El futuro de las bibliotecas pasa por dar respuesta a las necesidades de los usuarios

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Isàvena Oppiso

Bibliotecaria

 

 

 

Este año el mundo bibliotecario celebra que hace cien  se dio un cambio de paradigma. En 1915 la Mancomunidad de Cataluña, fruto de la reflexión sobre cómo debía ser el sistema bibliotecario catalán, creó una red de bibliotecas con secciones diferenciadas para adultos y niños, y que apostaba por el préstamo de obras.

Este centenario coincide con un momento en el cual el sector también se está planteando cuál debe ser su función y los servicios que tiene que ofrecer. La aparición de internet y sus motores de búsqueda, y de webs de descarga de libros electrónicos hace que sea necesario replantear el servicio de la biblioteca como lugar de búsqueda de información y la necesaria incorporación de nuevos formatos en el préstamo de obras.

La reflexión conceptual se está llevando a cabo al mismo tiempo que el sistema bibliotecario recibe las consecuencias de la política de recortes: el presupuesto destinado para las diferentes administraciones públicas ha sido drásticamente reducido, lo que ha afectado principalmente a la adquisición de documentos. La idoneidad del fondo de las bibliotecas no es una cuestión sólo de la cantidad de obras que disponen sino que también pasa por una cuestión cualitativa: las bibliotecas deben estar dotadas del material apropiado para responder a las necesidades de la diversidad de usuarios y eso pasa por la revisión del fondo e, indiscutiblemente, por la adquisición de documentos que respondan a los objetivos de la biblioteca. Si una de las finalidades es que el personal de las bibliotecas haga la función de prescriptores literarios y culturales que faciliten el contacto entre contenidos y personas, y con el territorio en el que se ha decidido vivir, las bibliotecas deben estar dotadas de un fondo adecuado y renovado de manera sistemática, y para que puedan adquirir documentos deben tener presupuesto para hacerlo.

No sólo el fondo sino también los servicios deben adaptarse a las necesidades reales de los usuarios, por eso, ahora más que nunca hay que focalizar los objetivos para hacer frente a la situación de emergencia social, y deben actuar como espacios culturales, educativos, de promoción de la lectura y de cohesión social, teniendo así finalidades mucho más amplias que el de ser centros donde se facilite el acceso a documentos. Son numerosas las bibliotecas que están efectuando buenas prácticas en este aspecto, analizando y ofreciendo alternativas a realidades sociales de su territorio, pero se necesitan políticas globales para que la función social se lleve a cabo de manera sistemática, organizada y a lo largo de todo el territorio.

Las secciones infantiles de numerosas bibliotecas públicas están llevando hacia políticas para paliar las deficiencias de las bibliotecas escolares, las más olvidadas del sistema bibliotecario catalán. Las bibliotecas escolares deben cumplir una función básica del desarrollo y adquisición del conocimiento de los niños así como de fomento de la lectura, con la característica de que están situadas, física y organizativamente, dentro de las escuelas. Las campañas de promoción de la lectura en la infancia serían mucho más eficientes si las escuelas estuvieran dotadas de bibliotecas con buenos equipamientos, fondo documental y personal competente.

Durante los últimos años se ha priorizado, también presupuestariamente, la construcción y adecuación de edificios, unas obras a menudo necesarias pero que su utilidad puede llegar a ser dudosa si no los edificamos con una reflexión sobre cuál debe ser su función.

A menudo la noticia de que las administraciones competentes nos hacen llegar sobre las bibliotecas es que son el servicio cultural mejor valorado en la sociedad, y que un 48% de la población tiene el carné. Para lograr que las bibliotecas generen un valor social añadido, deben situarse dentro de la agenda política local y gubernamental, valorar indicadores no cuantitativos, ejecutar políticas, estrategias y objetivos para hacer frente a la demanda de los usuarios en su pluralidad, y dotarlas de recursos económicos suficientes para poder ejecutar su función, ya que si no nos arriesgamos a tener mucha población con un carné de un servicio que no responde a sus necesidades.

Lunes, 5 de Octubre de 2015