La política anticultural de la derecha

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Pepe Gálvez

Portavoz de la Federación de Servicios a la Ciudadanía de CCOO Catalunya

 

 

 

El gobierno del PP encabezado, es un decir, por Mariano Rajoy, ha llevado a cabo en el ámbito de la cultura una política de ofensiva regresiva al igual que en los campos de los derechos sociales y del trabajo. Un elemento clave de dicha política han sido las medidas de ahogo económico mediante la conjunción de recortes, en ayudas y en infraestructuras, junto con el incremento del IVA . En este ataque ha habido voluntad de venganza, pero sobre todo ha habido voluntad de limitar al máximo la capacidad de fuego de adversarios y enemigos. Una visión tacticista lógica en una fuerza política que pretende fundamentar sus triunfos políticos en la fidelidad de una minoría y el desinterés de la mayoría. Una apuesta lógica en un partido que no tiene ni ambición  ni capacidad de seducción, sino que sólo aspira a que el imaginario social no desborde los límites de su mediocre ideología.

La vertiente cultural de la  hegemonía  de la derecha gobernante en España y también en Catalunya, en este aspecto PP o CiU apenas se diferencian, tiene la línea común de intentar sintetizar la tradición conservadora con una visión actual de la vida banalizada y homogenizada. Quieren acoplar la levedad insoportable de la inmediatez con el olor a rancio y naftalina de un pasado inventado y del que excluyen la memoria democrática y popular. Ello requiere, por una parte,  acomodar una síntesis entre la promoción y exaltación de esencias nacionalistas y la homogenización impuesta por la globalización de los grandes medios de difusión.  Asimismo han de armonizar valores conservadores, hegemónicos en otra época y arcaicos ahora, con una versión socialmente aséptica de la modernidad. Además como conciben la cultura como arma de dominio, deben oponerse a las potencialidades  de conocimiento que conlleva  el desarrollo científico y la revolución tecnológica. Ello les lleva a la defensa, o tolerancia,  de la irracionalidad,  de dogmas y posiciones claramente  anticientíficas. Al mismo tiempo son claramente refractarios al proceso de democratización que han supuesto los avances tecnológicos,  al permitir no sólo potenciar la difusión masiva de la cultura sino también  la participación creativa.

Su política cultural, claramente reaccionaria, quiere sintetizar la línea elitista y la línea de masas, convencidos de que sólo la primera es cultura de verdad y la segunda maniobra de distracción mediante la diversión, contra más inane intelectualmente mejor.

Así, en paralelo  a la promoción de actos culturales destinados a una minoría, la cultura de masas se ha visto invadida por el concepto espectáculo, tanto en los contenidos del mensaje como en el tratamiento del receptor. En los primeros, el conflicto social desaparece, se potencian las temáticas evasivas,  lo emotivo, la visceralidad. En los segundos el público es tratado como un elemento pasivo que responde a ciertos estímulos,  y por ello es llamado a consumir rápidamente, aplaudir y actuar de comparsas de guiones dirigidos a manipular sus emociones.

Añadamos a todo ello la contaminación de la especulación del ladrillo. Si los teatros fueron un  tiempo la plasmación arquitectónica de la ambición cultural de la burguesía, los palacios de la opera con goteras, las bibliotecas inmensas sin libros, los museos sin contenido… son la imagen antitética de la creación, de la ausencia de planificación cultural y del dominio social del capital especulativo y parasitario.  Ese que tan bien reflejan Crematorio y En la Orilla de Rafael Chirbes, obras que demuestran la pervivencia de una cultura popular crítica en la literatura social, especialmente en la novela negra, en el humor gráfico, en la poesía, en el teatro que se refugia en pisos particulares para sobrevivir, en el rap, el flamenco, la canción, los documentales la historieta reportaje,  las bibliotecas, las librerías de proximidad, las asociaciones culturales… los sujetos activos de una cultura popular que ha resistido los embates de la caspa y que es el embrión de un cambio también  necesario en el campo de las ideas, la sensualidad y la diversión.

Lunes, 5 de Octubre de 2015