EL CORPORATIVISMO EN EL MUNDO DEL TRABAJO

 

Esther Avila

Secretaria General FSC Extremadura

 

 

Para una sociedad que se sustenta cada vez más sobre la continua competitividad en cualquier ámbito de la vida, sería una quimera pretender que ésta madurara obviando el corporativismo. Nuestra cultura del reconocimiento, de necesidades impuestas no esenciales y del irracional más y más sin saber muy bien para qué, nos aboca a la búsqueda de soportes que nos faciliten la consecución de nuestros logros.

En cualquier nivel a lo largo de nuestra vida tenemos la posibilidad de vernos reflejados en estos ejemplos, aunque no necesariamente por imposición social, normalizando de manera superlativa aquello del “primus inter pares” hasta el punto de incentivar al individuo desde la más tierna infancia por el simple hecho de conseguirlo, en lugar del sano fomento de la participación y del disfrute de su desarrollo y la indicación del resto de posibilidades que aporta la vivencia del proceso.

Una vez que esta necesidad de reconocimiento, valoración pública, necesidades materiales o inmateriales se encuentra tan interiorizada como para convertirse en parte indisoluble de la persona, es evidente que influirá decisivamente en las decisiones necesarias que lleven a este fin y las acciones que desarrolle a lo largo de su vida en este sentido. Así las cosas, es incuestionable que cualquier persona que tenga definido este objetivo buscará la obtención del mismo apoyándose en otros actores siempre y cuanto esto garantice o facilite su consecución.

Por otro lado, cada día comprobamos que un grupo de personas organizadas y bien orientadas puede lograr un gran número de aciertos en beneficio propio o de terceros. Sin embargo, reconociendo en esto el corporativismo, el sesgo de la defensa de intereses (del grupo o sector profesional) que le son propios y que a priori no debería tener otra connotación más allá de la de ser otra reivindicación, se aleja, por propia definición, de una causa favorable a terceros al no considerar las implicaciones o perjuicios que pudieran causarles.

Y en este punto comienza a señalarse la prosperidad de la confrontación que deriva del auge de estos corporativismos, que traídos al ámbito sindical aumentan exponencialmente al albur no sólo de las condiciones laborales que se reivindican, sino también de otros intereses en lo que se trata de sindicatos corporativos.

Este corporativismo, aún en el ámbito interno de un sindicato de clase, todavía puede contribuir a la consecución de los principios básicos del movimiento sindical, siempre que no se abandone la lucha por los intereses de la clase obrera (toda), la unidad sindical, y además mantenga su independencia política y la indispensable democracia interna en su estructura y funcionamiento. La trampa del individualismo y la competencia han debilitado en demasía estos principios básicos del movimiento sindical, que deben continuar siendo la rosa de los vientos en nuestra carta de navegación, permitiéndonos mantener la identidad de clase de la que nos nutrimos.

Sin embargo, no es tarea sencilla aunar el interés conjunto de muchos colectivos inmersos en la rutina del primero lo mío, conocedores de su capacidad como lobby de presión en ámbitos determinados e inmiscuidos por la inercia social en el mundo más individualista que hasta hoy se ha conocido. Convendría por tanto buscar el modo de cerrar la espita que se abre con esta actitud de defensa a ultranza de la solidaridad interna de los intereses de los miembros de algunos colectivos, que podría cercenar las posibilidades con respecto a otros con los que se compartiera ámbito o contexto reivindicativo. Hoy se siguen señalando determinadas diferencias entre personas trabajadoras donde no debería haberlas y debemos evitar en todo lo posible, trasladar al interno del mundo sindical la confrontación, la crispación y los extremos que se han instalado en la sociedad, que más allá de interceder por un bien común de y para la ciudadanía, lo hacen justo para lo contrario.

Somos fiel reflejo de la sociedad en la que vivimos y nos queda por realizar un intenso trabajo pedagógico, dentro y fuera de la organización, que nos revierta a la importancia del significado de la solidaridad dentro de nuestra pluralidad (intrínsecas ambas al sindicalismo de clase que a ratos hemos perdido de vista embaucados por el sistema) y de los principios sobre los que se sostienen las CCOO.

Mayo de 2021