Las bibliotecas, el derecho de acceso a la cultura y el compromiso social

 

Isàvena Opisso Atienza

Bibliotecaria

 

 

 

Las bibliotecas se han convertido en uno de los agentes clave para garantizar el derecho de acceso a la cultura y la participación en la vida cultural, así como responder a las necesidades de información y conocimiento, especialmente de la clase trabajadora.

En los últimos años han aumentado las buenas prácticas en dos aspectos fundamentales para garantizar el acceso a la cultura: en primer lugar garantizar el acceso y las necesidades de información de la ciudadanía en su diversidad, lo que supone responder a las necesidades los usuarios con diversidad funcional, hablantes de pluralidades de lenguas, etc.

Y un segundo aspecto de buenas prácticas es que desde las bibliotecas se han llevado a cabo diversas iniciativas para acercar y hacer llegar sus servicios a los usuarios potenciales que habitualmente no hacen uso. Más allá de responder a las necesidades de los usuarios que van a la biblioteca, se ha tendido a analizar porque hay un alto porcentaje de población que nunca estuvo y planear acciones inclusivas de acercamiento. Cabe destacar en este ámbito las acciones que se han realizado en zonas con los índices de abandono escolar y analfabetización funcional, para hacer de la biblioteca un espacio donde encontrar recursos para el aprendizaje a lo largo de la vida, aprendizaje formal e informal que puede suponer la posibilidad de acceder a un puesto de trabajo o de mejorar la situación laboral, así como también posibilidad de adquirir conocimiento por el placer de saber y convertirse en un punto de encuentro para la ciudadanía.

No debemos olvidar que en zonas con altos índices de abandono escolar, la biblioteca es a menudo vista como un “templo de la cultura escrita” y la escritura considerada como un camino privilegiado de acceso al trabajo y a los recursos controlados por las instituciones. Una falta de dominio de la lectoescritura puede suponer un límite de acceso de la clase trabajadora en el mundo del trabajo, especialmente después de la desvalorización de la mano de obra no calificada como consecuencia de la desindustrialización.

Pero, ¿quién está llevando a cabo estas iniciativas de dotar a las bibliotecas de un valor social? Si bien es cierto que últimamente existen buenas prácticas de las instituciones competentes, tanto de Ayuntamientos como Diputaciones y de la Generalidad de Cataluña especialmente en selección de fondos y recomendaciones mediante guías temáticas sobre diversidad funcional y compromiso social y si bien también es cierto que desde Comisiones Obreras se han llevado a cabo acciones de difusión cultural, programación conjunta de actos culturales y una apuesta por la publicación de libros de lectura fácil con el objetivo de garantizar el derecho de la ciudadanía al acceso a la cultura y a la participación en la vida cultural, debemos tener presente que el principal grueso de las iniciativas para dotar un valor social en las bibliotecas provienen de la iniciativa individual de las personas que trabajan.

Habría que, por un lado, reclamar a las instituciones competentes que realicen una apuesta firme, continuada y sistemática, la falta de la cual se puede interpretar, no sólo como la consecuencia de los recortes presentes que han sufrido últimamente los servicios públicos, sino también como una estrategia para conseguir un modelo de sociedad inculto, que significaría una población acrítica.

Es necesario también que todos los agentes implicados, trabajadores, usuarios y sindicatos sepamos vehicular las demandas y necesidades y organizarnos en una fuerza aglutinadora más allá de las iniciativas individuales, como se ha hecho en otros sectores como la educación o la sanidad. Sólo así dotaremos a las bibliotecas de valores firmes de inclusión social y podremos reclamar que se garantice en todo y para todo el mundo el derecho que tenemos los ciudadanos de acceso a la cultura.

Barcelona, 13 de Enero de 2017