El silencio roto de la España vaciada

 

Pepe Gálvez
Sindicalista, crítico, guionista

La España vaciada es un pueblo que ha perdido la mayoría de sus habitantes, cuando no todos.

 

Es un pueblo con calles en las que es más fácil, y mucho más rápido, contar las casas ocupadas que las vacías. Ausencias que la gran mayoría de las cuales se relacionan con nombres propios o apodos de personas y/o familias que, en un momento u otro, se fueron a ganarse la vida a las ciudades.

Es un pueblo en el que abundan mucho más los entierros que los nacimientos y los funerales son el acto social más frecuente y frecuentado, aunque a veces pueden pasar horas, días y a veces hasta meses sin que la muerte de uno de sus habitantes sea conocido por los demás.

Es un pueblo del que se va mucha gente joven fuera, a estudiar o a trabajar; y regresa muy poca a vivir en él, y aún menos mujeres.

Es un pueblo en el que escasean las risas infantiles salvo en los veranos, cuando las casas de los abuelos se convierten en pequeñas colonias familiares.

Es un pueblo en el que a partir de otoño y hasta la llegada del calor puedes pasear por sus calles acompañado por el silencio y sin cruzarte con nadie la mayoría de las veces.

Es un pueblo cada vez más aislado en la sociedad hipercomunicada. Los medios de comunicación públicos, autobuses y trenes, no llegan o lo hacen con velocidades del siglo pasado, mientras que la cobertura telefónica suele ser precaria e insuficiente y la conexión digital apenas asoma la cabeza.

La España vaciada es ese pueblo y muchos otros que forman grandes zonas rurales despobladas, en las que los balances demográficos van progresivamente empeorando hacia un mañana, cada vez más cercano, de desertización. No es de extrañar pues que en la España vaciada se extienda cada vez más el sentimiento de ausencia de futuro. Un sentimiento que toma derroteros fatalistas cuando el peso aplastante de la realidad se impregna del conformismo conservador aprendido del dominio caciquil. Aunque frente a esta posición derrotista se han alzado movimientos sociales como Teruel existe o Soria ¡ya!, que con sus movilizaciones han planteado al conjunto de las instituciones y de la sociedad española su responsabilidad en el problema del despoblamiento. Porque no se trata de problemáticas localizadas sino de situaciones que afectan a partes importantes de nuestro territorio y por tanto al equilibrio territorial.

Estamos hablando de un estado de decadencia de una parte de nuestra sociedad que debe ser contemplado y analizado desde diferentes perspectivas además de la demográfica: como la socio-económica, la cultural, y la medioambiental. Y es que es un tema relacionado con la función y peso de la agricultura y la ganadería dentro de la economía y de la sociedad, así cómo de la visión estratégica del territorio: Se trata de los bienes y servicios que aportan los diferentes componentes del territorio al equilibrio del conjunto de la sociedad y de la consiguiente distribución de recursos, inversiones.

Además hay que tener en cuenta dos elementos fundamentales en el actual desarrollo de nuestras sociedades: la crisis medioambiental y la revolución digital. La revolución digital está trastocando el concepto de la producción industrial, así como la de la misma organización empresarial, de la actividad productiva presencial en la empresa. Está cambiando la relación de la producción con el espacio, la posibilidad de descentralizar gran parte de los procesos de creación o de producción industrial, abre un espacio a otro tipo de descentralización: la poblacional. Por su parte la crisis medioambiental cuestiona las grandes aglomeraciones urbanas por sus altos costes contaminantes. Así mismo dicha crisis plantea el uso de la agricultura y ganadería para revertir los efectos de la emergencia climática.

Finalmente, a la hora de plantearse la respuesta al despoblamiento, hay que partir de que no se trata tampoco de un fenómeno inevitable consecuencia del desarrollo natural de la economía. El concepto natural tiene muy poco que ver con la economía como gestión de los recursos en orden a obtener un objetivo. La definición de objetivos, la priorización de recursos así como de su utilización no se realizan de manera espontánea y siguiendo leyes de la naturaleza, sino a través del entramado institucional en el que se construyen equilibrios y desequilibrios que reflejan, e interactúan, con equilibrios y desequilibrios de intereses. El vaciamiento poblacional de amplias zonas de nuestro territorio fue la consecuencia de un modelo de crecimiento económico que no fue inevitable e indudablemente no tuvo nada de democrático. Se desarrolló bajo una dictadura que primó intereses privados, no tuvo en cuenta posibles alternativas y no valoró los costes sociales y territoriales a medio y largo plazo. Fue fruto de una serie de correlaciones de fuerzas e intereses que nunca han tenido nada de espontánea naturalidad.
Por el contrario el combate contra la despoblación en un contexto democrático ha de ser fruto de consensos, mayoritarios en la sociedad, que den respuestas conjuntas a la necesidad de reequilibrio territorial. Consensos en los que deben participar los movimientos sociales mencionados, a los que se les debe reconocer institucionalmente capacidad de propuesta y de seguimiento de las medidas a adoptar.

Marzo 2020