La demanda de servicios de cuidados va a necesitar más personas

 

Laia Ortiz

Segunda teniente de alcaldía del Ayuntamiento de Barcelona. Dirección del Área de Derechos Sociales

 

 

Llevamos ya tiempo avisando que la crisis del 2008 se ha convertido en una crisis estructural. La recuperación macroeconómica iniciada en el 2013 (5 años ya de crecimiento del PIB  y parece que no se nota) no repercute sobre las condiciones de vida de la clase trabajadora o de la que necesita trabajar a cualquier precio. Globalización y automatización son las razones que se dan para justificar esta transformación y persistencia de la crisis. A lo que habría que añadir en nuestro país un sistema absolutamente insuficiente de protección social y laboral. No en vano nos hallamos entre los líderes en desigualdad y pobreza en Europa.

La tasa de paro oficial del tercer trimestre del 2018 según la EPA fue del 14,55% , por primera vez por debajo del 15 % desde hace 10 años, pero la tasa de paro U6, la que considera también  los desanimados y los subempleados sigue 10 puntos por encima. Y desde que nací, solo en mi primer año de vida (1979) y en los tres insostenibles años del pico de la burbuja inmobiliaria (2005-6-7) la tasa de paro ha estado por debajo del 10%.  No parece pues que conseguir el pleno empleo, y con un mínimo de calidad, sea un pronóstico razonable para los tiempos que vienen.

Otros retos nos aparecen de igual o superior magnitud al del futuro del trabajo remunerado. Por un lado, la imprescindible transición ecológica, a la que ya no sabemos si llegaremos a tiempo para evitar la catástrofe ambiental predicha por los últimos informes científicos si no atajamos el calentamiento climático. Por otro lado, el envejecimiento progresivo de nuestra pirámide demográfica, con los consabidos problemas de sostenibilidad de las pensiones y del cuidado de nuestros mayores.

Tenemos pues que afrontar simultáneamente muchos retos y con escasos recursos. ¿Desde una visión global podemos encontrar oportunidades y sinergias de actuación que nos permitan vislumbrar un futuro más halagüeño?  En este breve artículo intentaremos esbozar algunas ideas sobre como una sociedad (más) enfocada en los cuidados nos permitiría avanzar en ello.

Idea 1. Vamos a tener que repartir el trabajo remunerado de manera más equitativa de como lo estamos haciendo ahora. La reducción de la jornada laboral remunerada (la que podemos llamar la primera jornada laboral) o de los períodos de activación laboral a largo de la vida deben ser organizados y pactados entre todos los agentes sociales para garantizar el derecho a al trabajo. Esto ha de venir acompañado de un mejor reparto de los trabajos no remunerados, de manera que mujeres y hombres se repartan equitativamente la segunda jornada laboral, la de las tareas del hogar, pero también las terceras y cuartas jornadas laborales. Por tercera jornada laboral se entiende la jornada dedicada al cuidado de nuestros mayores (que no viven en el hogar familiar pero hay que ayudar a realizar parte de sus tareas cotidianas). La cuarta jornada es la dedicada a los asuntos de la comunidad, la participación en lo común,  también imprescindible para una vida plena, democrática y responsable. En la actualidad los hombres dedican más tiempo que las mujeres a las primera y cuarta jornada laboral gracias a que éstas se hacen cargo de la mayor parte de las segunda y tercera jornada laboral. Y esto sucede con independencia de si la mujer trabaja remuneradamente o no.

Un mejor reparto de la jornada remunerada también ha de acompañarse del reconocimiento adecuado de los trabajos a tiempo parcial. A menudo estos trabajos son más precarios, peor pagados y realizados por mujeres, lo que ahonda en una discriminación laboral en el presente pero que también se traslada a las cotizaciones y pensiones futuras, mucho menores en las mujeres.

Y finalmente vamos a tener que mejorar radicalmente el sistema de protección social. Esta mejora implica asegurar la cobertura de las necesidades básicas en los períodos de desempleo, no desincentivar ni la búsqueda ni la aceptación de trabajos remunerados cuando se está en el paro, evitando las trampas de la pobreza y la precariedad. Mientras que la propuesta de subida de salario mínimo va en la buena dirección, el sistema de prestaciones económicas y rentas mínimas necesita una transformación profunda y avanzar hacia la universalidad e incondicionalidad para avanzar en justicia real

Idea 2. Hay que desarrollar un sistema de cuidados más universal y equitativo en acceso y reparto de las cargas con el liderazgo público. Ni por el extremo inferior (los cuidados 0-3 o para edades superiores) ni superior (los cuidados de la dependencia y la cronicidad) cumplimos unos mínimos estándares. Tenemos una de las tasas de fertilidad más bajas del mundo y a la vez la segunda mayor longevidad después de Japón. No es de extrañar la preocupación por la inversión de la pirámide demográfica y la sostenibilidad de las pensiones. A la vez gastamos muy poco en estas políticas, lo que se nota en el peso de la ocupación sectorial. Faltan centenares de miles de puestos de trabajo en cuidados para equipararnos a los promedios europeos (y muy por encima del millón si nos quisiéramos aproximar a las ratios de los países nórdicos).

