El papel de los sindicatos en un mundo global

 

Roger Molinas Amorós

Arqueólogo

 

 

 

Este 2016 hemos visto como el auge de diferentes propuestas situadas en la extrema derecha han arrasado electoralmente en diferentes países. Lo más preocupante, no obstante, es que en todos los casos el aumento del populismo xenófobo ha venido impulsado desde los sectores humildes, las clases trabajadoras manuales sin calificación académica.

Esto ha venido acompañado  de racismo y de nacionalismo que han llenado el vacío que ha dejado la desaparición de la conciencia de clase y la pérdida de influencia social de los sindicatos como principales vehículos del conflicto social.

La globalización neoliberal ha agudizado la alienación respecto a un proceso productivo a escala planetaria,  porque hemos deslocalizado la fuerza de trabajo manual a zonas del planeta donde la inversión salarial es más baja. Por otra parte, las negociaciones entre capital y trabajo ya no se producen a nivel local o nacional sino internacional y mengua así la influencia de los sindicatos en las decisiones laborales. Una globalización sin ninguna frontera en el capital o en las mercancías, pero, en cambio, con trabas a los proletarios que quieren migrar para buscar un futuro mejor.

La respuesta aparentemente más fácil es la proteccionista, es decir, volver mágicamente a un pasado ideal donde la producción industrial estaba concentrada en un Occidente privilegiado, sin flujos planetarios de migración y mercancías. Pero tratar de desconectarnos de la globalización poniendo aranceles, levantando muros y fronteras o endureciendo el racismo institucional, no es una alternativa realista. Es imposible detener las transacciones económicas en un sistema planetario conectado digitalmente. Estas ocurrencias populistas tan sólo conducen a arruinar las exportaciones, a producir una inflación galopante y a dirigir el descontento contra los elementos más débiles de la sociedad, las personas migradas, en vez de hacerlo contra los poderosos.

Los sindicatos tienen que ser agentes del cambio global. Tienen que internacionalizar las luchas en vez de proteger los intereses de unos trabajadores nacionales en contra de los derechos de sus vecinos. Hace falta un marco laboral transfronterizo donde las organizaciones de trabajadores puedan negociar de tú a tú con un capital el cual no conoce fronteras. Hay que parar los tratados de libre comercio que avalan las desregularizaciones neoliberales. Se tienen que poner sobre la mesa medidas que eviten el “dumping” fiscal y salarial, impulsando organismos supranacionales que redistribuyan la riqueza y la deuda. En definitiva, nos hace falta una globalización alternativa y social, donde el papel del mundo del trabajo será fundamental para regular los mercados, para así igualar los derechos laborales a escala global.

Barcelona, 13 de Enero de 2017