En defensa de lo público, lo de todas y todos

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Francis Cabezos

Secretario de Salud Laboral, Medio Ambiente y Área Pública de FSC-CCOO

 

 

 

“Todo aquel que con 30 años todavía viaje en transporte público se puede considerar un fracasado”. Siempre me enternezco —dejémoslo ahí— con esta frase de Margaret Thatcher, a la que, en mi modesta opinión, no recordaremos como una firme defensora de todo aquello que implicaba lo común, lo colectivo, lo de todas y todos, lo público.

El Estado de bienestar no es un regalo de las élites. Es una conquista de la gente trabajadora. Ese Estado de bienestar, con mayor o menor grado de desarrollo en la vieja Europa y en la vieja España, se asienta en diversos pilares. Uno de ellos lo conforman los servicios públicos que deben ser atendidos y prestados por las distintas Administraciones Públicas, valga la redundancia, que no es baladí cuando hablamos de lo de todas y todos.

¿Qué es un servicio público? Un derecho de la ciudadanía. Un objetivo individual y social en sí mismo. Una idea de cohesión entre y para todas y todos. Es por ello que las distintas Administraciones que rigen el devenir de la sociedad han de garantizar que todos tengamos acceso a ese derecho en igualdad de condiciones y para que tengamos igualdad de oportunidades.

¿Como han de ser las Administraciones Públicas? Esa es la pregunta del millón sobre la cual trabajamos y debemos seguir trabajando día a día para lograr una respuesta con el mayor consenso posible, que pueda recoger las siguientes ideas:

  • Próximas a la ciudadanía, que agrupen a la mayoría social para seguir tirando del carro en el proyecto de construir una sociedad en la que lo importante sean las personas y sus intereses.
  • Eficaces y eficientes, pues ello las convierte en el mayor enemigo de la corrupción y batalladoras en contra de políticas ultraliberales que persiguen su fin.
  • Dinámicas, para, si no liderar, jugar un papel protagonista en creación de actividad económica y generación de empleo que permita una mejor y más rápida salida de la crisis.
  • Equitativas e igualitarias, para garantizar un principio básico: la igualdad de oportunidades y la redistribución de la riqueza.
  • Modernas, para dar respuesta a las necesidades de las personas de manera rápida y solvente.
  • Inclusivas, para construir una convivencia digna y que las personas puedan realizar sus proyectos vitales.
  • Democráticas y participadas, para impedir la toma de decisiones arbitrarias que persigan el distanciamiento del bien común.
  • Compensadas en el gasto y en el ingreso, que no es lo mismo que económicamente rentables. Esto por supuesto siempre estará sometido a ataques más o menos virulentos que dirán que el empleo público y, por lo tanto, los servicios públicos, son más caros que los privados. Eso sí, me temo que las bases sobre las que sustentar tamaña pedrada adolecerán de firmeza, realidad y credibilidad. Pero ya se ha conseguido un objetivo: generar la duda y activar la parte más insolidaria de nuestro ser con el fin de que parte de la población mantenga la sospecha sobre lo idóneo de lo público.
  • Y por último, bien dimensionadas, en estructuras, personal y medios materiales, acorde a lo que queramos —y exijamos— de ellas.

Algo que siempre me ha resultado chocante cuando me da por echar una mirada a nuestros representantes de la clase política, es ver cómo muchas y muchos de ellos, que llevan viviendo de lo público toda la vida —incluso alguno es empleado público en excedencia—, son los más dados a cuestionarlo y combatirlo. Eso sí, ninguno renuncia a su trabajo. ¡Hasta ahí podíamos llegar!

Muchos son los intereses especulativos que se ciernen sobre lo público, Administraciones y servicios. Muchas son las amenazas y muchas las afrentas que sobrevuelan las instituciones democráticas. En un mundo donde rápidamente se globalizan los intereses económico-financieros y donde se formalizan tratados de libre comercio negociados a espaldas de la ciudadanía que persiguen la privatización de servicios públicos y la pérdida de derechos laborales y sociales, ya me gustaría a mí que se globalizaran derechos y libertades con la misma rapidez y solvencia que se mundializa la especulación económica.

Por todo esto, debemos defender con uñas y dientes lo que pagamos, y que por lo tanto es nuestro. Pelear por mejorarlo día a día. Hacer ostentación de nuestro compromiso con aquello que existe para cohesionar al conjunto de personas que integran una sociedad. Comprometernos de este modo con lo público nos convierte en una sociedad más responsable, solidaria, culta, progresista e informada. Nos queda aún mucho camino por recorrer, pero desde CCOO estamos dispuestos a seguir trabajando día a día en defensa de lo público, lo de todas y todos.

Lunes, 20 de junio de 2016