Desigualdades y democracia en un mundo globalizado

 

Maria Comín

Historiadora, ha trabajado en cooperación internacional y en el ámbito social

 

 

El día 9 de diciembre partieron cientos hondureñas y hondureños hacia Estados Unidos, de nuevo este 15 de enero entre 3.000 y 5.000 hondureñas y hondureños han puesto rumbo a los Estados Unidos, dos nuevas Caravanas con la esperanza puesta en que G Biden abra una nueva era para los migrantes que llegan al gigante del Norte. Huyen de los dos recientes huracanes, Eta e Iota, que han azotazo Centroamérica, especialmente Honduras, del Còvid-19, del hambre y de la violencia estructural que ejercen las “maras” en connivencia con un narcoestado corrupto y criminal. Por el momento les esperan las policías y ejércitos de Guatemala y México que han blindado sus fronteras.

A las Islas Canarias llegan casi a diario pateras con cientos de personas que huyen también del hambre, de conflictos y guerras enquistadas. Las imágenes del puerto de Arguineguín en Gran Canaria ya ni nos interpelan, con relatos de quienes llegan de cómo los que mueren durante la travesía son “tirados” al mar, en muchos casos menores de edad. El Sáhara y el Mar Mediterráneo se han convertido en cementerios.

Palestina sufre desde el año 1948, más de setenta años, el éxodo y refugio más antiguo del mundo actual.

Estos son solo tres exponentes de un mundo cada vez más desigual e injusto. El año 2020 se calcula que la cifra total de personas pobres a nivel mundial ha oscilado entre los 703 y los 720 millones, y sólo por efectos del Còvid-19 el número ha aumentado entre 88 y 115 millones. [1]

El 1% más rico del mundo, mayoritariamente hombres, posee más del doble de riqueza que 6.900 millones de personas del mundo. Estos ricos tan ricos, 2.153 millonarios, poseen más riqueza que 4.600 millones de personas, el 60% de la población mundial. Mientras, aproximadamente 735 millones de personas siguen viviendo en la pobreza extrema. Casi la mitad de la humanidad vive con menos de 5,5 dólares al día. Cada día pierden la vida 10.000 personas por no poder costearse la atención médica. Se calcula que 258 millones de niñas y niños están sin escolarizar, es decir, 1 de cada 5 niña o niño del mundo. Esta pobreza tiene rostro de niña y de mujer, la desigualdad es sexista, una desigualdad que va en aumento. Por cada 100 niños sin escolarizar hay 121 niñas sin escolarización. Las mujeres constituyen la mayor parte de los hogares más pobres del mundo, ocupan más empleos precarios y mal remunerados, con una mano de obra barata e incluso gratuita y sus horas al trabajo de cuidados con demasiada frecuencia no son remuneradas. [2]

El año 2019 se calculó en 271,6 millones las personas migrantes, de los cuales 130,2 millones son mujeres. Este miso año 2019 el desplazamiento forzado alcanzó a los 79, 5 millones de personas, de los cuales 29,5 fueron refugiados y otras personas que se vieron obligadas a desplazarse fuera de su país; 45,7 millones fueron desplazados internos; y había 4,2 millones de solicitantes de asilo. [3]

Personas que huyen del hambre, de la miseria, de los desastres climáticos y de la destrucción ambiental de su entorno, de la violencia estructural, de la persecución por razones políticas, religiosas, de violencia sexual. No dejan su hogar, su país, y se alejan de los suyos por placer. “Consecuencia de un sistema capitalista donde la brecha entre los que se apropian de las riquezas y del trabajo ajeno y los desposeídos de todo es cada vez más grande, los primeros son obscenamente ricos, y los segundos son cada vez más pobres, son seres desechables.” [4]

La democracia avanzará si logramos erradicar o al menos trabajar para que estas diferencias tan abismales vayan siendo reducidas. ¿Pero cómo lograrlo? Hace tiempo que cambiamos la mejora de las condiciones de vida de las personas por el consumismo; convertimos a la educación en un ascensor social cuando es un derecho inalienable de la persona; fragmentamos las luchas sociales y políticas en nombre de la trampa de la diversidad; y abandonamos la consciencia social por el confort y el bienestar más allá de lo necesario de una vida digna y justa. Mientras la riqueza y la toma de decisiones a nivel mundial iba quedando en manos de unos pocos, la pobreza se globalizaba, la riqueza y el poder se concentraban.

¿Cómo lograr revertir esta situación? Gramsci nos hablaba del valor de cultura como “organización, disciplina del yo interior, apoderamiento de la personalidad propia, conquista de superior conciencia por la cual se llega a comprender el valor histórico que uno tiene, su función en la vida, sus derechos, sus deberes”[5], y es a través de una educación y de una formación críticas que podemos llegar a esta cultura liberadora como fenómeno colectivo y hacer frente a la hegemonía cultural de las clases dominantes.

[1] ONU, ADES, 2019, Portal de Datos Mundiales sobre la migración.

[2] OXFAM Internacional, enero 2020, Informe.

[3] ACNUR, Informe anual 2019.

[4] Maria Comín, “Discurs de Maria Comín”, en Premi Internacional Alfonso Comín. A les persones centreamericanes migrants i en cerca de refugi, (Fundació Alfonso Comín, 2018).

[5]Antonio Gramsci, Antología (México, siglo XXI de España editores, s.a., 1986, Biblioteca de pensamiento socialista)

Enero de 2021