Mi Seguridad Ciudadana

 

Ana Méndez Gorbea

Abogada

Miembro de la Asociación Libre de Abogadas y Abogados (ALA) y de Legal Sol

 

Dos años y medio desde la entrada en vigor de la Ley Mordaza. Dos años y medio de recortes de derechos y de represión silenciosa a los ciudadanos y ciudadanas de a pie que tenemos que caminar masticando el fétido olor a corrupción del partido que la aprobó.

La Ley Mordaza entró el 1 de julio de 2.015 dispuesta a silenciar todas las voces de aquellas que luchamos por una sociedad mucho más justa y equilibrada y que vimos en un momento dado con ilusión esa acampada de Sol.

Han sido muchas las personas que han sentido directamente cómo se les intentaba aplacar la voz a base de sanción: hombres y mujeres que han visto cómo su economía se veía quebrantada por salir a la calle, o por poner un tuit o por acudir a parar un desahucio; en definitiva por luchar en las calles haciendo de todas y PARA TODAS esa lucha.

Esa María que poniéndose en la puerta de Pepe y Juan miraba a sus pequeñajos con tristeza en los ojos cuando la Delegación de Gobierno le notificaba que por acudir ese día a ayudar a quienes son sus vecinos, debía pagar por no obedecer lo que él consideraba una orden de un policía absolutamente injusta como era el que abandonara a los suyos. Multa de 601 euros.

O esa Ana, que junto a otras 20 compañeras decidió proclamar a los cuatros vientos que la lucha feminista sigue y que está en las calles, en las plazas y que no estamos solas. Esa Ana que junto con otras 20 más fue sancionada por este Gobierno con otros 400 euros cada una.

Y así, muchas Marías, Anas, Pepes, Juanes, hasta miles y miles.

Para el Gobierno, robar no sólo es supuestamente cuestión de “sobres”.

Y yo pienso en esa cínica definición que se hace del concepto de seguridad ciudadana como “la garantía de que los derechos y libertades reconocidos y amparados por las constituciones democráticas puedan ser ejercidos libremente por la ciudadanía”: definición que se ha traducido en una reforma del Código Penal y en una Ley Mordaza que legislan retrocediendo en muchas de nuestras victorias de derechos y libertades alcanzadas, restringiéndolos de una manera absoluta a través de un sistema punitivo donde además quien sanciona es parte. Auténtica locura jurídica.

Y yo me pregunto, ¿dónde estamos después de dos años y medio? Pues estamos con más de 34.000 sanciones que obedecen a conductas amparadas por el derecho de reunión, expresión e información y donde el concepto de resistencia y desobediencia es utilizado en manifestaciones donde no ha existido ningún atisbo de violencia.

Donde las más de 19.500 sanciones por las faltas de respeto a los miembros de las fuerzas y cuerpos de seguridad están amparadas por la capacidad de discrecionalidad del agente pues es éste quien decide si nuestro comportamiento puede considerarse bajo tal consideración. Retorcido sistema donde el Juez y una de las partes es la misma: el Gobierno. Escandaloso el que lleven recaudados sólo por esta sanción más de Tres Millones de Euros.

Alarmante porque seguimos sin casa, sin sanidad, sin educación, sin poder expresarnos libremente en un contexto de desesperanza social donde además la corrupción se ha instaurado y campa a sus anchas; conscientes de que las movilizaciones tendrían que ser la fuerza iniciadora de un cambio colectivo y cohesionado.

Y esperando ese cambio, las movilizaciones han disminuido, consiguiendo el Estado “amordazar” a mucha más gente de la que se ha multado pues frente a las 37.861 de 2014, se pasó a 28.890 en 2.016 y mucho me temo que este año,  a falta de datos, no haya mejorado la cifra o de hacerlo, mínimamente.

Pero yo sigo pensando en los cambios y en trabajar por ello y en que va a resultar duro… ya lo era antes, pero sonreímos en la Puerta del Sol.

Eduardo Galeano decía que “La justicia es como las serpientes, que solo muerde a quien va descalzo”

Yo sueño con un mundo donde realmente los descalzos sean los corruptos, los que nos han llevado a esta situación y siguen sonriendo con todo el descaro y la soberbia del poder. Y sigo soñando y creyendo en un mundo donde seguridad ciudadana sea un término amable y no algo que cuando se pronuncia genera una mirada de desconfianza y dolor.

Donde seguridad ciudadana sea el derecho a que todos tengamos una vivienda; a que podamos debatir libremente y expresar nuestra opinión sin que nadie calle nuestras voces.

Donde el término seguridad ciudadana permita construir una sanidad pública de acceso libre y universal para todos y todas y una educación pública y de calidad.

Una seguridad ciudadana que colabore para que el acceso a la justicia se haga en condiciones dignas y solventes

Como mujer, como madre, como abogada y como activista, esta es mi seguridad ciudadana.

Solo desde la lucha se hace justicia.

Es cuestión de tiempo.

¡Seguimos!

Miércoles, 14 de Febrero de 2018