto Nacional por la Industria en  Catalunya. Es necesario avanzar en todos los escenarios hacia un cambio de modelo productivo que permita una política industrial sostenible y generadora de empleo y condiciones dignas de vida, en el trabajo y fuera de él.

Barcelona, 28 de Abril de 2016