Hacen falta alternativas a la austeridad

DCF 1.0

 

Fabio Ghelfi

Responsable de Internacional de la CGIL de la región de Lombardía

 

 

 

En relación a las políticas de austeridad y la ideología que las promueve, la reflexión que creo que hay en el inicio de este 2016 surge de una exigencia de análisis estratégico y táctico. Un análisis sobre el plan de acción para poner en marcha una visión alternativa de forma robusta y estructurada, de manera que pueda ser conocida y difundida entre los ciudadanos europeos.

Tenemos ya confirmaciones provenientes de instituciones al margen de toda sospecha sobre la ineficacia a la hora de sacar a Europa de la crisis iniciada en 2008 y de las recetas económicas y sociales de la austeridad. Esto nos puede dar algo de satisfacción, aunque no mucho.

Igualmente, sin embargo, como sindicalista y en general activista por una alternativa al neoliberalismo, creo que debemos preocuparnos bastante de como la estrategia de las políticas de austeridad y la reducción de los costes y de los gastos, recortando las garantías sociales y los derechos, no es de hecho muy útil a la hora de encontrar la receta para reactivar la economía europea; al contrario. De hecho, puede que incluso de forma no muy consciente por parte de los promotores, es una operación eficaz para fijar aún otros puntos en beneficio de una visión liberal de la economía y de la organización de la sociedad.

Para ello, sólo hay que liberarse de las estructuras de tutela y reconocimiento de los derechos democráticos y sociales que todavía en Europa forman parte de la receta socio-institucional.

Para conseguirlo, está en curso desde hace años una ofensiva cultural por la austeridad. Se ha construido un relato del mal necesario, de la necesidad ineludible de que no se puede evitar y menos rechazar, pues conllevaría la catástrofe o el precipicio. Y poco importa que los efectos positivos no se vean, lo que cuenta es que se inculcan en la mente de los ciudadanos la certeza de la ausencia de cualquier alternativa.

Este es el mayor peligro, ya que determina un ambiente angustioso en el que no hay ninguna viabilidad ni espacio de maniobra para un pensamiento alternativo.

Esta es la percepción que tengo observando la situación desde la perspectiva italiana.

Como movimiento sindical hemos estado en condiciones, estos años, de elaborar una visión sobre cómo reformar la situación y afrontar la modernidad, ya sea en términos de derechos como de políticas económicas. En el plano analítico las propuestas de la CGIL están muy estructuradas, comportan soluciones y proponen estrategias de forma clara.

Dos documentos serán, para nosotros, fundamentales durante 2016: el “Plan de Trabajo” y la “Carta de los derechos fundamentales de los trabajadores”. Con el primero, ya hace algunos años, hemos puesto en marcha una propuesta sobre cómo reactivar la economía del país dando respuestas a los enormes problemas que le afectan. Hacemos propuestas de política industrial junto con otras sobre medidas para resolver problemas estructurales, tales como el desequilibrio hidrogeológico o las carencias de las redes locales de transporte público. Con un papel como el de promotores de la esfera pública, podemos activar según creemos iniciativas virtuosas así como crear empleo. Con la carta, nuestros juristas han elaborado una propuesta de ley que reordena, por primera vez desde el inicio de la desestructuración iniciada en los años noventa, el derecho laboral. El objetivo está claro desde las primeras líneas del texto: afirmar en una normativa el principio concreto de la paridad de derechos y condiciones para todos los trabajadores y trabajadoras -tengan o no contratos de trabajo estándar-, definir la normativa que regula el mercado laboral con la determinación de las fórmulas contractuales útiles para conjugar calidad, derechos, flexibilidad y estabilidad laboral, y establecer que en el mundo laboral así como en su representación el principio fundamental es la democracia, con reglas seguras sobre el cómputo de la representación y del ejercicio de los derechos sindicales.

Como en el plan de inversiones de la CES, en estos documentos hay un pensamiento alternativo a la insuficiencia de las políticas de los recortes de los gastos, pero sobre todo hay algo que podría ser de interés para los ciudadanos a los que consiguiéramos hacer llegar el mensaje; y aún mejor si consiguiéramos contarles la historia de las razones y de las soluciones que hay detrás de estos documentos.

Evidentemente, sin embargo, esto no es suficiente. Sobre los conflictos específicos, el sindicato está en condiciones de establecer una relación de comprensión recíproca con trabajadores y ciudadanos, en la afirmación de las directrices de un pensamiento que tiene la ambición de permanecer autónomo y alternativo al pensamiento único; aunque no estamos todavía en condiciones de jugar el partido de forma eficiente.

Los factores que nos podrían fortalecer son obviamente múltiples; no creería nunca en la posibilidad de resolver un problema de esta magnitud con una única solución.

Pero dicho esto, pienso que como conclusión de esta breve reflexión, sería útil hacer hincapié en un factor por encima de los demás: nuestra capacidad de desarrollar relatos eficientes así como de poder difundirlos y hacer que se escuchen.

Creo mucho en este elemento de la táctica de resistencia y contraataque que tenemos que saber desplegar, pero a la vez soy del parecer que no es fácil de poner en práctica.

De hecho, pensando en la necesidad de explicar lo que proponemos y las razones por las que lo hacemos, veo elementos de la receta que debemos recuperar:

En primer lugar, encontrar el vínculo sentimental del análisis técnico de nuestras soluciones con los hombres y las mujeres a los que nos dirigimos (en la práctica pienso que si tengo una buena idea sobre cómo mejorar las condiciones de trabajo, es con los trabajadores y las trabajadoras con quién la he de elaborar y a quién debo hacer aceptar y difundir la bondad de mi idea).

Y también, definir con trabajadores y activistas la necesidad de aceptar que las batallas que queremos llevar adelante son batallas, quizás, de muy larga duración y que en todo caso no las disfrutarán ellos sino sus propios hijos. Parece absurdo pero, desde esta gran limitación, a causa de no poder obtener todo inmediatamente (como quisiera por otra parte la cultura extendida entre nuestra sociedad del uso y consumo inmediato y del just in time) quizás podría derivarse un elemento de fuerza. Se trataría, desde mi punto de vista, de la fuerza de estar convencidos de hacer algo útil, de actuar por el prójimo, de dar y de darse una perspectiva.

Si pienso en las generaciones de activistas que han hecho grandiosa la historia del movimiento obrero, sólo puedo convencerme de que esa historia ha sido hecha por hombres y mujeres que tenían una perspectiva, que les daba fuerza y ​​ánimos para convencer a los demás de estar a su lado.

En definitiva, pienso que un relato para contrastar la austeridad nos sería útil, pero también que este relato serviría para vehicular las muchas y buenas ideas que hemos conseguido generar. Creo también que en el relato reside un factor generador de fuerza y ​​de agrupación. Pienso sobre todo que un buen relato ayudaría a apoyar y a definir una perspectiva sobre cómo se podría hacer todo esto de forma mejor y diferente y que, además, serviría para darnos el aliento que nos entra por los pulmones cuando conseguimos levantar la mirada hacia el horizonte.

(Traducción de José María Benito y Michela Albarello)

Barcelona, 2 de Febrero de 2016