Del perro flaco no se pegan más que pulgas

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Laura Campos

Alcaldesa de Montcada i Reixac

 

 

 

Retrasos, afectaciones, cortes, incidencias, averías… desgraciadamente estas palabras han pasado a formar parte del vocabulario diario de los usuarios del transporte público, concretamente del servicio de Cercanías y Regionales de todo el territorio.

Catalunya cuenta con 457 km de vías y 109 estaciones que necesitan de inversiones y mantenimiento periódico que no se está haciendo. De hecho, ¡la red ferroviaria actual es prácticamente la misma que había hace 20 años!!  Los 4.000 millones de euros del ambicioso Plan de Cercanías 2008-2015 debía dar respuesta a muchos de los problemas endémicos de la red e iba a servir para modernizar las infraestructuras, construir nuevas estaciones e intercambiadores, descongestionar algunos cuellos de botella, dar cobertura a 80.000 habitantes más, aumentar la capacidad comercial, reducir el tiempo de los viajeros… Pero la realidad ha sido que el Plan de Cercanías quedó en un cajón y el grado de cumplimiento de estas inversiones a día de hoy es de tan sólo un vergonzoso 16,20%. Insuficiente e inaceptable.

Este listado de incumplimientos sistemáticos de las actuaciones previstas, sumado a la falta de mantenimiento, ha agravado aún más, el ya delicado estado de salud de nuestra red pública ferroviaria. Debilitada y envejecida, cualquier pequeña incidencia supone el colapso total del servicio. Y es que como bien dice el refranero catalán “del perro flaco no se pegan más que pulgas” y estos últimos meses nos han “pegado” en concreto, 126 “pulgas” más: los 126 Puntos de Limitación Temporal de Velocidad (LTV) que de forma continuada provocan las principales incidencias.

A estas alturas de la película a nadie se le escapa que la grave y caótica realidad que sufrimos a diario en Catalunya no es fruto del azar ni es gratuita, sino que más bien es la consecuencia directa de una clara voluntad e intencionalidad política y por lo tanto también una cuestión de prioridades. Los últimos planes de infraestructuras del Ministerio han sido sólo catálogos de grandes obras faraónicas que en muchos casos respondían más a intereses especulativos que no a dar respuesta a las necesidades de la ciudadanía. A pesar de que la mayoría de la población se desplaza en tren para ir a trabajar, las políticas de inversiones han priorizado el AVE y los aeropuertos en los que no aterrizan aviones, en detrimento del transporte que utilizamos el 95% de la población. Los datos hablan por sí solas: 48 millones de pasajeros anuales utilizan las redes de Cercanías frente a los 2,42 millones que utilizan la larga distancia.

Miles de trabajadores y trabajadoras del país sufren estos agravios diarios en lo que considero es una agresión a los derechos más básicos de la clase obrera y los sectores populares contraviniendo además el principio, el objetivo y la función primordial de un servicio básico como el transporte público: permitir la libre circulación de personas.

Y es que los trabajadores son los principales afectados de este despropósito que a menudo se traduce en la pérdida de pluses de puntualidad, al tener que alargar las jornadas laborales dificultando así la conciliación familiar (te vas antes de casa y vuelves más tarde de lo que tocaría), la angustia por el miedo a perder el puesto de trabajo agravada por la vulnerabilidad laboral en la que se encuentra buena parte de la ciudadanía con contratos precarios y temporales… son sólo algunos ejemplos de las consecuencias directas al conjunto de trabajadores y trabajadoras de los incumplimientos de las inversiones.

Además, la falta de fiabilidad y desconfianza en el servicio, está provocando un significativo aumento del vehículo privado. Es necesario pues para reducir la contaminación en el Área Metropolitana y combatir el cambio climático mejorar el número de usuarios del transporte público y por lo tanto la calidad del servicio de Cercanías.

Asimismo el desarrollo industrial de Catalunya exige un servicio ferroviario para el transporte de mercancías eficiente con el Corredor del Mediterráneo como proyecto emblemático.

Por tanto, la movilidad sostenible es un derecho de la ciudadanía, una cuestión de salud pública y calidad ambiental y un objetivo estratégico para el desarrollo económico del país.

Por suerte, cada vez son más las voces que se suman al clamor y la necesidad más que urgente de dar una respuesta a esta situación durante tanto tiempo enquistada. Voces que denuncian un servicio ferroviario obsoleto que frena las posibilidades de progreso económico y social de este país.

Catalunya y su ciudadanía no puede esperar más. Ha llegado la hora de poner la movilidad al servicio de la mayoría y no sólo de unos cuantos privilegiados, de abandonar las infraestructuras faraónicas y fomentar e invertir en un transporte público de primer orden, digno y de calidad al servicio de la clase trabajadora que al fin y al cabo son los que crean la riqueza de este país. ¡Primero Cercanías!

Barcelona, 6 de Octubre de 2016