Invertir en la integración de los refugiados

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Marco Cilento

Migration Policy Officer, ETUC / CES

 

 

 

El último Consejo Europeo del 18 de diciembre no ha conseguido mejorar lo que ha sido un año triste para la Unión Europea. La Comisión Europea ha presentado a los gobiernos 6 reglamentos para el control de las fronteras y por el retorno forzado de los no refugiados. Existe el temor de que el Consejo Europeo autoengañe una vez más con el sellado de las fronteras exteriores confiando en las instituciones europeas la tarea de aplicar las reglas que los propios gobiernos no tienen ninguna voluntad de aplicar (recolocación obligatoria los solicitantes de asilo, apertura de canales legales y lista común de países seguros).

La crisis de los refugiados es uno de los espejos en los que se refleja la crisis del proyecto comunitario. Si decidiéramos sustituir el espejo de la actualidad por el de la historia, este espejo restituiría la imagen de nosotros los europeos cuando acogíamos a los refugiados de las guerras de los Balcanes. Eran los años 90. Un ímpetu de auténtico espíritu europeísta permitió ofrecer protección a cerca de dos millones y medio de refugiados; 15 países llevaron a cabo un gran esfuerzo en común, coordinado por las instituciones europeas.

Hoy, 28 países de la Unión no están en condiciones de gestionar la llegada de un millón de refugiados. El clima de desconfianza entre estados es igual a la distancia que separa las instituciones europeas de los gobiernos nacionales. El año 2015 nos deja con cerca de un millón de personas (refugiadas y migrantes) para acoger y un conflicto en Oriente Medio aún no resuelto. Nos deja, sobre todo, sin instrumentos operativos para gestionar la acogida y la integración de refugiados e inmigrantes, actuales y futuros.

Pero cuántas personas han llegado a Europa en 2015? Los datos más fiables nos dicen que en los primeros 10 meses del año las peticiones de asilo han sido 770.000 (Eurostat y elaboraciones de los medios de comunicación) y 921.000 personas han atravesado las fronteras (UNHCR), de las cuales el 80% a través de la ruta balcánica y el 20% a través del Mediterráneo central.

Considerando lo que afirma la revista The Economist del mes de diciembre, se ha llegado a una cifra total de 1,2 millones a finales de año. El 50% son sirios (éstos sólo por la ruta balcánica) y de varias nacionalidades todos los demás.

En 2015, el camino más utilizado es el de los Balcanes, pero los equilibrios geopolíticos cambian rápidamente, y con ellos las vías de llegada a Europa. Por este motivo, estados como Hungría, Eslovenia, Grecia y Turquía están levantando vallas que esperan que desvíen el flujo hacia los vecinos. Cada tentativa de construir una política común de asilo es erosionada por comportamientos oportunistas y condicionada por informaciones manipuladas. Pensamos en la reticencia para registrar a los nuevos llegados, las carencias en las estructuras de acogida, el uso capcioso de los permisos temporales o el acceso discriminatorio de asilo. Son, todos ellos, comportamientos que cada gobierno tolera o incentiva en el intento de cargar a su vecino el peso del problema. ¿Cómo se puede construir solidaridad sin confianza recíproca?

Pocos comprenden que este reto puede ser superado sólo a través de una fuerte cooperación entre estados. Sería la elección más razonable. Si no se escoge la racionalidad es porque Europa es prisionera de sus propios miedos. Los políticos son más bien prisioneros de los ciudadanos. Los sentimientos contrapuestos atraviesan la población: la piedad nutre la solidaridad, el miedo genera ostracismo. Los partidos políticos explotan el miedo para capitalizar consenso electoral. Sin embargo, el partido de la solidaridad permanece mayoritario. Las fuerzas moderadas y plenamente democráticas, como los sindicatos, deben seguir hablando a estos ciudadanos de los valores de Europa, explicando que una sociedad laica, abierta e incluyente, garantiza más bienestar que una sociedad cerrada en sí misma y temerosa del futuro.

