El tiempo de trabajo

 

 

Mari Cruz Vicente Peralta

Secretaria de Acción Sindical. CSCCOO

 

 

La dificultad no estriba en las ideas nuevas, si no en escapar de las viejas.

John Maynard Keynes

 

El debate sobre el tiempo de trabajo siempre ha sido un debate presente en CCOO; habitualmente ligado a su reducción, con el horizonte de la jornada semanal de 35 horas, orientada al reparto del trabajo y a la mejora de la calidad de vida de las personas; pero  los cambios surgidos en las últimas décadas tanto en la sociedad como en la empresa y la implantación de nuevas tecnologías, la digitalización y robotización, son elementos, que han de incorporarse a este debate. Decia Friedman que Las ideas que hoy parecen políticamente imposibles, pueden convertirse algún  día, en políticamente inevitables (..) y cuando esta se produce las medidas que se toman dependen de las ideas que existen.

El mayor cambio social que se ha producido en las última décadas ha sido la incorporación irreversible de las mujeres al mercado de trabajo, con una legislación y unos comportamientos sociales que apenas han cambiado; lo que ha supuesto, para las mujeres, la realización de una doble jornada, y con unas fórmulas de conciliación pensadas para ser consumidas por éstas, que han contribuido a la desigualdad estructural por razón de género en el mercado de trabajo, sin haber incorporado reflexiones en torno a la influencia de las  transformaciones económicas y demográficas que estamos viviendo sobre la estructura del ciclo de la vida laboral.

Hablar del tiempo de trabajo supone también hablar de los usos sociales del tiempo, en especial del tiempo del cuidado de la vida; debate ausente en nuestra sociedad. Que yo recuerde desde la denominada “Ley del tiempo” surgida en Italia en  los inicios de los años 90, bajo el eslogan las mujeres cambian los tiempos, con la reivindicación del tiempo de vida como propuesta para repensar el bienestar, pocos debates en profundidad se han producido desde esta óptica. Los que se han dado sobre  la experiencia finlandesa o el de las 35 horas en Francia, han obedecido más al tiempo de trabajo remunerado, basado en criterios de racionalidad económica, que al concepto del tiempo de trabajo desde una vertiente social.

Los cambios que se han producido en el modelo de empresa, y las nuevas formas de empleo y de trabajo originadas a través de la digitalización ya están originando cambios relevantes a través de una mayor flexibilización del tiempo de trabajo, y aunque no afecta a todos los sectores  por igual, es cada vez más transversal. No hay duda de que las nuevas tecnologías, van a tener repercusión en el trabajo y en el empleo, y mayor complejidad en la gestión de los tiempos, falta solo saber, cómo, cuándo y cuánto, pero el debate sobre el tiempo de trabajo ya está aquí.

La dificultad de saber cómo se calcula eficazmente el tiempo de trabajo y que se considera tiempo de trabajo efectivo, o que pasa con el tiempo de localización en algunos trabajos, o cómo conjugar estas nuevas realidades,  con el derecho a la conciliación de la vida laboral, personal y familiar; dificultad que aumenta cuando se rompe el clásico binomio tiempo y lugar de trabajo. Por tanto junto con la reivindicación de la reducción de la jornada laboral tiene que estar en nuestro imaginario pero también, y de forma especial en el político; hemos de ver, como vamos a disputar la mayor productividad que se va a dar en las empresas, la repercusión de los cambios que se están dando en  relación con el tiempo de trabajo y que controles planteamos al respecto. En el debate sobre el tiempo de trabajo tampoco se puede obviar la transformación de las profesiones que van a seguir dándose, y donde la formación va a ser un reto. El tiempo para la formación, debe de formar parte del tiempo de trabajo, porque es parte del ciclo de la vida laboral. La negociación colectiva ha de jugar un papel decisivo porque la regulación del tiempo de trabajo no se puede convertir en una decisión exclusiva del poder empresarial en la organización productiva. En este contexto hemos de analizar si las jornadas anualizadas que se establecen de forma generalizada en los convenios colectivos, son las más útiles para dar respuesta a las  nuevas realidades laborales y poder atender a las necesidades sociales y a los demás tiempos.

Nos toca pensar, compartir reflexiones, desarrollar ideas y ofrecer alternativas para generar opinión y orientar la acción sindical, para dar respuestas adecuadas en cada situación ante las realidades presentes y las nuevas transformaciones que se avecinan en el proceso de desarrollo económico.

Como dice Teresa Torns, probablemente  solo habrá que recordar como el tiempo de trabajo de la etapa dorada del empleo industrial fue solo un periodo de la Historia. Y si somos capaces de recordar a nuestros abuelos, podremos incluso contar como ese tiempo de trabajo sirvió de aglutinador de una de las primeras luchas por alcanzar el bienestar para la mayoría de la ciudadanía.

Enero de 2019