Desigualdad, democracia y sindicalismo

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Pepe Gálvez

Portavoz de la FSC de CCOO de Cataluña

 

 

 

II Congreso de Trabajo, Economía y Sociedad: Crisis y desigualdad, alternativas sindicales

La realización del primer Congreso bajo la advocación a la triada Trabajo, Economía y sociedad ya fue una muestra clara de la capacidad de reacción del sindicalismo de clase y autónomo, incluso en horas en las que los enemigos y los falsos amigos lo intentaban enterrar bajo paletadas de desprestigio.  Debatir y concluir sobre la economía desde el punto de vista de la sociedad y del trabajo era un desafío necesario al dogmatismo neoliberal que dominaba el pensamiento económico y sobre todo su divulgación. Pero también implicaba una evolución sindical, un salto delante en la voluntad de disputar, de democratizar, el territorio de la macroeconomía, un espacio cada vez más internacional, globalizado, pero que condiciona y en gran parte determina el marco nacional y la microeconomía empresarial. Se trataba, y se trata, de debatir, pero no sólo para denunciar sino sobre todo para demostrar que hay alternativas económicas diferentes, y enfrentadas, a las que  nos hundieron en la crisis y han seguido gobernando los años siguientes de estancamiento y falsa salida.

En el segundo Congreso, realizado los pasados días 21, 22, 23 de Octubre en Madrid el tema central ha sido la estrecha relación que existe entre Desigualdad y Crisis. Una relación que las cifras documentan continuamente desde el estallido de la crisis: incremento de la exclusión social, brecha salarial entre géneros, brecha salarial del asalariado medio con los ejecutivos y directivos, brecha salarial entre los diversos estados de Europa, incremento de riqueza de élites cada vez más reducidas, empobrecimiento de sectores cada vez más grandes de la población, arraigo de la pobreza infantil… Como afirmaba Ignacio F. Toxo en cada país del norte ha surgido un sur. Y habría que añadir que en el conjunto de Europa cada vez aparece como mayor la distancia social y económica entre su Norte y su Sur.

Una de las conclusiones más repetidas a lo largo del congreso, es lo mal que se compadecen la desigualdad económica y social y la democracia. Y no sólo en el gobierno de la crisis, lo sucedido en los finales del siglo XX e inicios del XXI es un relato de como la misma acumulación excesiva de poder económico se plasmó en actitudes y mecanismos no sólo de control opaco del poder político, sino de alejamiento de la ciudadanía de él, es decir de perversión de la democracia. En orden natural dentro de su dinámica de poder el paso siguiente fue la desregulación. Se eliminaron controles tanto sobre la creación de dinero por la banca e instituciones financieras privadas, como sobre las operaciones financieras, y finalmente sobre la acumulación de dinero. De forma que tal como se afirmó en el Congreso se ha ido configurando en la actualidad una situación similar a la que se daba con el dominio latifundista de la tierra: concentración no sólo del dinero sino de la potestad de crearlo en unos pocos. Ello ha deteriorado aún más la capacidad de intervención, de gobierno, de unas instituciones políticas, que ya eran demasiado vulnerables a la presión de los lobbies.

La desregularización, ha sido una estrategia aplicada también al conjunto de las relaciones sociales, y evidentemente de las laborales. Una estrategia con objetivos económicos: obtener beneficios con la privatización y mercantilización de servicios arraigados en la sociedad como exponentes de un cierto grado de bienestar. Pero también con objetivos sociales con fondo político: debilitar el entramado de derechos de ciudadanía que actuaban como un muro contra la desigualdad y aseguraban un alto margen de autonomía tanto individual como colectiva. En este sentido es paradigmática la ofensiva realizada contra el poder del sindicalismo, ya que este es un vector igualitario, en tanto que actúa continuamente para reducir a corto plazo, y neutralizar como objetivo final, la desigualdad natural dentro del sistema entre capital y trabajo. La figura de la negociación colectiva es la expresión de ese constante forcejeo con la desigualdad, ya que obliga al empresario a reconocer a los trabajadores, a través de su representación, como contraparte con la que ha de acordar la disputa del beneficio en un proceso de presiones y propuestas mutuas. El dialogo social, era la expresión de la negociación colectiva a nivel de Estado, pues reconocía la autoridad y capacidad de negociar políticas y leyes que afectaban a la distribución de la riqueza, a los derechos sociales y a garantizar una serie de derechos laborales que equilibrasen la desigualdad inicial entre empresariado y trabajadores.

En la gestión de la crisis la desregulación se ha convertido en un arma de destrucción masiva de derechos con el fin no sólo de eliminar trabas a la desigualdad, sino de reforzarla y convertirla en un hecho irreversible y determinante. Se ha tratado de reducir al máximo la capacidad de intervención del sindicalismo confederal el único que puede hacerles frente. Se ha actuado en el ámbito de la legislación con contrarreformas de índole regresivo que han destruido defensas y garantías frente a la actuación arbitraria y el abuso de poder empresarial. Y en la misma línea se ha potenciado la precarización de las condiciones laborales de sectores cada vez más importantes de la fuerza del trabajo, no por racionalidad económica, sino por opciones ideológicas, por consolidar relaciones de dominio dentro del mundo laboral y por ende en el conjunto de la sociedad. Y es que esa precariedad diluye la autoestima de la persona respecto de su trabajo, y a mismo tiempo la aleja de la perspectiva de cambiar tanto su situación concreta como la general, la hace sentirse lejana del mundo del trabajo.  Además cuando la desigualdad se instala de forma radical una de las primeras afectadas es la solidaridad, porque el miedo que acompaña a la precariedad y a la falta de protección social actúa como disolvente de la capacidad de respuesta obrera.

Por todo ello era natural que este Congreso fuese la plataforma para presentar las alternativas de Comisiones Obreras ante el ciclo político que se abre con las próximas elecciones legislativas estatales: Ley orgánica de derechos de las personas que trabajan. Protección social. Banca pública, Reforma fiscal… Propuestas que tienen como objetivo mejorar las condiciones concretas de vida de las personas que trabajan, pero también iniciar un proceso de reversión de la desigualdad y de fortalecimiento de la democracia.

Barcelona, 28 de Abril de 2016