CCOO, ETUI y Fundación Eticas colaboran para abordar el papel de los sindicatos ante los retos tecnológicos

 

Gemma Galdon Clavell, PhD

Eticas Research & Consulting – Barcelona office – www.eticasconsulting.com

 

 

 

Los sindicatos han estado protegiendo los derechos de los trabajadores desde hace siglos. Es gracias a la negociación colectiva y las protestas de los trabajadores que muchos disfrutan hoy el derecho a reclamar aumentos salariales, acceder a servicios de salud y mejorar las condiciones de trabajo, por ejemplo. Pero los sindicatos en los países desarrollados operan hoy en un mundo “fracturado”. La disminución de la afiliación sindical, la creciente heterogeneidad en las relaciones laborales entre los países y el debilitamiento de la negociación colectiva han comprometido la dimensión de las relaciones laborales del Modelo Social Europeo y han conducido a una mayor desigualdad y menor solidaridad.

Además, la posibilidad de que los robots sustituyan a la fuerza de trabajo humana lleva décadas alimentando utopías y distopías relativamente lejanas. Con el avance de la automatización y la inteligencia artificial, y su entrada progresiva en espacios domésticos y de trabajo, esta posibilidad parece cada vez más real, y el run-run de voces tanto de fascinación como de alarma por su impacto en el trabajo se ha intensificado.

Las voces que auguran la desaparición de más del 80% de los trabajos no cualificados y más del 30% de los de cuello blanco en las sociedades avanzadas debido a la automatización deben sin duda tenerse en cuenta. Pero sin olvidar que el trabajo sigue siendo la base de la organización social moderna, y el salario, aunque se cobre vía app y en la más absoluta precariedad de la gig economy, es la única forma de sustento de la mayoría de la población. Así pues, aunque emergen nuevos retos y dinámicas, también se mantienen elementos importantes. Un buen diagnóstico de los elementos de continuidad y cambio, entender qué es nuevo y qué no, es clave para la comprensión de los retos del presente y del futuro. Abordar el impacto de la digitalización, la automatización y la inteligencia artificial en el mundo del trabajo requiere, primero, de un ejercicio de aclaración de conceptos y de realismo en las hojas de ruta posibles, tan a menudo contaminadas de tecno-optimismo.

Ante retos crecientes como la digitalización, la automatización, la inteligencia artificial o la externalización a través de plataformas de trabajo remoto, el propósito y la utilidad de los sindicatos están siendo cuestionados. ¿Pueden los trabajadores organizados ser efectivos en un momento en que el trabajo se transfiere a las máquinas? ¿Qué derechos tienen los trabajadores cuando la eficiencia de los robots supera a los humanos? ¿Los derechos de los trabajadores importarán cuando ya no le quede trabajo a la gente?

Es urgente, pues, evaluar el impacto de los nuevos y viejos procesos tecnológicos en todos los sectores laborales y definir estrategias a largo plazo que permitan identificar y mitigar efectos negativos. Por otra parte, es importante definir dónde deben estar los límites y qué es y qué no es aceptable en las prácticas tecnológicas actuales, generando recomendaciones específicas que ayuden a empleadores y desarrolladores a crear soluciones y especificaciones técnicas en línea con los marcos laborales actuales.

Existen indicios de que los sindicatos se toman esto en serio: algunos han empezado a organizar a los trabajadores informales y autónomos y se han logrado avances sustanciales tanto en la prestación de servicios como en la creación de nuevas iniciativas (IG Metal, por ejemplo, proporciona un lugar virtual llamado faircrowdwork para sus trabajadores freelance; el Sindicato de Radiodifusión, Entretenimiento, Cinematografía y Teatro del Reino Unido representa tanto a los empleados como a los trabajadores autónomos del sector; en los Estados Unidos el sindicato de trabajadores independientes ha firmado recientemente un acuerdo con Uber). No obstante, las formas de organización de estos sectores son aun precarias, y sus estrategias relativamente primitivas e improvisadas (cajas de resistencia, escraches, etc.). También en España han existido esfuerzos exitosos de regular el uso de las tecnologías en el mundo de trabajo, incluyendo la desconexión digital en algunos convenios o consiguiendo el reconocimiento de la relación laboral entre plataformas y falsos autónomos.

En relación con la automatización, aunque no existe aún ninguna investigación empírica que proporcione una imagen general y homogénea de cómo los sindicatos de todo el mundo se están preparando para ella, existen ejemplos de sindicatos que intentan mantenerse al día de estos cambios (la Federación Italiana de Metalúrgicos realizó recientemente un estudio sobre la automatización y su impacto en los sistemas de producción y el papel de los sindicatos, por ejemplo).

A pesar de estas iniciativas, muchas organizaciones sindicales se debaten entre la incomprensión y la inercia, renunciando a contribuir o liderar la conceptualización y respuesta a estos retos. La digitalización, la automatización y la inteligencia artificial obligan a repensar procesos internos (diseñados hasta hoy para una organización territorial y presencial cada vez es menos hegemónica), a ampliar reivindicaciones (para incluir la privacidad, entre otros), a ampliar capacidades técnicas (creando espacios de relación y defensa virtuales, creando tecnologías de defensa de derechos), a desarrollar diagnósticos y agendas tecnológicas propias (que establezcan límites y estándares también en especificaciones técnicas) y a repensar la propuesta de programa social del sindicalismo para incluir la redistribución y el sistema impositivo en un mundo globalizado y robotizado, o la formación y la brecha de género en los trabajos técnicos.

Este proyecto creará herramientas para que estas organizaciones, así como la sociedad, estén mejor preparadas para abordar los retos mencionados.

Gener de 2019