Un sistema de cuidados homologable a una sociedad avanzada implica más recursos humanos profesionales y mejor formados y con mejores condiciones laborales. Pero a la vez somos conscientes que para que el sistema sea sostenible se necesita también la implicación de más agentes y recursos, más inversión pública pero reconocer y valorar también  el papel de la familia, la comunidad y la tecnología. Así, ni creemos que sea positivo converger con el modelo holandés (75% de las mujeres trabajando a tiempo parcial para dedicarse a cuidar de sus hijos o de sus padres) pero tampoco converger con el modelo nórdico extremo (desaparición de la familia del entorno de las personas mayores). Y tampoco nos gusta el modelo de las villas doradas de Florida: recintos exclusivos para gente mayor con carritos de golf y aislados del resto. Tenemos que buscar nuestro propio modelo.

Idea 3. En Barcelona hemos empezado a pensar en esta nueva concepción. Partiendo de la constatación de la que la gente quiere seguir mayoritariamente viviendo en su entorno (lo cual en una ciudad densa como Barcelona también aporta un plus de sostenibilidad ecológica). Y de que debemos hacer mucho más equitativo el acceso a los cuidados y el reparto de los trabajos de cuidados que están fuera de la órbita del mercado.  

Así, debemos garantizar calidad de vida a nuestras personas dependientes que viven en su casa el máximo de tiempo, sin obviar que algunas deberán ser alojadas en residencias o centros sociosanitarios cuando se necesite una mayor intensidad del cuidado. Y entre los cuidados importantes lo está garantizar su bienestar psicológico, como eliminar o mitigar la sensación de soledad para aquellas personas sin red familiar o de amistades de soporte.

Debemos empoderar a los profesionales de los cuidados, trabajando en pequeños equipos que se hagan cargo de un número reducido de personas en una pequeña área, mejorando sus condiciones laborales y haciéndoles más corresponsables de su trabajo. A la vez debemos coordinarnos con el resto del tejido de cuidados: las familias cuidadoras, las trabajadoras del hogar (altamente precarizadas también), los otros programas públicos de apoyo a la gente mayor, los equipamientos de proximidad, la atención sanitaria y la red de soporte comunitario, con un modelo de cogobernanza en donde se decidan las prioridades de manera democrática y consensuada entre todos los agentes que actúan a escala microlocal.

El objetivo, aun siendo complejo de organizar, es garantizar la doble equidad: que nadie reciba un nivel de atención por debajo de un mínimo socialmente aceptable y digno y que ningún familiar (de sexo femenino en su inmensa mayoría) deba sacrificar su vida, su carrera profesional o incluso su salud, para hacerse cargo de un familiar porque no dispone de otros medios de apoyo.  Y estas premisas también sirven para el cuidado de los menores.

Idea 4. En el campo de los cuidados la innovación tiene mucho camino por recorrer y oportunidades a generar. Así, el estudio y la implantación de adaptaciones funcionales de las viviendas, la rehabilitación-formación para mejorar la autonomía de las propias personas dependientes y la implementación de tecnologías facilitadoras del trabajo de los cuidadores son nuevos nichos de creación de empleos cualificados. En este último campo, ya en el año 2010, el gobierno japonés diseñó un programa de desarrollo tecnológico industrial de soporte a los cuidados, que ha revisado en años sucesivos. Si bien el propio gobierno admite que los robots substitutos plenos de los cuidadores están en un estado muy incipiente por no decir utópico, sí que tienen claro que la robótica de los cuidados en términos generales tiene ya desarrollos plenamente aplicables en diversos campos: ayudas mecánicas a los cuidadores (por ejemplo exoesqueletos), ayudas a las transferencias, ayudas a la movilidad interior y exterior, ayudas a la higiene personal y sistemas de monitorización. Y esto sin olvidar innovaciones aplicables a un espectro más amplio de usuarios, como los robots de limpieza o los vehículos autónomos.   

En cualquier caso, la demanda de servicios de cuidados va a necesitar más personas porque los cuidados no son mecánicos. Una parte sí que mejora con un mayor apoyo de la tecnología que permita incrementar su productividad, reducir los costes y la penosidad de las tareas más duras o repetitivas, que tanto impactan sobre las mujeres cuidadoras.  Y sobre todo mejorar la calidad y la equidad de la atención prestada. Pero los cuidados también son vínculos emocionales, conversaciones, miradas y complicidades que son insustituibles.

Final. Los cuidados se configuran como uno de los grandes yacimientos de ocupación presentes y futuros, y como una gran oportunidad para avanzar en el reparto equitativo de los trabajos, remunerados o no, en perspectiva de género e intergeneracional. La innovación tecnológica y organizativa así como la innovación en los sistemas de protección social son piezas imprescindibles para alcanzar un modelo socioeconómico enfocado en las necesidades de las personas y no el crecimiento económico insostenible e injusto que estamos padeciendo.

Enero de 2019