Un ejemplo de poca lucidez es el plan de recolocación obligatoria de los solicitantes de asilo con cuotas obligatorias. Aunque seguramente se trata de un plan con mérito en cuanto a los objetivos, que se apoyan sobre la normativa de asilo, el plan presenta rigideces jurídicas y una escasa aplicabilidad práctica. Los números lo demuestran. En vez de jugar con soluciones falsas, los estados podrían activar la Directiva 2001/55 por un plan europeo de protección humanitaria extraordinario y temporal. La Directiva ofrece un cuadro jurídico y operacional más fluido, menos burocrático, que protege verdaderamente a todos aquéllos que buscan refugio en Europa. La cooperación europea ganaría tiempo para evaluar las situaciones individuales de los solicitantes de asilo en un clima de confianza renovada. ¿Es una idea innovadora? No mucho: el Parlamento Europeo la ha propuesto como solución desde 2014, cuando los flujos estaban limitados a menos de 300.000 personas y concentrados en la ruta del Mediterráneo central.

Un plan de este tipo pondría las bases para construir vías de integración más eficientes. Una vez que el beneficiario de protección temporal fuera dirigido al proceso más adecuado (protección internacional, permiso de residencia y trabajo, reagrupación familiar, blue-card, etc.) la inserción laboral sería más fácil de programar. De hecho, invertir con recursos de formación e inserción laboral en personas que viven en la incertidumbre en cuanto a su permanencia en el país no es el mejor ni para la persona ni para la sociedad que lo acoge, y mucho menos para la empresa que lo asume. En cambio, las vías jurídicas seguras permiten la aplicación de programas más eficientes de inserción laboral.

Se habla mucho de evoluciones demográficas y de escasez del mercado laboral. Los sindicatos en Europa ofrecen asistencia a miles de inmigrantes y refugiados, en particular para la inserción laboral. Empresarios alemanes y suecos, a menudo con el apoyo de los servicios públicos de empleo y en sintonía con los sindicatos, están ya tratando de insertar laboralmente a los refugiados o los migrantes. El perfil medio de todos aquellos que han llegado a Europa en 2015 corresponde a un joven (la media es de 26 años en virtud del alto número de niños), hombre, con educación primaria y muy poca capacidad profesional. Al contrario de lo que se cree, menos de la mitad de los nuevos llegados permanecerá con el status de refugiado. Muchos permanecerán como inmigrantes. Entre los sirios hay un porcentaje cercano al 15% de personas también graduadas, pero en cualquier caso es una minoría.

Habría que invertir en políticas de acogida y de integración. En un principio sólo puede ser integrado aquel que es regulado, es decir, la integración debe ser motivo de regulación. En segundo lugar, sólo puede ser integrado aquel que ha resuelto las necesidades básicas propias (manutención, alojamiento y educación primaria para sí mismo y para la propia familia). El recorrido se completa con el acceso al trabajo, que debe ser concretado lo más rápido posible.

Para que esto suceda son necesarios recursos. Quién se esfuerza por presentar a los ciudadanos y a los inmigrantes como competidores para conseguir las mismas fuentes de recursos públicos, estaría bien contraponerle la imagen de administraciones públicas más fuertes, la contratación de muchos médicos, enfermeros, profesores, psicólogos y la inversión en infraestructuras sociales y de seguridad.

En caso de emergencia, hay tiempo y recursos. El tiempo, como se ha dicho, viene también de la aplicación de la directiva 2001/55. Los recursos pueden venir de una mayor flexibilidad en los objetivos de estabilidad y crecimiento de los Estados miembros, permitiendo una mayor flexibilidad de los presupuestos. Porque en una sociedad con una población declinante y que envejece, la inversión en políticas de acogida y de integración de los extranjeros tiene un retorno seguro en la solidez de los sistemas de seguridad social. Los extranjeros pagan en impuestos y contribuciones sociales el doble de lo que reciben en términos de servicios.

Cuando se hace frente de manera seria, el reto de los refugiados de hoy puede ser un recurso para el futuro. No hay que sorprenderse si la historia del futuro confirma la historia del pasado: quién haya invertido hoy en la integración de los refugiados y los migrantes, se dará cuenta que es más rico en el futuro. Quien no lo haga, necesitará de un nuevo culpable que justifique sus propias miserias.

(traducción de José María Benito)