Josep Fontana, un historiador comprometido en la lucha por un mundo mejor

 

Carme Molinero

Catedrática de Historia Contemporánea de la Universidad Autónoma de Barcelona e investigadora del Centro de Estudios sobre las Épocas Franquista y Democrática (CEFID-UAB)

 

Josep Fontana y Lázaro (1931-2018) ha sido el historiador catalán más eminente de los últimos cincuenta años y la traducción de algunos de sus libros en varias lenguas le afianzó también como una figura de proyección internacional. La obra de Fontana se apoyó en una sólida formación, en la que pesaron historiadores de referencia en el siglo XX: Ferran Soldevila -que Fontana consideró su primer maestro- y Jaume Vicens Vives, de quien se convirtió en ayudante en la Universidad de Barcelona en los años cincuenta, y que facilitó su acceso a la plaza de assistant lecturer en la Universidad de Liverpool; aquella estancia le permitió entrar en contacto con una bibliografía inaccesible bajo la dictadura franquista. Pero seguramente el historiador que le influyó más profundamente fue Pierre Vilar, con quien estableció una intensa relación y con quien compartía el compromiso con la renovación historiográfica y la vocación de implicación intelectual socio-política.

La obra de Fontana ha influido decisivamente en la formación de buena parte de los historiadores catalanes y españoles desde los años 70 del siglo XX hasta la actualidad a través de tres dimensiones fundamentales: la investigadora, la docente y la editora. La quiebra de la monarquía absoluta (1971) se convirtió en una obra de referencia, que explicaba el derrumbe del Antiguo Régimen en España tras la pérdida del imperio colonial y comparaba este proceso con los acaecidos en Inglaterra o Francia. También sus trabajos Hacienda y Estado en la Crisis Final del Antiguo Régimen Español (1823-1833), o La crisis del Antiguo Régimen (1808-1833), ambos publicados en la década de los setenta, acabaron por convertirlo en un reconocido especialista en el estudio de la transición del Antiguo Régimen al capitalismo y la formación del mercado peninsular.

Sin embargo, la influencia de Josep Fontana se extendió particularmente por la atención que siempre mostró hacia la historia como rama científica del conocimiento social. En este ámbito y por el contexto en que se publicó, particular eco tuvo el libro Historia: análisis del pasado y proyecto social (1982), donde se manifiesta la inquietud en pro de la historia total, una preocupación siempre renovada, como se muestra en La Historia de los Hombres (2001). En los últimos años, cuando se hizo evidente que no había llegado el fin de la historia que proclamaba el neoliberalismo, dedicó especial atención a explicar el complejo siglo XX, como hizo en Europa ante el espejo (1994), que fue traducido a 12 idiomas, o El siglo de la Revolución (2017).

Josep Fontana nunca quiso ser un sabio alejado de la sociedad. De sus amplísimos conocimientos se pudieron beneficiar directamente miles de estudiantes y también muchísimos profesores de Secundaria; para éstos, durante muchos años, colaboró en la organización de cursos de debate historiográfico. Igualmente aceptaba las invitaciones de entidades populares para hacer conferencias porque como se publicó en el momento de su muerte, José Fontana declaraba que “Pertenezco a aquella especie, todavía no extinguida, de los que pensamos que el futuro será de la razón. Pero, dentro de esta especie, soy de la variante que ha aprendido que eso no se conseguirá sin más sino como resultado del trabajo y de la lucha de todos juntos”.

Josep Fontana destacó siempre por su compromiso social, que le llevó a incorporarse al PSUC, ya en 1956, partido en el que militó hasta 1980. Él fue uno de los introductores de las formulaciones teórico-políticas de Antonio Gramsci en la revista Nous Horitzons y, a partir de ahí, dentro del PSUC y entre los intelectuales catalanes.

La tercera dimensión de la influencia de Fontana está relacionada con su trabajo editorial desde inicios de los años 70, primero en la editorial Ariel y luego en Crítica. Las traducciones que él impulsó permitieron acceder en castellano a trabajos de referencia en la renovación historiográfica -inspirada en buena medida por el marxismo- como los del propio Vilar, Hobsbawm, Thompson, Rudé y tantos otros.

Después de la Segunda Guerra Mundial y, particularmente durante los años 60 y 70, el estudio de la historia estaba alentado por la voluntad de comprender el presente y así poder construir un futuro mejor. Josep Fontana fue uno de los mejores representantes de la historiografía con un intenso compromiso social que, sin ser hegemónica, continúa existiendo en la actualidad.

Febrero de 2019